Juan Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda
Víctima de la dictadura militar.
Antecedentes
Juan Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda
Víctima de la dictadura militar.
Resumen del caso
Juan Manuel Contreras Sepúlveda fue un General de Brigada del Ejército y director de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) durante la dictadura chilena. Fue procesado y condenado como autor de múltiples secuestros calificados y desapariciones forzadas, falleciendo en el año 2015 mientras cumplía penas por violaciones a los derechos humanos.
MemoriaViva[1]
Relatos de los Hechos
Fuente: La Nación, 23 Noviembre de 2003
Comando de Aviación del Ejército (CAE)
, estamento responsable de la operación. Al comienzo todos negaron, varias veces. Los pilotos niegan hasta hoy. Pero los mecánicos quebraron el juramento sellado con la sangre de otros. El juez Guzmán y los detectives que lo asisten tomaron esta hebra y la investigaron silenciosos y pacientes durante más de un año, en el marco del proceso por la cúpula comunista desaparecida de
Calle Conferencia
. Interiorizarse de los detalles de los vuelos de la muerte sobrecoge. Ahí está al fin la respuesta, detallada, y esta vez relatada desde adentro, del destino de los prisioneros de la
DINA
en Santiago. Entre 400 y 500 fueron los cuerpos lanzados al mar en estas operaciones realizadas principalmente entre 1974 y 1978, aunque también habrían ocurrido en las últimas semanas de 1973. El informe de las Fuerzas Armadas que surgió de la Mesa de Diálogo sobre Derechos Humanos en enero de 2001 con información del destino de 200 detenidos desaparecidos (49 en tierra y 151 al mar), apenas consignó 29 casos atribuidos a la
DINA
. De ellos, sólo 23 aparecieron como arrojados al mar. En la mesa de diálogo el Ejército del entonces general Ricardo Izurieta afirmó que no contaba con más información. Otorgando el beneficio de la duda, el Ejército esa vez no logró romper el secreto de los juramentados. Pero tampoco lo ha hecho hasta hoy. Las cifras oficiales del Informe Rettig y las entidades continuadoras indican que los desaparecidos de la DINA en la Región Metropolitana entre 1973 y 1978, fueron 590.
La razón del mamo
Al final se confirmó la verdad. La confirmaron los mismos ejecutores, o parte de ellos. Como viene ocurriendo con otros casos espeluznantes, como los ejecutados de La Moneda en Peldehue, los que hablaron fueron los de abajo, no los altos oficiales. Los mecánicos son todos suboficiales hoy retirados. Hay que admitir que el ex jefe de la
DINA
,
Manuel Contreras
, tenía por una vez la razón. “
No hay detenidos desaparecidos de la DINA, están todos muertos
” dijo recientemente a una documentalista del Canal+ de la TV francesa. Lo que Contreras nunca ha reconocido es que la macabra y sistemática operación de lanzar los cuerpos al mar existió. Y que nunca pudo ser planificada sólo por quien fue el jefe del Comando de Aviación del Ejército entre enero de 1974 y diciembre de 1977, coronel
Carlos Mardones Díaz
. Éste, junto a otros cuatro ex pilotos del CAE, fue procesado el viernes 14 de noviembre de 2003 por el juez Guzmán en calidad de cómplice y encubridor en el sumario por la muerte de Marta Ugarte. El de esta dirigente comunista fue el único cuerpo de las víctimas arrojadas al mar que afloró desde las profundidades del Océano y que en septiembre de 1976 varó en la playa La Ballena, cerca de la caleta Los Molles en la V Región. Fue la única falla del sistema de exterminio, la pista que permitirá ahora condenar a los culpables. Ningún otro cuerpo lanzado al mar apareció. El “culpable” de la defectuosa atadura del peso que permitió que el cadáver de Ugarte subiera a la superficie y se convirtiera en una evidencia fundamental, está identificado y confeso de su criminal error. Pero Guzmán también procesó por este caso en calidad de autores de secuestro y homicidio a
Contreras
y a su propio primo, el brigadier (R)
Carlos López Tapia
, quien en 1976 era el jefe de la
Brigada de Inteligencia Metropolitana de la DINA
y a la vez jefe de
Villa Grimaldi
. Éste fue el principal centro clandestino de reclusión y tortura en el país, y desde allí fue sacada la mayor cantidad de los cadáveres que iban al mar. El juez fue respaldado el viernes 21 de noviembre de 2003 por la Quinta Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago, que confirmó los procesamientos. Aunque revocó el del piloto Emilio de la Mahotiere “por encontrarse en Francia” cuando desapareció Marta Ugarte.
Tobalaba-peldehue
La operación “Puerto Montt” (código con el que en los centros clandestinos de la DINA se marcaba en el registro de prisioneros a quienes serían ejecutados y lanzados al mar) tuvo un protocolo de actuación que se repitió. Antes de cada vuelo los mecánicos recibían la orden de sacar los asientos del Puma (18 a 20) y el estanque de combustible adicional. La autonomía de vuelo de este helicóptero sin el segundo estanque es de dos horas y media. Cada viaje era ordenado por el jefe del CAE al jefe de la Compañía Aeromóvil de ese comando de helicópteros. Todos los vuelos quedaban registrados. Las máquinas partían cada vez desde el aeródromo de Tobalaba en la comuna de La Reina, donde durante esos años funcionó el Comando de Aviación del Ejército. La tripulación la conformaban un piloto, un copiloto, y un mecánico. El vuelo se iniciaba con destino a Peldehue, en Colina. Allí, en terrenos militares, descendían y eran esperados normalmente por dos o tres camionetas Chevrolet C-10, casi siempre de color blanco, cuya sección trasera estaba cubierta por un toldo. A cargo de estos vehículos estaban dos o tres agentes de civil. Los civiles descorrían los toldos que ocultaban los cadáveres amontonados y los descargaban para ponerlos dentro del helicóptero. A continuación el Puma volvía a elevarse con los agentes civiles a bordo. Normalmente se orientaba hacia la costa de la Quinta Región, y a la altura de Quintero la máquina tomaba dirección mar adentro. La menor de las veces los vuelos se fueron mar adentro a la altura de San Antonio o Santo Domingo. Alcanzada una distancia adecuada, el piloto daba la orden para iniciar la descarga de los cuerpos. El lanzamiento se efectuaba a través de la escotilla de más o menos un metro cuadrado ubicada en el medio del helicóptero, donde se encuentra el gancho de carga que baja por dentro a la altura del rotor principal. Pero la descarga también se hacía a veces desde una escotilla de popa, de 1,80 metros de alto por casi un metro de ancho. El lanzamiento lo efectuaban los agentes civiles, que eran los responsables no sólo de llevar los cuerpos a Peldehue y ponerlos dentro de la nave, sino de supervisar que los bultos llegaran al fondo del mar. Las identidades de los cuerpos arrojados al océano en esta operación no están establecidas, puesto que los testigos dicen no haberlas conocido nunca, salvo la de Marta Ugarte. Quienes sí las conocen, como el ex jefe de la
DINA Manuel Contreras
, niegan que esta operación existió.
“Brillaban”
Los rieles “recién cortados, por lo que brillaban por los lados cortados” como los vio preparados el comisario de Investigaciones y agente de la
DINA
Nibaldo Jiménez Santibáñez
, entregaban, en principio, la seguridad de que la prueba del crimen se iría con el pedazo de metal al fondo del océano. Dice Jiménez en una de sus declaraciones procesales que cuando preguntó un día para qué eran esos rieles cortados en trozos, recibió por respuesta “esos son pa’ los paquetes”. Cuando preguntó ¿qué paquetes?, sostiene que le respondieron “los que se van cortados todos los días de aquí, un lote grande al mar, los envuelven en un saco bien amarrados con alambre, echan el cuerpo y el riel, y con el peso del riel se van al fondo”. Ya no eran ex prisioneros que hablaban de los rieles, ni sólo el campeón de pesca submarina Raúl Choque, que una vez en la década de los años 80 declaró a la prensa que vio osamentas en el fondo marino frente a Pisagua, pegadas a trozos de rieles. Ahora los fragmentos de vía eran una realidad vista por uno de los propios agentes que lo contaba a un juez. Tampoco había enloquecido el coronel retirado Olagier Benavente Bustos, cuando el 24 de junio de 1999 declaró en una entrevista a La Nación que el “piloto de Pinochet, su regalón,
Antonio Palomo
”, le contó un día de verano un par de años después de 1973 en Pelluhue, donde ambos tenían casa de descanso, que le había correspondido hacer viajes pilotando un Puma para lanzar cuerpos al mar. “Partían desde Tobalaba”, dijo el coronel (R) Benavente que le había dicho Palomo. Era la primera vez que un alto oficial retirado revelaba parte del secreto. Pero esa vez todo quedó allí, sólo en las declaraciones. No existían todos los antecedentes descubiertos ahora. Por supuesto, Palomo desmintió las declaraciones de Benavente cuando el juez Guzmán lo interrogó.
La limpieza
Cumplida cada misión de vuelo, los helicópteros regresaban al lugar en Peldehue donde habían quedado estacionadas las camionetas C-10. Allí descendían los agentes civiles, montaban en las camionetas y se iban. El helicóptero volvía a elevarse y se dirigía a su base del CAE en Tobalaba. Desocupada la máquina de su tripulación, los mecánicos realizaban la operación de limpieza del piso, que la mayoría de las veces quedaba con sangre impregnada y con un penetrante olor a carne descompuesta. Manguereaban el piso y el interior y dejaban ventilarse la máquina. Cuando el olor y la sangre desaparecían, los mecánicos volvían a instalar los asientos y el estanque de combustible adicional, a no ser que ya se supiera que al día siguiente ese mismo helicóptero debía cumplir una tarea similar. Normalmente esta limpieza no era realizada por los mismos mecánicos que habían participado del vuelo. Entre los limpiadores estuvo más de una vez E.A.O., el mismísimo mecánico personal del Puma Nº 256 del comandante en jefe del Ejército, general
Augusto Pinochet
. Aunque éste sostiene en el proceso que “nunca” le tocó realizar alguno de estos vuelos a alta mar. Su jefe fue por muchos años el ahora brigadier (R) Antonio Palomo. La mayor parte de los desaparecidos que salían de
Villa Grimaldi
con la marca “Puerto Montt” partían del aeródromo de Tobalaba. “Cuando conversábamos entre los mecánicos, pude ver que varios de ellos habían realizado este tipo de viajes”, declaró en el proceso otro mecánico que participó en los vuelos y a quien nombraremos “Rotor 1”. Las identidades de los mecánicos que finalmente contaron al juez las tenebrosas historias que permitieron conocer estos hechos, LND las mantiene en reserva. El hijo de uno de ellos fue secuestrado por algunas horas el viernes antepasado, el mismo día en que el juez Guzmán dictó los primeros procesamientos por el caso de Marta Ugarte contra cinco ex pilotos de los Puma, además de Contreras y López Tapia. Dos individuos lo obligaron a subir a un auto, lo amarraron, le pusieron una capucha en la cabeza, lo golpearon, y le dijeron que le dijera a su padre que “cierre el hocico”. Luego lo botaron en una calle de Santiago. Otro de los mecánicos, “Rotor 2”, relató en la investigación que apenas se iniciaron estos vuelos, el comandante del CAE Carlos Mardones reunió a pilotos y mecánicos y les ordenó que “estas son misiones secretas que ustedes no deben comentar con nadie que no participe en ellas. Ni siquiera deben hablarlo con sus familias”.
El tribunal
El comisario (R)
Nibaldo Jiménez, ex agente DINA
con funciones en
Villa Grimaldi
y en el recinto de
José Domingo Cañas
, sostiene que “quienes enviaban a los individuos al mar era una reunión que se hacía con los jefes de grupo de esa época, los capitanes Miguel Krassnoff Martchenko, Maximiliano Ferrer Lima, y otros, porque había varios cuarteles. Se reunían en algo así como un tribunal, donde decidían qué detenido se salvaba y quiénes se iban al mar con el código anotado Puerto Montt. Esos “otros” a quienes se refiere Jiménez eran los de siempre, Marcelo Moren Brito y Pedro Espinoza Bravo, ambos jefes rotativos de varios de los centros clandestinos de la
DINA
. El resultado de cada una de esas reuniones, continúa Jiménez, “era enviado al general
Contreras
, jefe máximo de la
DINA
(...) El general Contreras era quien revisaba las listas y en definitiva era quien decidía la suerte de los detenidos”. Otra de las víctimas de la
DINA
fue el periodista Máximo Gedda Ortiz, hermano de los Gedda que realizan el programa de televisión “Al sur del mundo”. Detenido en julio de 1974, desapareció en el recinto de Londres 38. Jiménez cuenta el estado en que vio su cuerpo antes de que, presumiblemente, engrosara la lista de lanzados al mar.
“Un sujeto de apellido
Gedda
estuvo detenido. Le habían sacado con cuchillo la carne de la pierna y se le veía el hueso. Estaba colgando, lo tenían colgando. Lo habían flagelado
”. Jiménez describe otra figura del horror y la brutalidad contra otro de los desaparecidos de la DINA. Se trata del fotógrafo Teobaldo Tello Garrido, quien había sido funcionario de Investigaciones durante el gobierno de Salvador Allende. Fue detenido en agosto de 1974 y permanece desaparecido. “Fui a verlo a un cuarto abarrotado de detenidos, al abrir su boca vi que estaba ensangrentada. Sus dientes habían sido removidos con un alicate por parte del señor
Marcelo Moren
(...) El coronel
Moren
era bastante bruto”.
Pilotos de la caravana
Entre los cinco ex pilotos de helicópteros Puma que el juez Juan Guzmán procesó por el secuestro y homicidio de Marta Ugarte están quienes fueron los pilotos de la
Caravana de la Muerte
.
Antonio Palomo
fue el piloto durante el tramo sur de este operativo, actuando como su copiloto
Emilio de la Mahotiere González
. Por el tramo norte de la caravana, el piloto fue el mismo
De la Mahotiere
y el copiloto,
Luis Felipe Polanco Gallardo
. El quinto piloto declarado reo es el coronel (R)
Oscar Vicuña Hesse
. Una segunda fase de este método de desaparecimiento de detenidos arrojando sus cuerpos al mar, se inició después de 1978 y duró al menos hasta 1981-82, una vez que a fines de 1978 fueron descubiertos los cadáveres de 15 campesinos en un horno de Lonquén y el Ejército y
Pinochet
se alarmaron. Esta segunda fase conocida como “las remociones” clandestinas, fue admitida incluso por el ex director de la
Central Nacional de Informaciones,
general
Odlanier Mena
, y sobre ella han prestado también declaraciones algunos ex agentes que participaron en el operativo. A esta operación pertenecen, entre otros, los prisioneros de Chihuío en la X Región; los ejecutados de La Moneda desenterrados desde Peldehue; y las 26 víctimas de la Caravana de la Muerte enterradas clandestinamente en el desierto de Calama. Estas no fueron víctimas de la
DINA
. Probablemente, dada la experiencia adquirida, esta segunda fase fue realizada por los mismos pilotos y mecánicos del Comando de Aviación del Ejército. Este episodio no está totalmente aclarado judicialmente. En todo caso, los comandantes del CAE después de
Carlos Mardones
fueron: el coronel
Hernán Podestá Gómez
, entre enero y diciembre de 1978; coronel
Fernando Darrigrandi Márquez
, entre enero de 1979 a julio de 1981; y el coronel
Raúl Dinator Moreno
, entre agosto de 1981 y febrero de 1982.
Relatos de los Hechos
Fuente: La Nación, 29 de Enero 2005
Y como hace diez años, cuando fue sentenciado a prisión por elasesinato del ex canciller Orlando Letelier, el ex director de la policía secreta de Augusto Pinochet prestó resistencia.Pero esta vez “el Mamo” estuvo solo. No hubo gestiones previas del comandante en jefe del Ejercito para evitar su detencióncomo las que en 1995 efectuó el propio Pinochet desde el mando
de esa rama castrense. Tampoco pudo refugiarse en unregimiento como entonces lo hizo en Sangra. No se desplegó un operativo conjunto de las cuatro ramas de las Fuerzas Armadasy de Orden para internarlo en el Hospital Naval de Talcahuano. No. Esta vez su familia fue la única que lo acompañó en suintento de eludir la acción de la justicia. Y fracasó.
Gritos, armas y prisión
A las 8:00 de la mañana, y tal como estaba previsto, llegaronhasta la sede del Poder Judicial el ex jefe del Grupo Halcón de la DINA, brigadier (r) Miguel Krassnoff, condenado a diez añosde cárcel; el ex jefe de Villa Grimaldi, brigadier (r) Marcelo Moren Brito (11 años); el ex jefe del Grupo Vampiro, coronel(r) Fernando Laureani (5 años); y el ex agente Gerardo Godoy
(5 años). Luego de ser notificados, abandonaron el Palacio de Tribunalesfuertemente custodiados por gendarmes, y protegidos por un cerco de Carabineros que mantenía a distancia a casi 200familiares de víctimas de la dictadura, que gritaban en contra de los ex agentes. Krassnoff, Moren Brito y Laureani, fueron subidos a dosvehículos de Gendarmería para ser trasladados hasta el penal "Cordillera", en la comuna de Peñalolen; mientras que Godoy, elúnico Carabinero de la lista, fue llevado, en otro carro celular, al penal de Punta Peuco, situado al norte de la capital.Pero Contreras no llegó, así que el magistrado Alejandro Solis lo declaró en rebeldía y envió a efectivos de Investigaciones a sucasa, ubicada en un condominio militar de la comuna de La Reina, para su notificación y arresto Allí, cerca de las once de la mañana, se desató un confusoincidente, que obligó a la policía a ingresar por la fuerza, pues sushijas, junto a otros familiares y amigos del condenado, intentaronevitar el cumplimiento de la orden judicial alegando su inocencia. A esa hora, en tribunales, la presidenta de Agrupación deFamiliares de Detenidos Desaparecidos, Lorena Pizarro, lointerpelaba a través de la prensa: “esperamos que Contreras,director de la DINA, que ayer era un tan valiente soldado y tenía tanto poder, hoy sea capaz de entregarse la justicia”.Pero esa alternativa no estaba en los planes del general. TVN, quea esa hora lo entrevistaba, registró cómo los efectivos se abrieronpaso hasta la oficina del Mamo, y el momento preciso en que éste les dice: “no voy a ir a ninguna parte, si quieren me sacan muertode aquí”.Contreras continúa entonces negándose a cumplir las ordenes, ysostiene el siguiente diálogo con el prefecto Rafael Castillo: - Si usted me dice ‘lo tengo que llevar’, ya, hágale empeño. Si usted me dice voy a emplear la violencia , la emplea.
- Señor, pero nosotros no queremos llegar a eso.
- Entonces dígale al señor ministro que yo dije que no voy no más.
- Es que yo no soy recadero de nadie.
- Entonces yo tampoco acepto su recado.
La puerta del despacho se cierra entonces para la cámaras. Deacuerdo a fuentes judiciales y de la policía consultadas por La Nación, en ese momento Contreras se abalanzó a un escritoriopara abrir un cajón y sacar desde su interior un arma de fuego. Se desató entonces un forcejeo en el que el ex militar habríaintentado quitar su pistola de servicio a uno de los policías. En este momento, los funcionarios de Investigaciones se arrojaronsobre el ex jefe del organismo represivo para inmovilizarlo, quitarle el arma y esposarlo, en medio de los reclamos e insultosde los familiares presentes en el lugar. En Investigaciones se hizo hincapié en que el arma de Contrerasera ilegal, pues en su calidad de encausado, no está habilitado nipara portar ni para mantener este tipo de artefactos en su poder.Debido a estos hechos, tres hijas de Manuel Contreras fueron detenidas por haber obstruido la acción policial. Una de ellasacusó lesiones, al igual que dos policías, quienes debieron concurrir a constatar heridas.El ex uniformado fue llevado hasta el cuartel del Departamento de Asuntos Internos y Derechos Humanos, a cargo de la operación,en donde se formalizó la denuncia oficial por su resistencia al arresto. Una lluvia de piedras, frutas y huevos, lanzadas por devíctimas de la dictadura de Augusto Pinochet, lo recibió y lo despidió luego en el Palacio de Tribunales.Seis horas después de lo previsto, fue notificado por el juez Solís, y trasladado al penal Cordillera de Peñalolen. Así, a sus 76 años,el hombre que encabezó la represión en los primeros años de la dictadura empezó a cumplir su condena a 12 años de prisión.
Relatos de los Hechos
Fuente: El Mercurio, 22 de Agosto 2007
Procesan a Manuel Contreras por desaparición de militante socialista
Primera Línea, Jueves 23 de Mayo 2002
Ministro Guzmán procesó a siete militares (r)
La Tercera, 22 de Julio 2002
Confirman procesamiento a Contreras por 22 desapariciones
La Tercera Miercoles 9 de Octubre 2002
En julio pasado, el Juez Guzmán ordenó el procesamiento de Contreras y de otros seis ex agentes por el secuestro de 23 personas que fueron conducidas a Villa Grimaldi tras su detención. Sin embargo, el tribunal sólo confirmó el procesamiento de los imputados por 22 casos, pues revocó la encargatoria de reo que pesaba sobre Contreras y los demás ex agentes por el secuestro del académico de la Universidad Católica Alejandro Avalos Davidson, hecho ocurrido el 20 de noviembre de 1975. Los demás agentes imputados En este caso, el fallo que reduce a 22 el número de secuestros favorece también a los ex agentes de la DINA, Miguel Krassnoff Martchenko, Marcelo Moren Brito y Basclay Humberto Zapata Reyes.
En la época de su desaparición, Alejandro Avalos Davidson tenía 30 años, militaba en el Partido Comunista (PC) y trabajaba como investigador de la mencionada casa de estudios superiores. El tribunal, que estuvo integrado por los ministros Cornelio Villarroel, Rosa María Maggi y el abogado integrante Angel Cruchaga, estimó que existe certeza sobre el deceso de la víctima, razón por la cual, el delito imputado (secuestro) no puede prosperar. No obstante, los jueces mantuvieron los procesamientos que afectan a Contreras y a los demás ex agentes por el secuestro de otras 22 personas, lo que fue valorado por el abogado querellante, Nelson Caucoto.
Justicia confirma procesamiento contra Manuel Contreras
Primera Línea, Viernes 18 de Octubre 2002
Justicia procesa a Manuel Contreras por asesinato de Carlos Prats
La Tercera, 25 de Febrero 2003
Procesados después de intensos interrogatorios
La semana pasada el juez Solís interrogó a los cinco involucrados en el caso, ocasión en la que se confirmó que el ex agente de la Dina Michael Townley es autor material del delito. El general Prats y su esposa fueron asesinados el 30 de septiembre de 1974 en Palermo, Buenos Aires, cuando, al llegar a su casa, una bomba explotó en su vehículo. El caso en Chile se abrió después de casi 30 años, luego que la Corte Suprema conociera un pedido de extradición, por la jueza argentina María Servini de Cubría, hacia el país trasandino de la cúpula de ese organismo represivo. Aunque el máximo tribunal rechazó la petición el pasado 9 de diciembre, ordenó abrir una causa en Chile, proceso que había sido derivado al 19° Juzgado del Crimen. Sin embargo la titular de ese juzgado se declaró incompetente, por lo que el máximo tribunal designó como ministro de fuero al magistrado Alejandro Solís.
Histórica condena a Contreras reinterpreta la Ley de Amnistía
La Tercera, 16 de Abril 2003
Cuestionamiento a Solís
Conocida la sentencia, Contreras objetó la competencia de Solís. En entrevista a Medianoche, dijo que el magistrado "no debe estar en ninguno de los casos, por cuanto tiene el problema de que su esposa (Margarita Tapia), estando casados el año '73, estuvo detenida en el Estadio Nacional por dos meses y medio". En ese sentido, estimó "indispensable" aplicar el nuevo procesamiento penal, "para evitar que un individuo sea juez y parte". Solís se encuentra abocado a diversas causas de derechos humanos, entre ellas la investigación en Chile del crimen del ex comandante en jefe del Ejército Carlos Prats y de su esposa, Sofía Cuthbert, por el que también se encuentra procesado Manuel Contreras. Asimismo, el juez está a cargo del caso de los 17 campesinos ejecutados en Chihuío y Liquiñe, y casos en Parral y Linares, en donde hoy comenzará labores de excavación en busca de restos de desaparecidos. En tanto, la investigación sobre Miguel Angel Sandoval fue encabezada casi en su totalidad por la jueza especial del Octavo Juzgado del Crimen de Santiago, María Inés Collin, quien entregó a principios de año el sumario casi cerrado a Solís, a quien sólo le correspondió realizar el plenario y dictar las condenas. Sandoval, casado, de 26 años, era sastre y al momento de su detención se econtraba en plena vía pública. Días después diversos testigos lo vieron en el centro de torturas Villa Grimaldi. En julio de 1975 figuró en la prensa como uno de los 60 chilenos supuestamente muertos en enfrentamientos en el extranjero
Juez le dobla la mano a Contreras
La Nación, 29 de Abril 2003
Los dolores de cabeza del juez Calvo
Un oficial del Batallón de Policía Militar pretendió excusar inasistencia de Manuel Contreras, pero le fue mal. Una tensa situación, que casi terminó en pugilato, debió enfrentar el ministro en visita Daniel Calvo, quien investiga parte de las causas por violaciones de los derechos humanos que anteriormente pesquisó el juez Juan Guzmán. El viernes, el magistrado Calvo tenía citados al Palacio de Tribunales a tres uniformados en retiro para notificarlos de un procesamiento por el secuestro y homicidio de cinco militantes de las Juventudes Comunistas. Se trataba del ex director de la DINA, Manuel Contreras; el coronel (R) Marcelo Moren Brito y el ex suboficial de Carabineros José Friz Esparza. Sin embargo, más de un dolor de cabeza causaron Contreras y Moren Brito. Con algunas horas de retraso, un oficial del Batallón de la Policía Militar (BPM) del Ejército, a cargo de la custodia de los militares procesados por la justicia, llegó hasta el despacho del magistrado para entregar un certificado médico en el que constaba que el general en retiro Contreras había sido internado en el Hospital Militar, razón por la que no podía concurrir. El oficial de la Policía Militar se presentó en el despacho para entregar el documento al actuario del juez Calvo, pero el magistrado-presente en el lugar- le solicitó personalmente el certificado. Según fuentes, el militar, por razones que se desconocen, se negó a hacerle entrega del documento, lo que motivó la ira de Calvo y un fuerte intercambio de palabras con el oficial, que hizo necesaria la presencia de Gendarmería. Como corolario, el magistrado solicitó informe al Comando de Salud del Ejército, y según los antecedentes, puso fin al arresto domiciliario de que gozaba Contreras y ordenó su ingreso en calidad de procesado al Batallón de Policía Militar, cuyas instalaciones se encuentra al interior del Comando de Telecomunicaciones de Peñalolén.
Justicia chilena procesa por primera vez en Caso Llidó
El Mostrador, 15 de Mayo 2003
Procesan a cúpula de la DINA por secuestro de decorador
El Mostrador, 12 de Junio 2003
Amnistía y prescripción en los alegatos por la primera condena contra la ex DINA
La Nación, 04 Agosto 2003
Justicia chilena procesa por primera vez en Caso Llidó
El Mostrador, 15 de Mayo 2003
Caso Prats: Procesados Mariana Callejas y Cristoph Willeke
El Mercurio, 1 de Septiembre 2003
Procesan a agentes de la DINA por desaparición de ex MIR
El Mostrador, 12 de Noviembre 2003
Dictan primeros procesamientos por Operación Cóndor
El Mostrador, 23 de Diciembre 2003
Corte otorga libertad provisional a Manuel Contreras
El Mercurio, 19 de Marzo 2004
Abogado DD.HH: Libertad es sólo un episodio más
El abogado de DD.HH. Eduardo Contreras, quien actúa como querellante de varias de las causas que la Justicia sigue en contra de Manuel Contreras, sostuvo que la libertad del militar en retiro "se debe indudablemente a toda una presión que estamos viviendo en este momento para poner punto final al tema de los Derechos Humanos, pero también sin duda a deficiencias de nuestra legislación procesal penal". No obstante, el profesional sostuvo que a su juicio, la libertad de Contreras "es un simple episodio en la larga lucha por la vigencia de la verdad y la Justicia en Chile", debido a que aún existen muchos otros casos por los cuales puede ser procesado y detenido.
Villa Grimaldi: Contreras obtiene libertad bajo fianza
El Mostrador, 4 de Junio 2004
Procesan a cúpula de la ex DINA por secuestro de mirista
El Mostrador, 19 de Octobre 2004
Dictan acusaciones por secuestro de David Silberman
La Nación, 20 de Octubre 2004
DD.HH.: Juezas procesan a nueve militares (R) por dos secuestros
El Mercurio, 29 de Octubre 2004
Dictan condenas contra cúpula de la DINA por desaparecido
La Nación, 10 de Noviembre 2004
Juez Guzmán volvió a golpear a la DINA
La Nación, 4 de Enero 2004
El montaje
La llamada Operación Colombo nació en los primeros meses de 1975, cuando la DINA y el propio ex dictador Augusto Pinochet, así como otros de sus ministros militares, comenzaron a difundir informaciones de que el MIR preparaba “guerrilleros” en distintas ciudades argentinas para hacerlos entrar clandestinamente a Chile por pasos fronterizos a combatir el régimen militar. Los diarios El Mercurio, La Tercera, Las Ultimas Noticias y el vespertino La Segunda fueron los encargados de publicarlas. La cúspide del montaje ocurrió entre los días 17 y 19 de julio de 1975, cuando primeramente el diario brasileño O Dia, de breve tiempo de circulación, informóEl retirado general Manuel Contreras ha sumado otro enjuiciamiento a su expediente en los tribunales chilenos. que 59 chilenos habían sido ejecutados en Argentina por sus propios compañeros de izquierda, atribuyendo las muertes a “ajustes de cuentas” políticas. El día 19, la revista argentina Lea, publicó en su único número que lo mismo había ocurrido con otros 60 chilenos, la mayoría del MIR. En abril de 1975 apareció en un sótano de Buenos Aires el cuerpo destruido por una explosión con un cartel que decía “dado de baja por el MIR”. Se dijo que era el detenido desaparecido comunista David Silberman. Sin embargo, no era él. El 12 de julio de 1975 aparecieron en Buenos Aires otros dos cuerpos baleados y quemados con una leyenda similar. La dictadura informó que se trataba de quienes habían sido dado por desaparecidos en Chile, Jaime Robotham Bravo y Luis Guendelman Wisnik. Lo que también resultó falso. El 24 de julio de 1975, La Segunda publicó en portada tal vez el titular más representativo del invento: “Exterminados como ratones: 59 miristas chilenos caen en operativo militar en Argentina”.
Objetivo y origen de la acción
El objetivo de la Operación Colombo fue hacer creer que decenas de personas, que en Chile sus familiares, abogados y las iglesias daban por detenidos desaparecidos, en realidad habían salido clandestinamente a Argentina a prepararse en guerrillas para regresar a Chile a combatir. Y que en el intertanto afuera se habían ajustado cuentas políticas matándose entre ellos o cayendo abatidos por operativos militares en Argentina, país que vivía la convulsión política y militar en los últimos meses antes del golpe de Estado de marzo de 1976. En cuanto al origen del nombre Operación Colombo, éste se remite a declaraciones del ex agente civil de la DINA Enrique Arancibia Clavel, quien admitió en Buenos Aires en 1978 -acusado de “espionaje”- que en 1975 llegó a esa capital el agente Raúl Eduardo Iturriaga Neumann (ex jefe del Departamento Exterior DINA y actual general retirado) para hacer aparecer muerto en Argentina a un “subversivo chileno” de nombre “Simelman o algo parecido”. Se trataba de Silberman. Según Arancibia Clavel, Iturriaga le dijo que se trataba de la Operación Colombo en la cual se contó con la colaboración, entre otros, del civil argentino y miembro de la Triple A (Alianza Argentina Anticomunista) Martín Ciga Correa.
Manuel Contreras fue notificado y ex DINA comenzaron a cumplir condenas
El Mostrador, 28 de Enero 2005
Incidente en domicilio
Versiones radiales indicaron que el traslado al recinto se debió aque el citado alto oficial intentó hacer uso de un arma de fuego que estaba en su escritorio, pero fue reducido y llevado a la sedepolicial. Su abogado, Juan Carlos Manns, desmintió el hecho, acusando alresponsable del operativo, el prefecto Rafael Castillo, de propiciar un violento incidente. Según el profesional, primero se acordó una"medida alternativa" para efectuar una entrega "sin tanto escándalo" al mediodía.Posteriormente, y cuando Contreras "se despedía en la puerta de su casa del general Carter -su yerno-, Castillo hizo un ademán yentraron 25 personas (policías) cuando la puerta estaba abierta,destruyendo cuanta cosa había, golpeando a las hijas, sobrinas yyernos" de su cliente, "al que tomaron en forma violenta sin que haya mediado ninguna oposición". Manns negó que su representado haya usado un arma de fuego yreveló que el episodio fue registrado en audio por el programa de Chilevisión El Termómetro, cuya producción había llamadotelefónicamente en ese momento al retirado militar. Una grabación en video divulgada por TVN, si bien no aclara deltodo los hechos, como el uso de un arma de fuego ni el origen del altercado, ratifica que hubo conversaciones. Sin embargo -seexplicó en el noticiario-, la plática de los policías con Contreras y su entorno no habría correspondido a una negociación, sino a unacoartada para lograr su detención. Tras su paso por el cuartel Borgoño, el general (R) fue trasladadohasta la oficina del ministro Solís, para cumplir con la mentada notificación. Allí, decenas de personas apostadas en la esquina delas calles Compañía y Morandé intentaron agredirlo lanzando agua y un sinfín de elementos contundentes, a su ingreso y salida.
Fallida diligencia
El mismo Manns concurrió a tribunales pasadas las 09:30 horas -60 minutos más tarde del plazo estipulado para su cliente- para notificarse en calidad de apoderado, pero el juez rechazó lacuriosa sugerencia.Más temprano, acudieron a conocer sus condenas varios ex miembros de la cúpula de la DINA, entre ellos, el brigadier (R)Miguel Krassnoff (10 años), coronel (R) Marcelo Moren Brito (10 años), brigadier (R) Fernando Laureani (5 años, como cómplice) yel teniente coronel (R) de Carabineros Gerardo Godoy (5 años,como cómplice, que irá a Punta Peuco). Los militares retirados fueron trasladados en conjunto al penalCordillera, ubicado en las ex dependencias del ex comando deTelecomunicaciones del Ejército, en un carro celular deGendarmería, hasta donde debe llegar también Contreras. El fallo del juez Solís -del 17 de noviembre pasado- se trató delprimero en que la Corte Suprema se pronunció sobre el secuestro calificado, ratificando las condenas y descartando la ley deamnistía.
Tejas Verdes: Ministro Solís somete a proceso a Manuel Contreras
La Nación, 5 de Marzo 2005
Procesan por torturas a plana mayor de la DINA
La Nación, 21 de Junio 2005
Juez pide la extradición de Fernández Larios y dicta condenas por secuestro de David Silberman
La Nación, 28 de Septiembre 2005
tribunales militares”.
Le dijo, además, que podía verificar la orden al teléfono 51-64-03, a un tal “auditor militar Leyton” o al mismo coronel Rodríguez. El alcaide lo hizo y le entregó a Silberman. A Fernández lo esperaba un jeep blanco Ika-Renault. Por cierto, todo era falso y ninguno de los oficiales nombrados por Fernández Larios existía. Previamente, el agente Derpich, nombrado en la DINA como encargado de “trabajos especiales confidenciales” en la Compañía de Teléfonos de Chile, había supervisado la intervención de las líneas telefónicas que se requerían. Según una declaración judicial del 2 de abril de 1998 del obispo de Copiapó Fernando Ariztía, cuando poco después del secuestro se entrevistó con Pinochet, junto al rabino Angel Kreiman, el jefe militar les respondió: “A Silberman lo secuestró un comando mirista disfrazado de militares”. Lo mismo sostuvo Manuel Contreras a tribunales en ese tiempo. Pero para hacer más creíble la historia, éste agregó que la tifa 245-03 a nombre de Quintero “fue encontrada en un allanamiento a la casa del mirista Alejandro de la Barra en diciembre de 1974”. La tesis no era al azar, puesto que ya la dictadura planificaba el montaje de la Operación Colombo que se iniciaría con Silberman. Según una declaración del ex agente Enrique Arancibia Clavel en el proceso en Buenos Aires por el doble homicidio del general Carlos Prats y su esposa, a comienzos de 1975 llegó a Argentina “el general Raúl Iturriaga Neumann (jefe del aparato exterior DINA) y me informó que su misión consistía en hacer aparecer en Argentina a un subversivo chileno de apellido Simelman o algo parecido, muerto en Chile, habiéndose bautizado ese operativo como la Operación Colombo”. Efectivamente, en abril de 1975 apareció en un sótano de Buenos Aires el cuerpo semidestruido de una persona que -según se dijo- era David Silberman, lo que fue desmentido por su familia, que viajó para reconocerlo. Junto al cuerpo se halló el cartel “dado de baja por el MIR”. Justamente, Colombo consistió en hacer creer que 119 chilenos nunca estuvieron detenidos y que huyeron a Argentina, donde cayeron muertos en vendettas políticas de la izquierda o fallecieron en enfrentamientos con las FFAA argentinas.
Juez procesa a la cúpula de ex DINA por secuestros calificados de opositores
El Mostrador, 9 de Enero 2006
Ministro Solís procesó a 12 ex agentes de la DINA
La Nación, 1 de Marzo 2006
Embajada de Italia
Además, los encausamientos fueron dictados por los homicidios calificados de Lumi Videla Moya, Pedro Labra Saure, Alberto Gallardo Pacheco, Catalina Gallardo Moreno, Mónica Pacheco Sánchez y Luis Ganga Torres.La situación represiva sufrida por Lumi Videla, militante del MIR, fue conocida por la opinión pública porque el 4 de octubre de 1974 su cadáver fue arrojado por sobre la pared al interior de la Embajada de Italia. Aunque la prensa de la época atribuyó la muerte a rivalidades entre los asilados en el recinto diplomático, la verdad es que Lumi Videla había muerto el día anterior por efecto de las torturas a que fue sometida en la cárcel clandestina de la calle José Domingo Cañas en Ñuñoa. Asimismo Alberto y Catalina Gallardo, Mónica Pacheco y Luis Ganga, fueron hechos aparecer como muertos en un enfrentamiento con fuerzas de seguridad supuestamente ocurrido en Rinconada de Maipú al mediodía del 19 de noviembre de 1975. Pero la investigación judicial de los últimos años estableció que fueron asesinados por agentes de la DINA, y sus cuerpos trasladados al lugar donde fueron encontrados. El ex agente de la DINA Amador Fuentes Salas, de chapa “Hernán Galleguillos” entrevistado por La Nación en 2003, declaró que estas personas fueron sacadas ya muertos desde Villa Grimaldi, y que el falso enfrentamiento fue grabado en exclusiva para Televisión Nacional por el periodista Julio López Blanco.La resolución del ministro Alejandro Solís deberá ser ahora revisada por una sala de la Corte de Apelaciones de Santiago, luego de que las respectivas defensas de los ex agentes apelen de los encausamientos. Varios de los procesados, entre ellos Contreras, Moren, Krassnoff y Ferrer, se encuentran ya cumpliendo condenas de presidio por su responsabilidad en la muerte o desaparición de otras víctimas.
Dictan nueva condena en contra de ex director de la DINA
La Nación, 22 de Marzo 2006
Caso Arón: Suprema anula amnistía y confirma condena a cúpula DINA
El Mercurio, 30 de Mayo 2006
Corte eleva condena a Contreras por secuestro de profesora PC
El Mercurio, 30 de Junio 2006
Procesados nueve ex militares de regimiento Tejas Verdes
La Nación, 22 de Septiembre 2006
Corte rectifica tesis de prescripción gradual y aumenta condenas de ex DINA
El Mostrador, 27 de Octubre 2006
Los casos
Víctor Fernando Olea Alegría, obrero y militante socialista, fue arrestado por agentes de la DINA que dijeron ser miembros del Servicio de Inteligencia. Su aprehensión se adscribió a un operativo que culminó con la detención de un grupo de militantes de esa colectividad. Los detenidos, entre ellos la víctima, fueron llevados en primera instancia al Cuartel Central de Investigaciones, donde los interrogaron y ficharon. Posteriormente fueron trasladados hasta el recinto de interrogatorios de la DINA conocido como Venda Sexy, que correspondía a una casa ubicada en la calle Irán 3037, esquina de Los Plátanos en la comuna de Macul, donde fueron ubicados en una misma pieza. En tanto, la detención de Mario Carrasco se registró el 16 de septiembre de 1974, correspondiendo al mismo procedimiento utilizado por los agentes del desaparecido organismo represor. En una visita efectuada el 11 de octubre de 1974, por los delegados del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) al campamento de detenidos Tres Alamos, se constató que el joven se encontraba incomunicado en dicho centro, lo que impidió que pudiera ser visitado.
Por caso de dos detenidos desaparecidos Solís condena a cúpula DINA tras interrogar a ex ministros de Pinochet
El Mostrador, 2 de Diciembre 2006
Declaraciones de ex autoridades
Durante el pasado mes de noviembre, declararon ante Solís los ex jefes de gabinete de Pinochet Ricardo García, Sergio Fernández y Sergio Onofre Jarpa, el general (r) César Benavides y Carlos Cáceres. Asimismo, declaró el otrora subsecretario del Interior general (r) Enrique Montero Marx. También fueron interrogados los ex directores de la desaparecida CNI, generales (r) Odlanier Mena, Gustavo Abarzúa y Hugo Salas Wenzel, además del ex agente del Comando Conjunto Otto Trujillo.
Detenciones y muertes
Como se explicó a este medio, los objetivos que buscó la defensa de Contreras apuntaron a establecer que las detenciones llevadas a cabo por la ex DINA eran legales en la medida que existió un decreto ley que proscribió a los partidos políticos y las actividades proselitistas tras el golpe militar de 1973. En esa medida, los abogados del ex uniformado -quien actualmente cumple dos condenas a firme: de 12 años y un día por el secuestro calificado del sastre Miguel Ángel Sandoval y otra de 10 años y un día por el caso de la estudiante de periodismo Diana Arón- buscaban establecer que las aprehensiones realizadas por el ex organismo de seguridad fueron lícitas. Por otra parte, también persiguieron acreditar mediante estos testimonios que en Chile no existió un estado de guerra, con lo cual impugnarían la aplicación de la Convención de Viena sobre crímenes de lesa humanidad, como también que no habría existido una política institucional para ordenar secuestros de personas. Otro de los fines a que apuntó esta estrategia fue acreditar que las víctimas no se encuentran apresadas hasta ahora, con el fin de desvirtuar la aplicación de la figura de secuestro permanente, logrando imponer el delito de homicidio calificado, el cual a su juicio estaría prescrito en virtud de la legislación penal chilena. De hecho, al igual que en estos dos casos, la defensa del "Mamo" pedirá que en todos los casos en que está involucrado su cliente (alrededor de 150) se incluyan estos testimonios. Así también, por medio de ellos interpondrán recursos de revisión ante la Corte Suprema para intentar modificar las condenas "a firme" que existen en contra del ex uniformado.
Párrafos escogidos
- Ricardo García, ex ministro del Interior (1985-1987): "Aquellas detenciones asociadas a los estados de excepción, que eran efectuadas con decreto exentos y que se ajustaban a las normas constitucionales y legales vigentes, debe concluirse que no adolecían de ilicitud". "En cuanto al arresto transitorio de personas, podían ejercerse mediante Decreto Supremo exento de toma de razón, firmado por el Ministro del Interior “por Orden del Presidente de la República”. Las situaciones de detención en estados de excepción, así como por decreto exento en la forma expresada, según mis recuerdos, eran planteadas por Investigaciones". "Nunca tuve conocimiento que existiera una política institucional que contemplara secuestros. Tampoco tuve conocimiento de que la hubiera habido antes de mi ingreso a mi Secretaría de Estado". - Sergio Fernández, ex ministro del Interior (abril de 1978 a abril de 1982 - julio de 1987 a octubre de 1988": "Durante los períodos que ejercí como Ministro del Interior, no había estado de sitio en el país, y conforme a la legislación vigente a la época las órdenes de arresto debían ser firmadas por el Ministro del Interior, bajo la fórmula por Orden del Presidente de la República". "La CNI se vinculaba con el Gobierno para efectos administrativos a través del Ministerio del Interior. Este Ministerio no tenía ni tuición ni mando respecto de dicha Central, ni tampoco conocía ni se le informaba de sus operaciones. Tampoco intervenía en el nombramiento de su personal. Era un ente militar autónomo y especializado". - Sergio Onofre Jarpa, ex ministro del Interior (1983 - 1985): "En mi época como Ministro del Interior nunca hubo secuestrados". - Enrique Montero Marx, ex subsecretario del Interior (septiembre de 1973 hasta abril de 1982): "El Ministro del Interior, en relación con las detenciones que se practicaban en virtud del estado de sitio, se limitaba exclusivamente a dictar un decreto exento que las autorizaba, señalando el nombre completo del detenido, el lugar donde permanecía y la constancia que quedaba sujeto a vigilancia y control del Jefe de la respectiva Guarnición Militar o de la autoridad de las Fuerzas Armadas o de Carabineros en que delegaren esa facultad". - Odlanier Mena, ex director de la CNI: "No se recibieron como personas secuestradas de la DINA, a las presuntas víctimas de estos autos, Iván Eugenio Montti Cordero y Carmen Díaz Darricarrere". "Durante el desempeño de mi cargo como Director de la CNI no hubo personas secuestradas en las instalaciones de este organismo, en consecuencia no se dispuso la liberación de ellos". - Otto Trujillo, ex agente del Comando Conjunto: "Sólo en dos oportunidades, en allanamientos que se hicieron en los cuales yo participé, el Oficial coordinador, ya sea (Roberto) Fuentes Morrison o (Edgard) Ceballos, ingresaban a las casas y se hacían pasar por DINA, finales de 1975". "Me acuerdo que ocurrió en dos oportunidades una en La Granja, después que se completa el allanamiento se llamó a Marcelo Moren Brito, en ese lugar se encontró un barretín, con armamento, creo que eran metralletas AKA. Moren llegó en un auto Ford, color salmón, ellos siguieron buscando y encontraron otro barretín más grande aún. Y el segundo fue en la población Los Cóndores de Plata, en este caso también se identificaron como agentes de la DINA".
Derechos humanos: Juez condena a Contreras a 10 años de cárcel
La Nación, 20 de Diciembre 2006
Juez acusa por primera vez a la DINA de “asociación ilicita”
Radio Universidad de Chile, 25 de Enero 2007
Manuel Contreras suma 129 años de cárcel tras nueva condena
El Mercurio, 30 de Enero 2007
Juez condena hasta quince años de cárcel a cúpula de la ex DINA
El Mostrador, 30 de Marzo 2007
Condenan a cuatro miembros de DINA por desaparición de carpintero
El Mostrador.cl, 19 de Junio 2007
Memoria Viva
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Condenan a 25 años de presidio a Manuel Contreras
La Nación, 24 de Julio 2007
Nueva condena por crimen en dictadura de Pinochet
La Nación, 28 de Septiembre 2007
Nueva condena a 10 años contra Manuel Contreras por secuestro
El Mostrador, 19 de Diciembre 2007
Caso Darío Miranda y otros
En el segundo caso, también en decisión dividida, los ministros Jorge Dahm Oyarzún, Víctor Montiglio Rezzio y la abogada integrante Paola Herrera Fuenzalida ratificaron el fallo de primera instancia que condenó al ex director de la disuelta Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) general (r) Manuel Contreras Sepúlveda y Carlos López Tapia, a penas de 10 años y un día de presidio y cinco años de presidio, respectivamente, por los secuestros calificados de Darío Francisco Miranda Godoy, José Gerardo Solovera Gallardo y Enrique Jeria Silva, ocurridos el 18 de agosto de 1976 en tres puntos distintos de la Región Metropolitana. En fallo de primera instancia, el 31 de enero pasado, el ministro de fuero Juan Eduardo Fuentes Belmar, había dictado la condena en contra de Contreras Sepúlveda y López Tapia, desestimando las alegaciones de la defensas de ambos condenados de aplicar las figuras de la prescripción de la acción penal y la aplicación del Decreto Ley de Amnistía de 1978. El juez Dahm y la abogada Herrera respaldaron la ratificación de la condena al considerar los hechos crímenes de lesa humanidad, por lo tanto imprescriptibles e inadmistiables. Por su parte, el ministro Montiglio estimó que era necesario revocar el fallo de primera instancia, acogiendo la aplicación de la Ley de Amnistía de 1978 al estimar que ese cuerpo legal se encuentra plenamente vigente en Chile y que no son aplicables los instrumentos internacionales que sancionan las violaciones a los derechos humanos, ya que éstos instrumentos no se encuentran ratificados por el país. Con estas dos sentencias la Corte de Apelaciones de Santiago completa 18 sentencias en casos de violaciones a los derechos humanos durante el 2007 y 38 fallos desde la primera condena en éste tipo de investigaciones, dictada en el año 2004.
Juez Montiglio procesó a 98 ex agentes por víctimas de la Operación Colombo - El golpe más grande a la represión
La Nación, 27 de mayo de 2008
La Operación Colombo y los medios
La lista de los 119 fue publicada en la revista Lea (Buenos Aires) y el diario O Dia (Brasil), en 1975, informaciones que también fueron falsas. Ambas publicaciones fueron creadas por agentes de la DINA. La Operación Colombo fue parte de la Operación Cóndor, y consistió en un montaje de la dictadura para hacer creer a la población que 119 detenidos que se encontraban desaparecidos, habían salido clandestinamente a Argentina y allí murieron enfrentados con fuerzas policiales y del Ejército durante la fase previa al golpe militar de 1976 en Argentina. Algunos de esos nombres aparecieron como militantes "asesinados" en Buenos Aires y alrededores, con carteles en sus cuerpos que decía que habían sido ejecutados por sus propios compañeros por ajuste de cuenta por rencillas internas. Sin embargo, ello también resultó un montaje. La lista de los 119 fue publicada en la revista Lea (Buenos Aires) y el diario O Dia (Brasil), en 1975, informaciones que también fueron falsas. Ambas publicaciones fueron creadas por agentes de la DINA en el extranjero y tuvieron una única edición. En Chile la prensa pro dictadura como los diarios El Mercurio, La Tercera, Las Ultimas Noticias y La Segunda, reprodujeron el montaje de los servicios de inteligencia. En el recuerdo quedó el titular del vespertino que informó "Exterminados como ratones: 59 miristas chilenos caen en operativo militar en Argentina". Ellos formaron parte de la lista de los 119 desaparecidos de Colombo. El ex prófugo Raúl Iturriaga, quien era uno de los encargados del departamento exterior de la DINA, fue quien primero dio luces en Buenos Aires de este operativo. Según el ex agente civil Enrique Arancibia Clavel, condenado en Buenos Aires por el crimen del general Carlos Prat y su esposa, fue Iturriaga quien a comienzos de 1975 se juntó con él para pedirle que preparara lo necesario porque "hay que hacer aparecer a unos muertos de la Operación Colombo". Se trataba de preparar la aparición de los supuestos cuerpos de Jaime Robotham y Luis Guendelmann como parte del montaje.
Lista de procesados
Ejército (todos en retiro):
Víctor Molina Astete (coronel); Sergio Castillo González (crl); Eduardo Guerra Guajardo (crl); Víctor San Martín Jiménez (crl); José Fuentes Torres (crl); Manuel Carevic Cubillos (crl); Jaime Paris Ramos (crl); César Manríquez Bravo (crl); Raúl Toro Montes (suboficial); Eduardo Reyes Lagos (sub); Orlando Torrejón Gatica (sub); Osvaldo Tapia Alvarez (sub. Suicidado); Juvenal Piña Garrido (sub. “El Elefante”); Juan Suárez Delgado (civil); Nelson Paz Bustamante (sub); José Aravena Ruiz (sub); Luis Torres Méndez (sub); Raúl Soto Pérez (sub); Jorge Andrade Gómez (sub); Juan Escobar Valenzuela (sub); Rolando Concha Rodríguez (sub); Gustavo Apablaza Meneses (sub); Hiro Alvarez Vega (sub); Víctor Alvarez Droguett (sub); Jorge Venegas Silva (sub); Carlos Rinaldi Suazo (sub); Carlos Letelier Verdugo (sub) Reinaldo Concha Orellana (sub); Máximo Aliaga Soto (sub); Hugo Clavería Leiva (sub); Samuel Fuenzalida Devia (sub); Investigaciones Juan Urbina Cáceres; Hugo Hernández; Manuel Rivas Díaz; Herman Alfaro; Eugenio Fieldhouse; Osvaldo Castillo; Carabineros (oficiales y suboficiales todos en retiro) Gerardo Godoy García; Ciro Torres Sáez, Alejandro Molina Cisternas; Camilo Torres Negrier; Héctor Lira Aravena; José Fritz Esparza; Claudio Pacheco Fernández; Jorge Sagardia Monge; Sergio Castro Andrade; Luis Villarroel Gutiérrez; Armando Cofré Gómez; Fernando Roa Montaña; Gerardo Meza Acuña; Enrique Gutiérrez Rubilar; Luis Mora Cerda; José Muñoz Leal; Juan Duarte Gallegos; Carlos Miranda Meza; Rufino Jaime Astorga; Luis Urrutia Acuña; Luis Zúñiga Ovalle; Pedro Alfaro Hernández; Orlando Inostroza Lagos; Rosa Ramos Hernández; Gustavo Caruvan Soto; Héctor Valdebenito Araya; Manuel Avendaño González; José Mora Diocares; Guido Jara Brevis; Nelson Ortiz Vignolo; Ruderlindo Urrutia Jorquera; Héctor Flores Vergara; Jerónimo Neira Méndez; Manuel Montré Méndez Heriberto del Carmen Acevedo; Claudio Orerllana de la Pinta; Nelson Iturriaga Cortés; Luis Gutiérrez Uribe; José Ojeda Obando; Fuerza Aérea Delia Gajardo Cortés; Hernán Avalos Muñoz
Armada
Teresa Navarro Osorio;
Procesados que ya cumplen condena
Manuel Contreras Sepúlveda; Pedro Espinoza Bravo; Raúl Iturriaga Neumann; Marcelo Moren Brito; Miguel Krassnoff Martchenko; Ricardo Lawrence Mires; Basclay Zapata Reyes; Conrado Pacheco; Francisco Ferrer Lima; Gerardo Urrich; Orlando Manzo Durán; Rizier Altez España; Fernando Lauriani Maturana
Primer paso en la justicia para el crimen Prats-Cuthbert
La Nación, Martes 1 de julio de 2008
34 años después
Viajaban por el barrio Palermo, en Buenos Aires, la madrugada del 30 de septiembre cuando una bomba instalada por miembros de la DINA fue detonada. El general (R) Carlos Prats y su esposa, Sofía Cuthbert, habían sido asesinados. Ayer, 34 años después, elmagistrado Alejandro Solís, finalmente dictó condenas contra los ex agentes de la DINA acusados por asociación ilícita y doble homicidio. Para Manuel Contreras, el ex jefe operativo del grupo de inteligencia, ordenó cadena perpetua en cada una de las muertes. La sentencia también incluye penas para otras ocho personas. Informadas del fallo en profundidad, las dos hijas del general Prats no pudieron contener su emoción. Para ambas las sentencias son justas y entregan verdad al país y al Ejercito. Sin embargo, para ellas, también debió haber sido condenado Augusto Pinochet por cuanto, “él también fue parte de este grupo de personas que atentaron contra mi padre”, dijo Cecilia Prats. Hecho público el fallo, el Gobierno valoró la investigación, un paso en la labor de “hacer verdad y justicia”, como dijo el ministro de Justicia, Carlos Maldonado. Los parlamentarios socialistas y PPD también se mostraron conformes con el dictamen y esperanzados en que otros casos que se investigan también tengan este impacto. Pero todavía no está todo dicho en este caso. Al ser una sentencia de primera instancias los involucrados pueden apelar. Habrá que esperar. Condenados
• General (R) Juan Manuel Contreras Sepúlveda: Dos condenas a presidio perpetuo por los homicidios calificados de Carlos Prats González y Sofía Cuthbert Charleoni. Veinte más como jefe en el delito de asociación ilícita en concurso real con el doble delito de homicidio calificado.
• Brigadier (R) Pedro Octavio Espinoza Bravo: Dos condenas a 20 años por los homicidios de Carlos Prats González y Sofía Cuthbert Charleoni y 20 años como jefe en el delito de asociación ilícita.
• General (R) Raúl Eduardo Iturriaga Neumann: Dos condenas a 15 años por los homicidios calificados y 541 días como miembro de asociación ilícita en concurso real con el doble delito de homicidio calificado.
• Brigadier (R) José Octavio Zara Holger: Dos condenas de 10 años y un día por el doble homicidio y 541 días por asociación ilícita en concurso real con el doble delito de homicidio calificado.
• Coronel (R) Cristoph Georg Paul Willeke Floel: Dos condenas a 10 años y un día por el doble homicidio y como miembro en el delito de asociación ilícita a 541 días.
• Coronel (R) Juan Hernán Morales Salgado: Dos condenas a 10 años y un día por el doble homicidio y 541 días por asociación ilícita.
• Mariana Inés Callejas Honores: Dos condenas a 10 años y un día por el doble homicidio calificado.
• Jorge Enrique Iturriaga Neumann: Dos condenas a 5 años y un día como cómplice de homicidios calificado.
• Suboficial Reginaldo de la Cruz Valdés Alarcón: Dos condenas de 541 días como cómplice de homicidio calificado.
Manuel Contreras suma dos nuevas condenas en caso de DDHH
El Mostrador, Viernes 14 de noviembre de 2008
- Ciro Torré Saéz: absuelto por falta de participación.
- Manuel Contreras Sepúlveda: 5 años y un día de presidio por el secuestro de Pérez Molina y 10 años y un día por el homicidio de Videla Moya (autor).
- Miguel Krassnoff Martchentko: 5 años y un día por el secuestro de Pérez Molina y 10 años y un día por el homicidio de Videla Moya (autor).
- Cristoph Willike Floel: 10 años y un día por el homicidio de Videla Moya (autor).
- Francisco Ferrer Lima: 10 años y un día por el homicidio de Videla Moya (autor).
- Marcelo Moren Brito: 10 años y un día por el homicidio de Videla Moya (autor).
- Basclay Zapata Reyes: 5 años y un día por su participación como cómplice en el homicidio de Lumi Videla Moya.
En el aspecto civil, se rechazó la demanda que había condenado a Krassnoff Martchenko, Willike Floel y Ferrer Lima a pagar una indemnización de $ 50.000.000 (cincuenta millones de pesos) a cada demandante: Lautaro Videla Moya y Eduardo Pérez Molina. La decisión en cuanto a las condenas se adoptó con el voto en contra del ministro Cornelio Villarroel, quien estuvo por dictar la absolución de todos los sentenciados, aplicando el Decreto Ley N° 2191 de 1978, conocido como Ley de Amnistía. En tanto, el abogado integrante López se pronunció en contra de la decisión que absolvió a Ciro Torré y el rechazo a la demanda civil. En primera instancia, el 23 de julio de 2007, el ministro Alejandro Solís Muñoz, había establecido las siguientes condenas:
-Manuel Contreras Sepúlveda: 10 años y un día por el secuestro de Sergio Pérez y 15 años y un día por el homicidio de Lumi Videla.
-Miguel Krassnoff Martchenko: 5 años y un día por el secuestro de Sergio Pérez y 10 años y un día por el homicidio de Lumi Videla.
-Ciro Torré Saez, Cristoph Willike Floel, Francisco Ferrer Lima y Marcelo Moren Brito: 10 años y un día por el homicidio de Lumi Videla Moya.
-Basclay Zapata Reyes: 5 años y un día como cómplice del homicidio de Lumi Videla Moya.
Esta es la décimo quinta sentencia de la Corte de Apelaciones de Santiago en 2008 en causa de derechos humanos, y la 56 desde el 2004.
El 3 de noviembre de 1974 Lumi Videla murió en una sesión de tortura a la que era sometida en el recinto de José Domingo Cañas. Según el informe de autopsia, la causa precisa de la muerte fue la asfixia producto de una obstrucción de la boca y la nariz estando el cuerpo de cúbito ventral. Su esposo Sergio Pérez desapareció desde ese mismo recinto. El 4 de noviembre de 1974 se encontró el cadáver de Lumi Videla en el lado interior de una pared del jardín de la embajada de Italia, en la comuna de Providencia. La prensa de la época informó que habría sido víctima de los asilados que se encontraban en la embajada, en el marco de una orgía. La embajada, por su parte, desmintió que Lumi VIDELA se hubiera encontrado asilada en el recinto.
Ratifican condena por secuestro calificado de militante del MIR
El Mostrador, Viernes 28 de noviembre de 2008
Suprema dicta condena a cúpula de la DINA por secuestros calificados
El Mostrador, Sábado 27 de diciembre de 2008
Historia de su desaparción
Carmen Díaz Darricarrere y Eugenio Montti, quienes tenían 24 y 29 años, respectivamente, fueron aprehendios por agentes de la DINA a escasos metros de su domicilio junto al hijo de este último, de cinco años. Junto a otros detenidos -Alan Bruce Catalán y Sergio Vásquez Sáenz- fueron llevados ese mismo día a Villa Grimaldi, en donde fueron interrogados y sometidos a tortura. Ambos jóvenes y los otros detenidos desaparecieron desde ese recinto clandestino la última semana de febrero de 1975, mientras que el niño, quien también fuera llevado a Villa Grimaldi, fue trasladado a un hogar de menores donde fue encontrado fortuitamente por sus familiares.
Juez dicta condenas por desaparición de dos socialistas en 1974
La Nación, 30 de diciembre de 2008
Corte de Apelaciones ratifica condena por secuestro de Marcelo Salinas Eytel
El Mostrador, Martes 6 de enero de 2009
Historia
Marcelo Salinas Eytel, técnico en radio y televisión, tenía 31 años al momento de su detención, el 31 de octubre de 1974, frente a su domicilio de calle Alberto Decombe, en Providencia. Era miembro del MIR. Días antes, su esposa Jacqueline Drouilly Yrich, estudiante de Servicio Social y también detenida desaparecida hasta hoy, había sido secuestrada por la DINA para mantenerla como rehén mientras aparecía Salinas Eytel. En el domicilio de ambos se montó una "ratonera" y los agentes obligaron a la hermana de Salinas Eytel a decirle que todo estaba bien y que podía llegar a la casa sin problemas. El técnico llegó en un taxi, pero al ver algo sospechoso le dijo al chofer que continuara, ante lo cual los agentes dispararon a las ruedas del vehículo. A golpes, Salinas Eytel fue llevado primero a Cuatro Álamos y después a Villa Grimaldi, desde donde desapareció. Según testigos, tanto Salas Eytel como su esposa fueron brutalmente torturados por Osvaldo Romo Mena.
Suprema confirmó condenas por secuestro y desaparición de Sergio Tormen
La Nación
En estrecha votación de tres votos contra dos, la Sala Penal de la Corte Suprema mantuvo las condenas de diez años de presidio a Manuel Contreras y Marcelo Moren Brito, por el secuestro y desaparición el 20 de julio de 1974 del campeón nacional de ciclismo Sergio Tormen Méndez, y el también ciclista internacional Luis Guajardo Zamorano. Si bien esta resolución exceptúa la regla del criterio jurídico que viene aplicando desde hace al menos dos años este tribunal, rebajando considerablemente condenas en contra de los militares que cometieron delitos de lesa humanidad, esto se explica por la composición ocasional que tuvo la sala con la integración de abogados externos que, a veces, hacen variar este criterio inclinando la balanza. Esta vez la parte querellante opinó que fueron dos los puntos que habrían hecho variar el criterio reduccionista de esta sala para beneficiar a los violadores de derechos humanos: primero, que se trató de dos condenados archi conocidos por los que "nadie da un peso", como son Contreras y Moren Brito, y segundo, porque el tribunal lo integró un abogado externo para completar la nómina de cinco magistrados, que esta vez fue Domingo Hernández, quien aportó su decisión de mantener las penas. El dictamen fue acordado con los votos favorables de los ministros Hugo Dolmetsch y Carlos Kunzemüller y el abogado integrante Hernández. Por absolver a los condenados por la vía de la prescripción de la acción penal por el paso del tiempo, que a su entender anula la responsabilidad criminal, votaron los magistrados Rubén Ballesteros y Nibaldo Segura. Éstos son dos votos permanentes a favor del desconocimiento de la legislación penal internacional que obliga al Estado chileno a perseguir los crímenes de lesa humanidad. En los últimos dos años la gran parte de los magistrados de esta sala evita dictar resoluciones de mayoría para absolver, amnistiar o aplicar la prescripción en este tipo de causas. Ello, como sostienen los abogados querellantes Hugo Gutiérrez o Nelson Caucoto, "sería más vergonzoso aun para la justicia chilena si así fuera, sobre todo en cuanto a la imagen internacional". Pero, en cambio, afirman los demandantes, "sí resuelven drásticas rebajas de condenas, lo que permite que los sentenciados cumplan en libertad por los beneficios que les conceden". El ex campeón de ciclismo fue arrestado por la DINA junto al otro desaparecido, en el taller de bicicletas de los Tormen en calle San Dionisio en la comuna de San Miguel. Luego fueron llevados al centro clandestino de Londres 38, desde donde desaparecieron. Se presume que fueron sacados de allí en camiones de la Pesquera Arauco, asesinados y sus cuerpos lanzados al mar. Los familiares iniciaron una larga búsqueda, pero no los encontraron. La Corte de Santiago rechazó un recurso de amparo, como fue su permanente conducta, y los órganos administrativos de la dictadura y la DINA negaron siempre su detención. Sólo un informe entregado a tribunales por el general Sergio Arellano Stark como jefe de zona de Santiago, dijo que "el señor Tormen quedó en libertad y se fue a Argentina junto a otros miristas".
Corte Suprema absuelve a cúpula de la DINA en secuestro de militante del MIR
EFE, Viernes 23 de enero de 2009
AFDD reaccionó con indignación por absolución de responsables de secuestro y desaparición de joven
Cooperativa.cl , Viernes 23 de enero de 2009
Confirman duras condenas por crimen de Carlos Prats
La Nación, Jueves 29 de enero de 2009
Manuel Contreras suma nueva condena de 15 años
La Nación, Miércoles 4 de marzo de 2009
Otros diez años de cárcel para Manuel Contreras
La Nación, Miércoles 11 de marzo de 2009
Enésima condena contra “el Mamo”: Por las desapariciones de dos miristas
La Nación, Sábado 14 de marzo de 2009
Manuel Contreras suma nueva condena por caso Villa Grimaldi
El Mostrador, 24 de Marzo 2009
-Pedro Espinoza Bravo: 10 años y un día de presidio por su responsabilidad como autor.
-Marcelo Moren Brito: 10 años y un día de presidio por su responsabilidad como autor.
-Basclay Zapata Reyes: 10 años y un día de presidio por su responsabilidad como autor.
-Palmira Almuna Guzmán: 3 años y un día de presidio por su responsabilidad como cómplice. Se le concedió el beneficio de la libertad vigilada. Igualmente en el aspecto civil, se estableció que los condenados como autores deberán pagar solidariamente $ 100.000.000 (cien millones de pesos) a María Inés Peralta Zamorano y $ 50.000.000 (cincuenta millones de pesos) a Regina Lazo Dinamarca. En tanto, la condenada Almuna Guzmán deberá cancelar $ 5.000.000 (cinco millones de pesos) a Regina Lazo Dinamarca. Además se desestimó la demanda en contra del Fisco de Chile acogiendo la excepción de incompetencia del tribunal. Fernando Guillermo Silva Camus, 60 años, casado, dos hijos, decorador de interiores, vinculado al MIR, fue detenido en su domicilio el 27 de noviembre de 1974, aproximadamente a las 23:30 horas por agentes de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA). El día anterior había sido detenido en la vía pública su hijo Claudio Guillermo Silva Peralta, militante del MIR.
Manuel Contreras suma 15 años más de condena
La Nación, Martes 14 de abril de 2009
- Manuel Contreras Sepúlveda 15 años de presidio.
- Marcelo Moren Brito 10 años y un día de presidio.
- Pedro Espinoza Bravo. 10 años y un día de presidio.
- Rolf Wenderoth Pozo. 10 años y un día de presidio.
- Miguel Krassnoff Martchentko. 10 años y un día de presidio.
- Basclay Zapata Reyes. 10 años y un día de presidio.
En materia civil los jueces estuvieron por entregar una indemnización a los familiares de las víctimas, cambiando así el dictamen de primera instancia suscrito por el ministro Alejandro Solis:
Amalia Caballero Nadeau. $ 40.000.000
Gastón Radrigán Plaza $ 20.000.000
Cecilia Radrigán Plaza. $ 20.000.000
Jorge Radrigán Plaza $ 20.000.000
Corte Suprema dicta sentencia definitiva en caso de secuestro de David Silberman
El Mostrador, Lunes 20 de abril de 2009
El caso
David Silberman Gurovich fue un ingeniero civil casado y Gerente General de Cobre Chuqui hasta el 11 de septiembre de 1973. Militante del Partido Comunista, se presentó voluntariamente el 15 de septiembre de 1973 ante el Comandante Militar de Calama quedando detenido y sometido a proceso por un Tribunal Militar de Tiempo de Guerra. El 28 de septiembre de ese año el Consejo de Guerra dictó sentencia condenándole a la pena de 10 años de prisión por delitos contemplados en la Ley de Seguridad del Estado y a 3 años por Ley de Control de Armas, debiendo cumplir su condena en Santiago, por haber sido requerido desde aquí por bando. Alrededor del 2 de octubre fue recluido en la Penitenciaría de esta ciudad. El día 4 de octubre del mismo año, es sacado de la Penitenciaría y llevado a la Academia de Guerra de la Fuerza Aérea permaneciendo en dicho recinto hasta el 20 de octubre, día en que fue devuelto a la Penitenciaría de Santiago. Silberman, permaneció en este lugar hasta el 4 de octubre de 1973. En esta fecha, fue sacado del recinto carcelario por agentes de la DINA que falsificaron documentos del Ejército a fin de engañar a Gendarmería y lograr la entrega del detenido. Una vez fuera del recinto, David Silberman fue trasladado a la casa que ese organismo de seguridad mantenía en José Domingo Cañas.De allí, el 5 de octubre fue llevado a 4 Alamos, para ser luego, el 6 ó 7 de ese mes, nuevamente conducido a José Domingo Cañas, en cuyas dependencias permanece hasta mediados del mismo mes en que es trasladado a 4 Alamos, desde donde desaparece a fines de octubre o primeros días del mes de noviembre. En abril de 1975 apareció en un sótano de Buenos Aires el cuerpo de un hombre destruido por una explosión con un cartel que decía “dado de baja por el MIR”. Se dijo que era David Silberman, sin embargo se comprobó que no era Silberman, sino los primeros pasos de una campaña de desinformación que marcaría el inicio de la denominada "Operación Colombo". El cuerpo del militante comunista continúa desaparecido
Ministro Zepeda dicta acusación en caso de DDHH
La Nacion, Viernes 17 de julio de 2009
Corte Suprema dictó una nueva condena contra la cúpula de la DINA
Cooperativa.cl , 21 de Julio 2009
El ex jefe de la policía secreta chilena revela la suerte de 580 desaparecidos
elpais.com, 13 de MAyo 2005
El general retirado Manuel Contreras, que durante años estuvo al frente de la policía secreta del dictador chileno Augusto Pinochet, ha revelado hoy el destino de unos 580 desaparecidos y ha señalado al tirano como el principal responsable de la represión desatada durante esos años oscuros. El abogado del militar, Juan Carlos Manns, ha entregado la lista de los represaliados, con información sobre su detención y su destino, a la Corte Suprema de Justicia, según ha dicho para tratar de exculpar a sus subalternos, inculpados, procesados o condenados por crímenes contra los derechos humanos.
En el escrito remitido hoy a la Corte, Contreras afirma que fueron Pinochet y la Junta Militar quienes dieron la orden de reprimir "a los grupos de izquierda que podrían generar una oposición al Gobierno" durante los primeros años de la dictadura. "La responsabilidad jerárquica no viene de un teniente coronel [grado de Contreras en 1973], o de capitanes y tenientes, que formaban la cúpula de la DINA [Dirección de Inteligencia Nacional], sino que había un orden jerárquico superior", ha precisa el militar, que añade: "Como director de la Dirección de Inteligencia Nacional no he podido sustraerme, ni moral ni profesionalmente, a la barbarie judicial y publicitaria a la que han sido sometidos todo un conjunto de personas absolutamente inocentes".
El Informe Rettig, que en 1991 documentó las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura de Pinochet (1973-1990), asegura que de los 985 detenidos-desaparecidos atribuidos a las Fuerzas Armadas, 359 correspondieron a acciones de la DINA, y 304 a la policía militarizado, los conocidos como Carabineros.
Ya a finales de enero, Contreras, que desde entonces cumple una condena de 12 años de cárcel por el asesinato de un opositor a la dictadura, acusó a Pinochet de no cumplir el código de honor de soldado y de haber sido la "cúpula de la DINA". Poco antes de dar con sus huesos en la cárcel, Contreras cargó contra su superior, al que acusó de abandonarlo después de haberle hecho el trabajo sucio en la dictadura y con quien desayunaba a diario para darle cuenta de la represión contra los opositores. "Pinochet era la cúpula de la DINA (...) Yo cumplí mi misión de acuerdo a las órdenes que me dio", aseguró entonces.
Cuatro años antes, en enero de 2001, las Fuerzas Armadas chilenas hacían público un informe en el que reconocían por primera vez implícitamente que durante la dictadura hubo violaciones de los derechos humanos. El documento mencionaba como 27 detenidos fueron arrojados al mar desde el aire; varias personas fueron detenidas, condenadas en consejos de guerra sumarísimos y fusiladas, sin que luego se entregara su cuerpo a los familiares; e incluso se produjeron inhumaciones clandestinas de cadáveres. Entonces se proporcionó información sobre 400 desaparecidos, y datos concretos sobre 200 de ellos. Hasta entonces, sólo se había esclarecido el destino de 171 represaliados.
Según informado
La tercera
, Contreras fue condenado en firme en 1995 a siete años de cárcel por la muerte del ex ministro de Asuntos Exteriores Orlando Letelier, que tuvo lugar en Washington en 1976. En julio de 2001, tras terminar de cumplir esa condena, fue procesado por la justicia argentina por la muerte del comandante en jefe del Ejército Carlos Prats y su mujer, Sofía Cuthbert en Buenos Aires en 1974. Además, Contreras está procesado por tratar de ocultar la muerte de 119 represaliados dentro de la Operación Condor.
Manuel Contreras: gloria y ocaso del ex jefe de la Dina
latercera.cl, 7 de Agosto 2015
En su época de mayor poderío,
Manuel Contreras comenzaba su jornada matinal con una habitual rutina. El entonces jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina), pasaba a buscar al ex General Augusto Pinochet a su residencia
. Juntos, se trasladaban hasta el edificio Diego Portales -sede de gobierno del régimen militar entre 1973 y 1980, actual Centro Cultural Gabriela Mistral- y allí desayunaban. Revisaban la situación del país y, por cierto, Contreras le informaba de las actuaciones del organismo que lideraba. Terminado el encuentro, Contreras se trasladaba hasta el cuartel central de la DINA, Belgrado -actual sede de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile- y se encerraba en su oficina, donde destacaban un televisor con conexión directa al despacho de Pinochet, con quien podía comunicarse en línea si las circunstancias lo ameritaban.
Así fueron las mañanas de Contreras, desde la creación de la Dina en 1974, hasta su disolución en 1977, luego de la presión ejercida por EE.UU., tras el asesinato al ex Canciller Orlando Letelier en Washington, un año antes, en la ciudad de Washington. Era la cúspide de su carrera militar iniciada poco más de tres décadas atrás.
QUILLOTA, PANAMÁ, TEJAS VERDES
Luego de una crianza en la ciudad de Osorno, Manuel Contreras ingresa a la Escuela Militar en 1944, egresando de ella tres años después. Llega a la ciudad de Quillota como Alferez del Regimiento N 2 de Aconcagua, para ser ascendido a Teniente en 1952. Un año después, ocurre un hito esencial para su futuro; ingresa a la Academia de Guerra para realizar el curso de Oficial del Estado Mayor. A la vez que es su primer contacto con la inteligencia militar -volvería en 1966 como profesor de inteligencia- es en la academia que conoce al entonces subdirector y profesor de Estrategia, Capitan Augusto Pinochet.
Contreras se especializa en inteligencia.
Fue así que en 1967 parte a Panamá a realizar un post grado en la Escuela de las Américas, dirigido por el Ejército de EE.UU. con el objeto de formar a militares latinoamericanos en métodos de contrainsurgencia. En 1969 volvería a Chile a impartir clases en la Escuela de Ingenieros Tejas Verdes. Allí lo encontraría el Golpe de Estado del 11 de Septiembre de 1973, en calidad de director de esta unidad y con grado de Mayor.
Tras derrocar al gobierno de Salvador Allende, el régimen militar comienza a articular sus servicios de inteligencia. Centraliza los servicios de cada rama de las Fuerzas Armadas bajo un órgano superior. Fue el 14 de Junio de 1974 que el régimen emite el decreto 521 que formaliza a la Dirección de Inteligencia Nacional. Su misión:
"Reunir toda la información a nivel nacional proveniente de los diferentes campos de acción, con el propósito de producir la inteligencia que se requiera para la formulación de políticas y planificación".
Producto de su línea directa con Pinochet, el nivel de influencia de Contreras produce malestar en el resto del gobierno. Con los años, también fue conocido su quiebre con otro civil influyente en el gobierrno castrense, el abogado gremialista Jaime Guzmán.
Tras la disolución de la Dina,
Contreras crea una empresa de seguridad. Vive en una aparente calma hasta que comenzaron las investigaciones sobre violaciones a los derechos humanos tras el retorno a la democracia
.
Fue en 1995 que se dicta la primera condena contra Manuel Contreras: siete años de presidio por el asesinador al ex ministro Orlando Letelier. Desde su fundo "Viejo Roble", ubicado en la localidad de Fresia X región, declaraba en televisión:
"Yo no voy a ir a ninguna cárcel, mientras no haya una justicia real"
. Mientras, un destacamento de un centenar de efectivos militares se apostaban en su terreno y en el interior del regimiento Sangra -unidad militar cercana su propiedad- la prensa de la época registraba un intenso movimiento de personal y pertrechos. Finalmente, tras un "brindis de apoyo" en el fuerte Justo Arteaga, Contreras se entregaba a cumplir su pena en Punta Peuco. En junio del 2004, en tanto, obtendría la libertad bajo fianza tras el pago de 18 millones de peso.
Permanece libre unos meses y da algunas entrevistas, como la que conceía a TVN minutos antes de volver a ser detenido.
"No voy a ir a ninguna parte, si quieren me sacan muerto de aquí", alcanza a decir frente a las cámaras. Vuelve a la cárcel, ahora al Penal Cordillera.
Con los años, sería trasladado hasta el penal Punta Peuco. Para la conmemoración de los 40 años del Golpe Militar, Contreras concede una entrevista a CNN, donde asegura desconocer las violaciones a los derechos humanos.
Sus últimos días los pasó en el Hospital Militar con una situación de salud casi terminal; dejó de recibir su tratamiento diálisis, al que estaba sometido hace años, sedado bajo los efectos de la morfina. Cumple 526 años por delitos de lesa humanidad.
Un destino que Contreras aseguró no temer. Consultado por si sentía miedo a la muerte, "El Mamo" declaró a The Clinic: "
La muerte viene cuando quiere. Ya tengo 22 atentados en mi contra. Qué le voy a tener miedo a la muerte
".
Los secretos de Manuel Contreras según Estados Unidos
elmostrador.cl, 5 de Agosto 2015
Más de mil documentos desclasificados por Estados Unidos en los últimos 15 años contienen, de uno u otro modo, el nombre de Manuel Contreras Sepúlveda, el antiguamente todopoderoso director de la DINA, que hoy se encuentra en grave estado en una habitación del Hospital Militar de Santiago.
De todos esos documentos, quizá el más famoso es un informe secreto del Departamento de Inteligencia de la Defensa (DIA), fechado el 8 de febrero de 1974, el cual se basa en información obtenida en forma colateral de un informante “bien ubicado en el gobierno y en posición de saber”.
Según el texto, “nada puede hacerse sin obtener la aprobación de la DINA” en Chile, agregando que en el país, en aquellos años, existían tres fuentes de poder: “Pinochet, Dios y la DINA” y que “ningún juez en ningún tribunal o algún ministro en el gobierno va a cuestionar algún tema si la DINA dice que ahora maneja ese asunto”. El informe aseveraba también que la DINA se había convertido en un poder “a ser observado”.
Tres meses después, el 10 de mayo de 1974, la DIA emitió otro informe, esta vez un reporte biográfico de Contreras, el cual detallaba, entre muchos otros detalles, que hablaba español, francés (regularmente) e inglés y que antes de 1974 había estado tres veces en Estados Unidos. La primera fue entre agosto y septiembre 1962, en un “viaje de orientación”. La segunda fue en 1966, cuando estuvo en la misión militar chilena en Washington, y la tercera entre septiembre de 1966 y septiembre de 1967, cuando participó en un curso de ingenieros militares, en Ft. Belvoir, en Washington.
El informe contenía además un detalle de su hoja de vida, con todos sus ascensos, destinaciones y medallas, y señalaba que en la Academia de Guerra había sido profesor de estrategia e inteligencia. En el apartado sobre sus “preferencias”, señalaba que “disfruta del whisky escocés y de los cigarrillos americanos con filtro, ambos con moderación”. La celda relativa a “trabajos publicados” (es decir; libros,
papers
, monografías, etc.) estaba en blanco.
Después de aquello, la misma agencia (la DIA) confeccionó un extenso reporte fechado el 10 de abril de 1975, en el cual se comentaba acerca de “el creciente poder de la DINA”, organismo que –según allí se señalaba– esperaba construir un edificio de 24 pisos para albergar sus instalaciones.
De acuerdo a las fuentes de la DIA, “el presidente Pinochet ha dejado a la DINA como la única responsable de asuntos de subversión interna. Por ende, las demás agencias de inteligencia están obligadas a informar de inmediato a la DINA cuando hayan descubierto actividades subversivas dentro de sus servicios, y entregar los detenidos a la DINA”.
De acuerdo a la inteligencia militar de EE.UU., desde la fundación de la DINA en noviembre de 1973, a abril del 75, la agencia de Contreras había pasado de tener unos 1.500 funcionarios (“la mayoría de ellos personal militar en servicio activo”) a unos 2.000 miembros en forma permanente, “aumentados por cerca de 2.100 funcionarios civiles adicionales ubicados a través del país”).
Un informe de la CIA titulado “los tentáculos de Contreras” señalaba que hasta 1989, Contreras había tomado “precauciones extremas para proteger al presidente Pinochet de implicancias directas en la toma de decisiones/autorización de ese asesinato”, agregando que todos los documentos sobre ese crimen, así como los relativos al del general Prats en Buenos Aires, “fueron removidos por Contreras desde los archivos de la DINA”. A ese respecto, se indicaba que “Contreras hizo dos copias de cada documento, enviando uno a Alemania y uno a Paraguay, para almacenarlos a salvo, manteniendo en su poder el original, que tiene guardado en el sur de Chile”.
El texto relataba que esos 2.100 civiles formaban la llamada “Brigada de Inteligencia Ciudadana” (BIC) y que durante las operaciones estas personas trabajaban junto a los efectivos de la DINA en los arrestos.
La DIA aseveraba también que Pinochet había dado a Contreras todas las facilidades para armar esta policía secreta y citaba un ejemplo: “A fines de 1974, la DINA encargó a la Armada proveer un adicional de 40 mujeres/oficinistas a sus planillas. Cuando la Armada dijo que tenía falta de personal, la DINA contrató en forma independiente 40 mujeres civiles para trabajar en su organización y luego asignó a la Armada la responsabilidad de pagarles y alojarlas. Esta acción de mano dura supuestamente recibió la aprobación del presidente Pinochet”.
Al respecto, se indicaba que tanto la inteligencia naval como la de Carabineros habían aceptado de algún modo estas situaciones, pero no sucedía lo mismo con el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), cuyo jefe de aquel entonces, el ahora muerto (por suicidio) general Odlanier Mena “se encuentra constantemente irritado por la actitud abrasiva del coronel Contreras y resiente la expansión de las actividades de la DINA en lo que consideraba los dominios del Ejército. Él y otros oficiales de varios servicios están preocupados por las tácticas ‘bárbaras’ empleadas por la DINA durante algunas operaciones”.
Además, se recordaba un hecho que pocos conocían en ese entonces: que desde la promulgación del decreto 521, que creó la DINA, “el coronel Contreras se reporta exclusivamente y recibe órdenes solo del presidente Pinochet”.
El comentario de los militares norteamericanos, al final del documento, decía que “el actual patrón de crecimiento de la DINA no es consistente con ninguna forma de control democrático o manejo de sus actividades. La aprensión de muchas altas autoridades chilenas respecto de la posibilidad de que la DINA se convierta en una Gestapo moderna perfectamente puede llegar a ser realidad”.
Así, los redactores del informe argumentaban también que “la autoridad del coronel Contreras es casi absoluta – sometida solo a un improbable veto presidencial–. El desarrollo de la DINA es un fenómeno particularmente perturbador”.
“No hay tortura”
La crítica de la DIA (cuyos efectivos fueron los principales ejecutores del intento de golpe de Estado de 1970, que culminó con el homicidio del general René Schneider) no era la única. La propia Agencia Central de Inteligencia, la CIA, se defiende hasta el día de hoy de las acusaciones respecto a que apoyaba a Contreras, esgrimiendo un informe desclasificado, de abril de 1974, que relata un almuerzo sostenido en Estados Unidos por Contreras y altos funcionarios de la División Hemisferio Occidental de la CIA, en el cual se le dijo que “la agencia no puede proveer entrenamiento o soporte para ninguna actividad que pueda ser entendida como represión política interna. A este respecto, la agencia está muy complacida por la circular del Ministerio de Defensa Nacional, del 17 de enero de 1974, que entrega instrucciones para el manejo de prisioneros, que se ajusta a las normas de la Convención de Ginebra, de 1949. Esperamos que su gobierno continúe adhiriendo a esas normas”.
Lamentablemente, no es posible saber qué decía “la letra chica” de ese documento, pues los dos párrafos siguientes están borrados, lo mismo que la segunda página, tachada por entero.
Pese a lo anterior, la CIA sí proveyó entrenamiento a los hombres de Contreras, el cual se realizó en la antigua casa de “Volpone”, en el Cajón del Maipo, en un curso en el cual también rondaban otros buenos amigos de “Mamo”: alemanes de Colonia Dignidad, como se relata en este reportaje publicado el año pasado en
El Mostrador
.
En 1975 Contreras volvió a visitar Estados Unidos, en un reflejo de "la distorsionada visión de los líderes chilenos sobre su propia situación", según la CIA, dado que lo mandaron nada menos que a explicar al gobierno de Estados Unidos la posición de Chile respecto de los Derechos Humanos, ocasión en que Jaime Guzmán, su principal opositor al interior del gobierno, trató de convencer a Pinochet de que no enviara al jefe de la DINA, lo que no logró.
En agosto de 1975, para ser más exactos, un memorándum del Departamento de Estado dejó constancia de una conversación de “Mamo” con John Salzberg, funcionario de esa repartición. En ella, Contreras le dijo que “la historia de los 119 desaparecidos es un complot marxista”, señala el informe, aludiendo a la “Operación Colombo”, y que “la DINA solo tiene unos pocos cientos de prisioneros políticos. Ahora solo hace unos pocos arrestos por día y es la única agencia arrestando e interrogando prisioneros. No hay tortura, y no hubo mucha antes”.
Cabe mencionar que por las mismas fechas, según el Informe Hinchey, Contreras recibió un pago como informante por un supuesto error, algo que el ex jefe de la DINA siempre ha negado. El texto señala lo siguiente (aquí se puede leer el original, en la web de la CIA): “En mayo y junio de 1975, elementos de la CIA recomendaron el establecimiento de una relación contractual con Contreras para obtener información basada en su valiosa posición y acceso a Pinochet. Esta propuesta fue denegada, invocando la política del Gobierno de los Estados Unidos en lo referido a relaciones clandestinas con el jefe de un servicio de inteligencia conocido por sus abusos a los derechos humanos. Sin embargo, un malentendido en la planificación temporal de este intercambio hizo que llegara a Contreras un pago”.
La sucesión
Luego del crimen de Orlando Letelier en Washington, en septiembre de 1976, Pinochet hizo todo lo que pudo por sostener a Contreras. Una de sus principales medidas fue “reconvertir” la DINA, la que pasó a llamarse Central Nacional de Informaciones (CNI), en agosto de 1977, la cual inicialmente siguió al mando de Contreras, para el disgusto de Estados Unidos.
Un cable de la Embajada de EE.UU. en Santiago, de octubre de ese año, decía que pese a que una fuente norteamericana aseguraba que Contreras sería removido, “las indicaciones actuales señalan que permanecerá como cabeza de la CNI”, aunque “en septiembre, los líderes locales de la iglesia creyeron haber obtenido un compromiso de Pinochet de remplazar a Contreras”.
Asimismo, el documento aseguraba que “no hay un sucesor obvio para Contreras” y especulaba que un nombre podría haber sido el del coronel Jerónimo Pantoja.
El 3 de noviembre de 1977, Pinochet remplazó finalmente al “Mamo” y de ello quedó constancia en un cable de la CIA. Si bien este tiene toda su primera página tachada, la segunda detalla que a Pinochet se le había presentado evidencia de una serie de acciones irregulares de la CNI, entre ellas el secuestro de Víctor Fuenzalida, “líder de la organización de extrema derecha Patria y Libertad, quien fue secuestrado el 28 de octubre; reapareció el 30 de octubre drogado y desaliñado”. Según este relató a un oficial de la FACH, sus captores eran miembros de la CNI, que habían tratado de hacerlo confesar su complicidad “en una reciente ola de bombazos”.
El otro incidente que supuestamente colmó la paciencia del dictador fue, según la CIA, un intento de “copamiento” armado en la farmacia Bentjerodt, en el centro de Santiago, donde Carabineros logró detener a dos sospechosos, los cuales “mostraron identificaciones de la CNI y alegaron que ellos actuaban bajo instrucciones de la CNI, con el objetivo de crear un clima de ‘diversión’ en la capital”.
Por cierto, nadie siquiera supuso que Pinochet optaría por nombrar a la cabeza de la CNI a Odlanier Mena, un enemigo de Contreras, quien habría intentado envenenarlo, según se conoció hace pocos años.
Los tentáculos de Contreras
Ascendido a general poco antes de ser enviado a retiro, a Contreras se le mantuvo sin embargo un importante aparataje de seguridad que buscaba evitar que fuera asesinado. Un ejemplo de lo primero es un informe de la CIA, de noviembre de 1986, en el cual un alto integrante del Partido Comunista informó a dicha entidad de inteligencia que, luego del fallido atentado en contra de Pinochet (dos meses antes), se había “autorizado al Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) a planificar un segundo intento de asesinar a Augusto Pinochet Ugarte”. Alguien cuyo nombre está borrado, pidió además (se entiende que al FPMR) “un plan operacional para asesinar al general de Ejército retirado Manuel Contreras Sepúlveda”, aunque según la fuente de la CIA, el PC no autorizaría la ejecución de ambos atentados mientras “las condiciones políticas no parezcan apropiadas”.
No obstante, el real problema con el “Mamo” siempre fue que hablara y cuando más se temió ello fue cuando su hijo Manuel dio muerte al padre de su polola, el mayor de Ejército y ex funcionario de la CNI Joaquín Molina, el 29 de octubre de 1988.
Un informe de la CIA titulado “los tentáculos de Contreras” señalaba que hasta 1989, Contreras había tomado “precauciones extremas para proteger al presidente Pinochet de implicancias directas en la toma de decisiones/autorización de ese asesinato”, agregando que todos los documentos sobre ese crimen, así como los relativos al del general Prats en Buenos Aires, “fueron removidos por Contreras desde los archivos de la DINA”.
A ese respecto, se indicaba que “Contreras hizo dos copias de cada documento, enviando uno a Alemania y uno a Paraguay, para almacenarlos a salvo, manteniendo en su poder el original, que tiene guardado en el sur de Chile”.
No obstante, en momentos en que EE.UU. insistía en la extradición de Contreras por el magnicidio de Letelier, una fuente de la CIA sugirió que “Contreras tiene de rehén a Pinochet con respecto a su extradición y por las posibles acciones judiciales contra su hijo, Contreras Jr.”.
A ese respecto, la CIA señalaba que “Contreras Jr. no será encarcelado en una prisión chilena debido a su cercana asociación con el actual auditor general del Ejército, coronel Fernando Torres. Contreras Jr. fue asistente de Torres durante el periodo en que Torres era el jefe militar investigador de los arsenales descubiertos y del intento de asesinato de Pinochet”.
Por ello, especulaba la CIA, y por la información que Contreras hijo manejaba sobre grupos de izquierda, “a lo sumo, probablemente podría pasar tres años bajo custodia militar”
No obstante, la CIA tenía una mirada bastante menos ingenua del asunto y en un documento de enero de 1989 decía derechamente que Contreras padre “ha estado amenazando con revelar información considerada dañina para el gobierno chileno si su hijo Manuel Contreras Valdebenito es sentenciado a prisión por el asesinato del retirado mayor de Ejército Joaquín Molina Fuenzalida”.
De acuerdo a la Agencia Central de Inteligencia, “Contreras ha estado insistentemente urgiendo al miembro de la junta, teniente general Santiago Sinclair Oyaneder, por apoyo de la junta en este caso (comentario: se desconoce la reacción de los miembros de la junta a las amenazas de Contreras)”.
Según este reporte, Contreras Valdebenito “modificó el arma (usada en la muerte de Molina), por lo que hay una violación de la Ley de Control de Armas y Explosivos), y debería ser sentenciado por ese crimen, al menos”.
Los misteriosos archivos perdidos de Manuel Contreras
elmostrador.cl, 9 de Agosto 2015
Con su muerte, Manuel Contreras se llevó consigo la clave a una serie de enigmas que aún rodean a la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y que, de un modo u otro, podrían haber servido para solucionar casos de violaciones a los Derechos Humanos que se encuentran pendientes.
Quizá el principal de esos enigmas es la ubicación de los archivos de la DINA. Además de la caja fuerte con documentación que Contreras manejaba en su oficina del cuartel Belgrano de la DINA, la ex militante del PS y luego agente de la policía secreta de Pinochet, Luz Arce, relata en su libro
El Infierno
que existía un archivo llamado “LIDES”, sigla en realidad muy sencilla: “LIsta de DESaparecidos”. Por cierto, hace algunos años, en la época del Informe Valech, Contreras entregó un listado con cerca de 500 nombres y las supuestas ubicaciones de los cadáveres, pero, como se comprobó, muchos de los antecedentes eran falsos.
La verdadera “LIDES” no se sabe dónde está, pero su destino es bastante lógico: “Yo creo que Manuel Contreras se llevó esa información cuando entregó el mando de la CNI”, opinaba Luz Arce en su biografía, en la cual agregaría un dato clave: quien manejaba el “LIDES” para Contreras era un suboficial de su absoluta confianza, Manuel Lucero Lobos.
No obstante, es imposible saber algo más al respecto, pues en una declaración prestada en 2004 ante el ministro en visita Jorge Zepeda, Arce relata que Lucero “murió misteriosamente”, lo mismo que sucedió a varios miembros de la DINA, como el agente Miguel Ángel Becerra, quien trató de desertar de la Colonia Dignidad, donde estaba recluido, y como el cabo de la DINA Manuel Leyton, ambos asesinados con gas sarín.
Los bultos
En 1978, cuando la dictadura era objeto de una fuerte presión por parte de Estados Unidos para que extraditara a los implicados en el crimen de Orlando Letelier en Washington (partiendo por Contreras), apareció una curiosa nota en el vespertino
La Segunda
, dirigido en aquel entonces por Hermógenes Pérez de Arce. Según recuerda un cable desclasificado del Departamento de Estado (DE) de Estados Unidos, dicho diario informó que en abril de ese año Contreras había enviado 12 contenedores “de documentos” por barco, desde Punta Arenas. En una nota posterior, del 10 de noviembre,
La Segunda
informó sobre otros tres paquetes que habían sido enviados por Contreras a Europa, entre el 22 y el 25 de mayo.
De acuerdo a lo que relataba el periódico, la CIA se habría enterado de ello y habría pasado el dato al FBI, que supuestamente interceptó los paquetes en Nueva York, realizando copias de algunos de los documentos.
Luego de la publicación, prosigue el cable norteamericano, el abogado de Manuel Contreras, Sergio Miranda Carrington, salió a desmentir a
La Segunda
, aseverando que si bien el ex jefe de la DINA había estado en Punta Arenas en abril de 1978, sólo lo había hecho para saludar a su viejo amigo Pedro Espinoza, que por ese entonces residía allá y cuya cabeza también era exigida por la Casa Blanca.
Pese al desmentido, el periódico persistió en su versión, afirmando que sus fuentes incluso habían precisado que los documentos enviados en mayo se referían al caso Letelier. Según esta versión, los paquetes habían sido embarcados en un vuelo Branniff, con destino a Alemania y con escala en Nueva York. Siempre en función de la misma fuente,
La Segunda
afirmaba que los paquetes se encontraban en algún lugar de Europa.
El cable estaba firmado por George Landau, el entonces embajador de EE.UU. en Chile. Este comentaba al final que no tenía antecedentes sobre la veracidad de estas informaciones e incluso preguntaba si el Departamento de Justicia de Estados Unidos podía arrojar alguna luz al respecto. Para finalizar, decía que era conocida la amistad entre Manuel Contreras y Hermógenes Pérez de Arce (lo que este ha desmentido en los últimos días) y por lo mismo especulaba con que “puede ser que Contreras esté desperdigando estas historias para desconcertar a Pinochet y otros líderes gubernamentales”.
Al respecto, el periodista Manuel Salazar precisa en su libro
Contreras, historia de un intocable
que el 20 de abril de 1978 había zarpado desde Punta Arenas el buque alemán Badenstein, llevando a bordo 23 maletas con documentos de la DINA, embarcados por el general Manuel Contreras, todo lo cual tenía por destino el puerto de Hamburgo.
De acuerdo a Salazar, ello se produjo sólo 12 días después de que Michael Townley fuera abruptamente extraditado a EE.UU. por el crimen de Letelier. Precisa en el mismo libro que “otros bultos misteriosos los envió a través de Lufthansa con destino Nueva York-Frankfurt”, agregando que “versiones posteriores indicaron que la carga que iba en Lufthansa fue transferida a Braniff e interceptada en Nueva York por el FBI. Sobre su contenido, nada se ha sabido”.
Muchas veces se ha especulado con que el destino final de los archivos era Sieburg, la pequeña ciudad donde funcionaba la matriz de Colonia Dignidad en Alemania, país que Contreras había visitado ya entre 1975 y 1976 junto al traficante de armas Gerhard Mertins, un ex oficial de las SS, amigo íntimo de Paul Schäfer y creador de los “círculos de amigos de Colonia Dignidad”, el enclave neonazi que Contreras utilizó como de sus ejes en la comisión de violaciones a los Derechos Humanos.
Los tentáculos de Contreras
Para los norteamericanos, el asunto de los archivos secretos de Contreras era algo mucho más concreto que una supuesta maniobra de desinformación, como especulaba Landau, pues un documento secreto de ese país señala que los bultos existieron y que había dos copias de ellos, además del original.
Se trata de un cable perteneciente a la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA), el órgano de inteligencia del Departamento de Defensa, que por lo general poseía información muy exacta, dadas las fuentes de información que mantenía dentro de diversos ejércitos, entre ellos el chileno. El texto, titulado “Los tentáculos de Contreras”, aparentemente constaba de seis páginas, pero tras ser desclasificado solo quedaron tres (dos y media, en realidad, pues la primera página del documento está tachada casi por completo). La fecha del texto sería el 1 de enero de 1989.
El reporte indica que “el general chileno en retiro Manuel Contreras, ex director de la DINA y figura clave en el asesinato Letelier-Moffit, ha tomado extremas precauciones para proteger al presidente Pinochet de un involucramiento directo en la decisión-concreción/proceso de autorización de ese asesinato. (Tachado). Todos los archivos gubernamentales relativos al asesinato Letelier-Moffit en Washington, en 1976, así como los del homicidio del predecesor de Pinochet como Comandante en Jefe del Ejército, Carlos Prats y su esposa, en Buenos Aires; y el atentado en contra de la vida del opositor del régimen Bernardo Leighton, en Roma, en 1975, fueron removidos por Contreras de los archivos de la DINA”.
Asimismo, el informe de la CIA afirma que “además de documentos internos de la DINA, los archivos incluyen todos los archivos/reuniones al nivel ministerial y del Consejo de Seguridad Nacional sobre los tres incidentes”.
De acuerdo al autor del informe, “Contreras hizo dos copias de cada documento, enviando una a Alemania y otra a Paraguay, para guardarlas en cajas fuertes, mientras que el material restante lo retiene almacenado bajo su control, en el sur de Chile”.
Los alemanes
¿Se referían con ello a Colonia Dignidad? Es lo más probable, dada la cercanía de Contreras con Paul Schäfer y la gigantesca extensión del fundo principal de la colonia en Parral (17 mil hectáreas), en el cual aún no son hallados los restos de las cerca de 30 prisioneros políticos que diversos colonos reconocen que fueron asesinados allí (los cuales habrían sido cremados y lanzados al río Perquilauquén en los años 80) ni tampoco otras evidencias, pues como lo señaló el fallo por asociación ilícita dictado el año pasado en contra de Manuel Contreras y los jerarcas de Dignidad, al interior de ese recinto y “con el fin de ocultar las actividades delictivas, el superior de la villa y sus colaboradores más cercanos, procedieron a ocultar en el predio todo rastro de las víctimas, esconder las armas y a enterrar varios vehículos que desaparecieron junto con ellas”.
Cabe recordar que en el año 2005, cuando fue hallado el arsenal de Schäfer, tanto en Parral como en el recinto que poseen en Bulnes se encontraron además las cajas que contienen las 45 mil fichas que el juez Jorge Zepeda desclasificó el año pasado. Junto a esos documentos, que eran confeccionados por Gerd Seewald, jefe de inteligencia de la colonia, y compartidos con el jefe de la Brigada Regional Sur de la DINA, Fernando Gómez Segovia, se hallaron cientos de carpetas y sobres vacíos, con referencias a otras fichas que nunca han sido halladas.
Varias de ellas, según diversos testimonios, como el del ex colono Franz Bäar, fueron quemadas en la fábrica de ladrillos hacia 1997, pero es difícil que las hayan eliminado todas y, especialmente, que se hayan deshecho de la información más sensible.
Al respecto, el abogado Hernán Fernández, que comenzó a perseguir judicialmente a Schäfer en 1996, señala que es muy probable que Contreras haya dejado en manos de Dignidad todo o parte de sus archivos, pues “lo que se ha encontrado hasta ahora es una parte ínfima y muy parcial de las informaciones que Colonia Dignidad almacenó por décadas y en medio de una época en que existió una asociación extremadamente cercana entre Contreras y Schäfer”.
Manuel “Mamo” Contreras: Carnicero de Escritorio
revistaanfibia.com, 5 de Agosto 2021
Nota del editor: A mediados 1974, por orden de Augusto Pinochet, Manuel Contreras Sepúlveda creó la Dirección de Inteligencia Nacional, la DINA: una policía política, un ejército paralelo que mató a 3.000 opositores al régimen, torturó a 40.000 y persiguió a millares. En pocos años, llegó a tener un poder absoluto: manejaba diputados, ministros, jueces y empresarios. Por violaciones a los Derechos Humanos fue condenado a cadena perpetua. En julio de 2010, declaró desde la prisión militar que se sentía orgulloso de su trabajo al frente de la DINA. Unos años después, tras un largo trabajo de investigación, el cronista Cristóbal Peña escribió una crónica de largo aliento que retrata la complejidad de uno de los hombres más despiadados y voraces de la historia de Chile. Visitó al militar en la celda y entre muchas otras entrevistas, habló con su hijo que le contó que cuando su padre oficiaba de instructor de cadetes de la Escuela Militar, no aceptaba un zapato mal lustrado, una patilla más larga que la otra. Peña también recuperó las declaraciones del capitán Alejandro Barros que contaba como Contreras abusaba de su autoridad: Si sorprendía a un cadete en una falta menor, a escondidas de sus superiores, el Mamo arrastraba al indisciplinado al baño, le introducía el pitón de una manguera por la boca y les tiraba un fuerte chorro de agua. Si la falta era grave, en los mismos baños hundía las cabezas de los cadetes en el inodoro y tiraba la cadena.
Es un día caluroso y seco que llama a las moscas. Un día de marzo de 2014, en que Michelle Bachelet acaba de volver a ser presidenta por un segundo periodo. Ella ha jurado por la mañana, pero en la entrada del penal Punta Peuco aún cuelga el retrato de Piñera. Las visitas comienzan a llegar en autos casi nuevos. Mujeres en su mayoría, bien arregladas, que cargan carritos de feria en los que llevan ropa limpia y comida casera para los presos que habitan en este descampado reseco al norte de Santiago.
Después del revuelo que produjo la entrevista que Contreras dio a CNN Chile, no se ha permitido la entrada de periodistas al penal de Punta Peuco. Los gendarmes del primer control miran mi cédula de identidad, se consultan unos con otros, desconfían.
—¿Usted qué es de Contreras? ¿Familiar o amigo?
—Amigo.
Sin soltar mi cédula, vuelven a consultarse. Uno de ellos hace un llamado telefónico, anota mis datos y vuelve a preguntar:
—¿Conoce el camino?
El camino es una pasillo color crema, silencioso, decorado con cruces y cuadros de paisajes y naturaleza muerta pintados al óleo, obra de los talleres de pintura con que las esposas de los militares condenados matan el tiempo. Algunos de esos cuadros llevan la firma de Nélida Gutiérrez.
Cuando Manuel Contreras me inscribió en su lista de visitas, pensé que me recibiría en alguna sala, como esas en las que los abogados llegan a entrevistarse con sus clientes. Pero a lo largo del trayecto por el que me guía un gendarme no asoman salas de visita, y al llegar a un hall, el mismo que aparece en el video de septiembre de 2013, con mesas de mantel floreado y sillas plásticas, un taca-taca, una trotadora y un enorme televisor con sillones alrededor, el gendarme me señala una galería tras una reja de barrotes gruesos.—Ahí está, es la primera –dice, indicando una puerta, la primera a la derecha, que tiene el número uno–. Tóquele nomás, tóquele fuerte, está adentro.
Entonces, golpeo la puerta.
En septiembre de 2013, cuando llegó a ese lugar, sus antiguos compañeros de la DINA no querían saber nada con él. Ni ellos ni el resto de los internos, condenados todos por violaciones a los derechos humanos. Estaban molestos por aquella entrevista que había significado el traslado a Punta Peuco y la pérdida de privilegios. El hijo del Mamo me contó que los primeros días que su padre pasó allí fueron tensos. Los demás le hicieron saber de su molestia y algunos, como Miguel Krassnoff, hijo de cosaco ruso, le quitaron el saludo. Y más que eso: el primer día de visita tras el traslado, cuando la hija mayor del Mamo se acercó a saludar a Krassnoff, este la ignoró y, ante la protesta de ella, uno de los hijos de Krassnoff, oficial activo del ejército chileno, la insultó:
—Mándate a cambiar, huevona –dice el hijo del Mamo que dijo el hijo de Krassnoff.
José Zara, que fue condenado por el crimen del general Carlos Prats, salió en defensa de la hija del Mamo, y cuando ya estaban por irse a las manos, aparecieron los gendarmes para poner orden.
A seis meses de ese incidente, las cosas parecen tranquilas en el modulo 3 de Punta Peuco. En la galería, frente a cada una de las puertas de ingreso a las celdas, están los carritos de feria con ropa y comida, en perfecta formación, como si siguiesen un reglamento establecido. En la galería se escuchan murmullos, cuchicheos provenientes del interior de las puertas. Esa quietud es interrumpida por un hombre espigado, de bigote cano, que asoma y me saluda sonriente, dichoso, como quien sale del camarote de un crucero y saluda al pasajero que le tocó por vecino. El hombre es Krassnoff Marchenko, vecino de Contreras.
—Tóquele fuerte, le digo.
El gendarme me mira tras la reja con barrotes que antecede a la galería. Me dice que abra la puerta. Empujo, pero está cerrada por dentro. Entonces, antes de volver a golpear, la puerta se abre.
El hombre que aparece no es ni la sombra de lo que era. Está flaco y encorvado, los ojos nublados por la edad. Un anciano desvalido con un soplo de voz.
—¿Manuel Contreras? –pregunto.—¿Quién es usted? –pregunta.
Le digo que soy la persona que le escribió una carta días atrás. El mismo que lo contactó por una historia que escribo sobre él. Se queda mirándome tras la puerta. Parece extrañado, pero a la vez complacido de tener a una persona que se interese por él. Entonces se hace un lado.
—Pase, adelante, siéntese donde pueda.
Contreras indica el pie de su cama, alta y blanda, cubierta por frazadas gruesas, el único lugar disponible en su celda para que un invitado se acomode. Él se instala junto a la cama, en un sillón de un cuerpo. Sobre su cabeza hay una ventana con barrotes que da a un jardín flanqueado por murallones. A su lado, una mesita con medicamentos, una Biblia y la foto en sepia de sus padres.
La celda mide cerca de tres por cuatro metros y huele a humedad y aceite emulsionado. Tiene un baño repleto de trastos y un closet con ropa y vajilla que asoma tras una cortina. Hay un plasma colgado a la pared, una repisa con unos pocos libros y un collage de fotos de familia, principalmente de sus nietos, en la puerta de entrada. Hay varias fotos de él mismo, siempre vestido de uniforme, una taza que lleva grabado el puño de la DINA y virgencitas y cruces con Cristo crucificado, doliente.
Más que estar atento, Manuel Contreras estudia a la persona que está sentada sobre su cama. Le complace saber que sé que fue el mejor alumno en la Academia de Guerra y que en la biblioteca que perteneció a Pinochet encontré un ejemplar con una dedicatoria firmada por él.
—Yo no era un mal alumno –me dice, satisfecho.
Hasta ahí parece bien dispuesto. Pero cuando le comento que también quiero que me cuente de la DINA, su expresión cambia, aunque sin perder la compostura.
—Le advierto que no lo puedo ayudar. Usted sabe lo que pasó con la última entrevista que di. No quiero crearle más problemas a los gendarmes. Quizás más adelante.
¿De qué se habla con una persona que no quiere hablar? Contreras no se mueve de su lugar ni hace amago de despedirme. Desde el sillón, manos entrelazadas, piernas juntas, parece complacido de la visita. No queda más que llenar el silencio con vaguedades. La salud, el tiempo, las condiciones en que se encuentra ahora.
—¿Cómo se siente aquí?
—Más estrecho, aunque no estoy mal –dice, levantando los hombros.
—En Cordillera estaba bastante mejor, ¿no?
—Mejor, sí. Pero, ¿sabe una cosa? Lo peor son los cambios de temperatura. Acá hay dos grados más en verano y dos menos en invierno.
Cuando dejó el penal Cordillera, tuvo que deshacerse de las copias de expedientes judiciales que fueron acumulándose en su cabaña, producto de su obsesión por llevar él mismo cada uno de los casos en que se lo acusa de delitos como tortura, homicidio, secuestro calificado y desaparición de personas. Redactaba los escritos y obligaba a sus abogados a presentarlos ante la justicia. Este afán lo llevó a enemistarse con el abogado con el que mejores resultados obtuvo, Juan Carlos Manns, quien me dirá que en un momento la defensa se hizo insostenible, sobre todo después de una vez en que él se negó a seguir los dictados de su cliente, que se le fue encima con ánimo de agredirlo. En su oficina, el abogado dirá con una sonrisa que no fue nada más que una bravuconada de un cliente acostumbrado a dar órdenes.
Resulta difícil imaginar que el anciano que permanece sentado en el sillón pudiera agredir a alguien. Con un hilo de voz, gesticulando con dificultad, me dice que sigue atento a sus causas, “siempre estudiando”, y que entre los tres libros que está leyendo a la vez en estos días se cuenta uno jurídico, llamado Procesos sobre violaciones a los derechos humanos, de Adolfo Paul.
—¿Y ese otro? –pregunto, apuntando al que se encuentra al lado y que se titula El libro de Urantia. Un clásico universal del misticismo, de autor anónimo, que, me entero después, habría sido dictado por seres de otro planeta.
—Es un libro maravilloso –me dice–, muy interesante, ¿no lo ha leído?
—No. ¿De qué trata?
—Plantea que el infierno no existe.
—A ver, ¿cómo es eso?
—Todos trascendemos al más allá, a uno de los cien anillos que existen en el universo. No hay infierno. Lo único es que algunos quedan suspendidos en alguno de estos anillos, esperando evolucionar.
Tocan a la puerta. Maite y Alejandra, dos de las tres hijas del Mamo, llegan de buen humor, saludando cariñosamente al padre. Las mujeres se sorprenden por mi presencia, pero el mismo Contreras me presenta como un escritor que ha llegado a visitarlo.
—Está escribiendo un libro sobre mí –sonríe el Mamo.
—Espero que hables bien de mi papá, más te vale –dice Alejandra, la más joven, sonriendo.
Las hijas me despiden diciéndome que “el papá ha tenido un día duro y tiene que comer”. Me explican que, como ocurre dos veces a la semana, el Mamo ha pasado la mañana en tratamiento de diálisis por la insuficiencia renal diabética que padece hace casi 20 años. Si antes demoraba cinco minutos en ir al hospital, ahora que está en las afueras de Santiago demora una hora de ida y otra de vuelta.
—Todo gracias a Piñera, ese desgraciado –dice Alejandra.
—Ya, papá, despídase del escritor, que se va –tercia Maite.
Entonces me incorporo de la cama, doy un paso hacia la esquina de la celda y estiro la mano. Recibo una mano que es como un jurel blando y frío, casi sin carne: un espinazo que tiembla. Sin moverse del sillón, con ese hilo de voz agónico, el Mamo levanta la vista con dificultad y se despide:
—Que le vaya muy bien.
Fuera de la celda, Maite me dice que su padre “está sin ganas a veces, por eso lo venimos a ver, para que no se sienta solo, para que no se desanime”. Me lo dice frente a una foto que cuelga en la galería, y que muestra a un anciano cuya figura proyecta la sombra de un soldado joven y fornido, armado hasta los dientes.
—Esta imagen la trajimos nosotras. ¿No te parece que este abuelito se parece a mi papá?
—¿En qué sentido?—¿No has visto cómo camina?
—No. —Camina así, tal cual, lento, medio para el lado. Ya está viejito, le queda poco. Pobre papá.
Miguel Krassnoff Marchenko sigue dando vueltas por la galería, repartiendo saludos. En el hall vecino del módulo 3 hay dos ancianos que miran la televisión. Cuando me ven pasar junto a un gendarme sonríen, amistosos, como dos abuelos tiernos, antes de volver a cabecear frente a la pantalla.
Contreras: Historia de un intocable. El germen de la DINA
interferencia.cl, 20 de Abril 2021
En diciembre de 1972, el coronel Manuel Contreras se hizo cargo de la dirección de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes, unidad militar situada junto a la desembocadura del río Maipo, a corta distancia del muy exclusivo balneario de las Rocas de Santo Domingo.
A los 42 años, Contreras era un hombre de gran vitalidad y orgulloso del enorme ascendiente que tenía en el arma de Ingenieros. Se vinculó rápidamente con varios de los más decididos opositores al gobierno de Allende radicados en San Antonio, Llolleo, Cartagena y en otros poblados del litoral central.
Entre sus amigos más cercanos pronto estuvieron el empresario de transportes Cristián ‘‘Toty’’ Rodríguez; el locutor Roberto Araya Silva; el dueño del hotel “La Bahía” de Cartagena, Benito Tricio; Juan Basagoytía; Rafael Letelier; Manuel José Moreno; y Enrique Manzur. Tricio y algunos otros eran de origen español y habían llegado huyendo del franquismo a fines de los años 30 y comienzos de los 40.
El más cercano, sin embargo, era ‘‘El negro’’ Jara, un ex oficial de Caballería que vivía en Algarrobo y que mantenía estrechos vínculos con los más activos militantes del Frente Nacionalista Patria y Libertad y el Comando Rolando Matus, que dependía del Partido Nacional.
Jara le ayudó a Contreras a conocer rápidamente cómo funcionaba el gobierno provincial de la Unidad Popular en San Antonio, quién era quién entre los dirigentes comunistas y socialistas, cuáles eran los sindicalistas más activos, la presencia del MIR, la organización de las Juntas de Abastecimientos y Precios, JAP..., en fin, cada detalle, cada núcleo, cada estructura del ‘‘puerto rojo’’, nombre que los opositores daban a ese terminal marítimo.
Contreras cumplió en Tejas Verdes una de sus primeras destinaciones en los albores de los años 50 y los soldados o cabos que lo habían conocido joven, y que ahora eran sargentos, se encargaron de agregar información a la verdadera leyenda que ya se estaba formando en torno a la figura del oficial.
-Mi coronel entraba al casino cuando era teniente y todos los capitanes le decían ¿qué quiere Mamito? ¿Qué necesita? El siempre demostró que era mejor que todos-, afirmaba uno de los sargentos.
Un joven oficial de la Armada que cumplía funciones en la Gobernación Marítima de San Antonio obtuvo autorización para hospedarse en el casino de oficiales de Tejas Verdes, situación que le permitía una convivencia diaria con los mandos de la unidad.
Era habitual que un grupo de oficiales se reuniera en ese lugar a disputar un juego de cacho en la cantina del casino, acompañados de algún ‘‘borgoña’’ o de varias ‘‘piscolas’’, sesiones a las que a menudo asistía Contreras. En una de esas oportunidades, Contreras se levantó de la mesa de juego e hizo varias llamadas telefónicas. Retornó al grupo y comentó:
-El capitán Úbeda está en su casa con unos amigotes civiles que llegaron a bolsearle y, para variar, hablando huevadas. El teniente Garcés, botado a lacho. Janito Rodríguez, como siempre, en los brazos de su mujercita. Pero se me perdió la pista del Vitoco Lizárraga...
El oficial de la Armada no podía creer lo que estaba viendo y escuchando. No resistió la tentación de preguntar.
-¡Hay que saber lo que hace la propia gente!-, le dijo Contreras al verlo tan sorprendido.
-¿Pero, cómo lo hace mi coronel?, preguntó el marino.
-Aaaaahhhhhh...-, fue la enigmática respuesta.
Años después, el teniente de la Armada, al realizar el curso especializado de Inteligencia que el Ejército dictada en la localidad de Nos, al recordar el episodio, conjeturó que Contreras había logrado mantener en Tejas Verdes una completa red de informantes, absolutamente extraoficial, que le permitía saber en cualquier momento lo que estaban haciendo sus oficiales.
La Escuela de Tejas Verdes tenía en aquella época como subdirector al teniente coronel Alejandro Rodríguez Faine; en el cargo de secretario de estudios, se desempeñaba el mayor Jorge Núñez Magallanes; y, comandando el batallón de instrucción, estaba un mayor al que apodaban ‘‘El topo’’ López.
Una versión entregada a la Vicaría de la Solidaridad por el ex agente Juan René Muñoz Alarcón, asesinado de 36 puñaladas en octubre de 1977, indica que en Tejas Verdes se acondicionaron lugares para recibir detenidos el 9 de septiembre de 1973, dos días antes del golpe militar. Esa versión, el denunciante la había escuchado de conscriptos que llegaron a la Escuela de Ingeniería a cumplir su servicio militar.
El día del golpe, el coronel Manuel Contreras logró controlar en pocas horas toda la jurisdicción que estaba bajo su mando. En los días siguientes, en los subterráneos de Tejas Verdes, se practicaron crueles torturas a varios detenidos, utilizando incluso sopletes de acetileno para perforar los cuerpos de las víctimas.
Numerosos testimonios sobre el horror que allí se vivió fueron recogidos por los miembros de la Comisión de Verdad y Reconciliación creada en el gobierno del Presidente Patricio Aylwin.
El campo de prisioneros de Tejas Verdes -conocido como ‘‘El Sheraton’’- se ubicaba al pie de un cerro donde los detenidos podían observar dos cristos, a muy escasa distancia de la ruta que ingresa a Santo Domingo, junto al río Maipo, y oculto tras una empalizada.
Hasta allí eran trasladadas personas que provenían de ‘‘La Silla’’, el cuartel secreto que funcionó en calle Londres 38, junto a la iglesia San Francisco, en pleno centro de la ciudad de Santiago. Los prisioneros llegaban con los ojos vendados los martes, jueves y viernes a bordo de un camión cerrado, usado normalmente para cargar carne.
En el recinto, al mando de un teniente, había 14 cabañas, dos patios y cuatro torres de vigilancia. Tras 20 días de permanencia en ese campo, se le llevaba vendado en un camión a las instalaciones del regimiento para ser interrogado, donde se les practicaban diversos métodos de tortura. Ex prisioneros del lugar lograron identificar más de una docena de tormentos diversos.
Uno de ellos fue relatado por Muñoz Alarcón:
El ‘‘fusilamiento’’.- Es poco utilizado. Más bien corresponde a una medida extrema que se utilizó durante los meses de septiembre, octubre y noviembre. No se sabe de haberse practicado posteriormente a estas fechas. El método es el siguiente:
Luego de haber practicado diversos interrogatorios, con una diversidad de métodos, la persona es ‘‘condenada’’ al fusilamiento. Durante todo el día, personal del Ejército se preocupa de levantar una empalizada que se recubre con sacos de arena. Adelante se coloca un banquillo de madera. Los preparativos se hacen con bastante ruido y voces alusivas al fusilamiento. También esto sirve para amedrentar al resto de los detenidos.
En la tarde o muy de madrugada, el detenido es sacado, encapuchado y amarrado de manos a la espalda. Luego sentado en el banquillo y arreglado adecuadamente. Se le acerca un miembro del Ejército (teniente u otro oficial) y le sugiere ‘‘amistosamente’’ que es preferible confesar todo lo que sabe que el fusilamiento el que es posible evitarlo sólo confesando culpabilidad, etc. Si existiere negativa o se mantuviere la idea de inocencia, se le da paso a un ‘‘sacerdote’’ quien, Biblia en mano, le da la extremaunción al detenido. El sacerdote acompañará al detenido hasta el final. A continuación, un miembro del Ejército lee un ‘‘decreto-ley’’ que declara culpable y condenado a fusilamiento a la persona. Se escucha ruido de armas, el sacerdote que reza y que se retira lentamente. Pronto se oye la orden de mando y la descarga. Con una precisión increíble se le deja caer al detenido un fierro sobre ambos hombros y un golpe sobre la cabeza que deja inconsciente a la persona.
Los momentos más brutales y dramáticos se vivieron entre septiembre de 1973 y marzo de 1974, momento en que los celadores fueron trasladados. Uno de los sargentos fue destinado al norte; el otro, a una unidad militar cercana a Santiago. Se cambiaron también los torturadores y a varios oficiales.
Las notorias variaciones en el trato a los prisioneros coincide con la partida del coronel Contreras. En los primeros días de marzo de 1974, el oficial abandona Tejas Verdes y entrega el mando de la unidad al coronel Manuel de la Fuente.
Desde las primeras semanas que siguieron al golpe militar del 11 de septiembre de 1973, el coronel Contreras empezó a poner en práctica sus conocimientos y habilidades en inteligencia. Él era profesor de Academia en esa materia y había demostrado en Chile y en el extranjero dotes sobresalientes al respecto.
En todas las unidades donde había estado destinado, puso en práctica esos conocimientos, realizando juegos de guerra y ejercicios con oficiales y clases.
A fines de septiembre de 1973, Contreras concurrió a una de las reuniones de la Comunidad de Inteligencia del Estado Mayor de la Defensa Nacional, que coordinaba el general de la Fuerza Aérea Nicanor Díaz Estrada. Allí expuso de manera sucinta sus ideas sobre la necesidad de impulsar una lucha antisubversiva y de contar con los mejores recursos de las Fuerzas Armadas para la inteligencia política que era urgente realizar.
Todos los presentes, oficiales de la Armada, de la FACh y de Carabineros, sabían que el coronel Contreras contaba con el respaldo personal del general Pinochet y que los propósitos expuestos se iban a transformar en una nueva entidad, más poderosa, más temible que cualquiera de los servicios de inteligencia conocidos en Chile hasta ese instante.
En los días siguientes, Contreras se puso al frente de una secreta dependencia que empezó a ordenar las informaciones sobre los miles de presos que se aglomeraban en el Estadio Nacional, en el Estadio Chile y en diversas unidades militares y campos de concentración distribuidos en todo el país.
Los volúmenes de documentos incautados formaban cerros, las listas de detenidos eran interminables y era urgente saber lo más posible sobre el MIR, el GAP, el PS, el PC, los extranjeros, los marxistas que estaban tratando de pasar inadvertidos en las universidades, en las industrias, en el gobierno. El coronel requería mucha gente, los mejores hombres no sólo del Ejército, sino también de la Armada, de la FACh, de Carabineros, de Investigaciones y de civiles, de muchos civiles.
Empezó a revisar los componentes de los últimos cursos de la Academia de Guerra, marcando a los que tenían alguna preparación en inteligencia. Pensó en los oficiales que le habían sido más fieles, en sus conocidos, en los amigos, en los posibles expertos civiles que sólo conocía de oídas.
El paso siguiente fue empezar a pedir formalmente a las otras instituciones armadas que los pusieran a su disposición. La Contraloría General de la República procedió entonces a dar curso a las autorizaciones para que oficiales y suboficiales fueran trasladados a cumplir comisiones de servicios a la nueva y secreta instancia, donde realizarían ‘‘actividades especiales’’.
Contreras seguía al mando de la Escuela de Ingenieros y tenía su casa particular en las Rocas de Santo Domingo. Decidió concentrar en esa zona a los primeros cuadros que integrarían la DINA.
Las últimas seis semanas de 1973 fueron decisivas para la organización que estaba formando el coronel del arma de ingenieros. Los primeros hombres elegidos se pusieron bajo su mando; desde la sede del gobierno militar, en el Edificio Diego Portales, se ordenó transferir a los civiles que estaban colaborando en labores de inteligencia; y, la Junta de Gobierno creo la Secretaría Ejecutiva Nacional de Detenidos, Sendet, que regularía el trato a los detenidos.
En el decreto reservado que creó la Sendet se había incubado el origen legal de la DINA, como una dependencia encargada de reglamentar los interrogatorios, clasificar a los presos y coordinar las labores de inteligencia.
Varios de los primeros funcionarios de la DINA comenzaron a operar desde el segundo piso del cerrado Congreso Nacional, donde en los 90’ funcionaban varias de las más importantes oficinas de Dirección de Relaciones Multilaterales de la Cancillería chilena.
El 8 de diciembre de 1973, el coronel Manuel Contreras se trasladó a Marcoleta 90, muy cerca de Plaza Italia, en Santiago. Ese edificio pasaría a ser el cuartel central de la DINA.
En los altos de la ex sede del Poder Legislativo, frente al Palacio de Justicia, se ubicaron los civiles que habían pasado a conformar la Brigada de Inteligencia Ciudadana, BIC, conocida como la Brigada Miraflores, encargada de recabar datos desde empresas, hoteles, líneas aéreas, medios de prensa, embajadas, reparticiones públicas, colegios profesionales, sindicatos y en cualquier otra instancia que mereciese sospechas.
Al iniciarse el mes de enero de 1974, la capitán de Carabineros Ingrid Olderock, paracaidista y avezada experta en artes marciales, inició el adiestramiento del primer curso de mujeres DINA, instaladas en varias modestas cabañas que habían formado parte de una colonia de vacaciones en Santo Domingo, que el coronel Contreras decidió ocupar sin miramientos ni formalidades.
Simultáneamente, varias decenas de hombres que habían recibido formación básica en inteligencia viajaron a Santiago y a otras ciudades importantes para sentar las bases de las nuevas brigadas encargadas de los arrestos, de los interrogatorios y de la verdadera cacería de los militantes de partidos de izquierda.
Los oficiales fundadores de la DINA, tanto del Ejército como de las demás instituciones armadas, fueron personalmente seleccionados por el coronel Contreras y, se suponía, eran los más decididos y los más capaces. En cambio, el personal de suboficiales puesto a disposición por las Fuerzas Armadas y Carabineros fue el que, en las respectivas unidades, resultaba más conflictivo: ebrios, personas con problemas conyugales o con líos judiciales pendientes, personal calificado en listas 3 y 4, etc.
En un comienzo, los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas y de Carabineros, sin perder sus respectivas identidades, operaron sin mayores problemas bajo el mando unificado de Contreras. Tal buen entendimiento se prolongó hasta 1975, año en el que se institucionalizó la Escuela de Inteligencia del Ejército y se estableció en el fundo Los Morros de Nos, en un inmueble que fuera donado al Ejército por Sergio Fernández Larraín, antiguo político conservador.
El coronel Contreras -hombre muy celoso de las exclusividades- no vio con buenos ojos el que se comenzara a establecer otra doctrina de inteligencia que la impartida en la ENI, Escuela Nacional de Inteligencia, instituto de la DINA que funcionaba desde 1974 en el ex fundo La Rinconada de Maipú, y cuyas instalaciones inmuebles fueron expropiadas a la Escuela de Agronomía de la Universidad de Chile.
A tal molestia de Contreras se debe agregar la creciente antipatía e incompatibilidad que, desde fines de 1974, se empezó a producir entre el coronel y el general Odlanier Mena, director de Inteligencia del Ejército.
En varias oportunidades, Mena se quejó ante el general Pinochet de que resultaba inconcebible que un coronel tuviera atribuciones mayores que las de los generales, lo que, por lo demás, era rigurosamente cierto.
Además, las quejas de Mena hacían referencia a que Contreras se negaba, desde comienzos de 1975, a asistir a las reuniones de coordinación de la Comunidad de Inteligencia de las Fuerzas armadas, entidad no oficial que funcionaba en el edificio situado en Alameda con Presidente Ríos, a metros de la avenida Santa Rosa.
Entre 1975 y 1977, las pugnas entre la DINA y las entidades de inteligencia de las Fuerzas Armadas y Carabineros se fueron haciendo cada vez más insostenibles, llegando al extremo de entorpecerse recíprocamente en la búsqueda y evaluación de informaciones.
El teniente coronel (R) Sergio Fernández, director en 1975 de la Escuela de Inteligencia del Ejército en Nos, calificó al coronel Contreras como nazi y prepotente; ello, ante la presencia de la totalidad de los alumnos de la Escuela.
El secretario de estudios de la Escuela, el mayor Riveros, advirtió a su jefe que midiera sus palabras ya que en ese curso había varios oficiales pertenecientes al arma de Ingenieros y, por ellos, próximos o conocidos del coronel Contreras.
Las situaciones conflictivas se sucedían a diario, llegándose a pugilatos entre oficiales alumnos de ambas escuelas de Inteligencia, particularmente cuando había de por medio algunos tragos demás. En una oportunidad, en mayo de 1975, el entonces mayor José Zara Holger, que prestaba servicios en la DINA, encañonó con su revólver cargado y amartillado a un capitán que estaba haciendo el Curso Básico de Inteligencia en Nos, al tiempo que le exigía repetir que tal curso era una mierda. El capitán no tuvo más remedio que acceder al requerimiento de Zara.
En la Junta Calificadora de Oficiales de 1976, por presión ejercida ante el Cuerpo de Generales por el propio Pinochet, el general Mena fue llamado a retiro, recibiendo como premio de consuelo la embajada de Paraguay.
Contreras veía así parcialmente ganada su pugna con Odlanier Mena, habiendo crecido circunstancialmente la capacidad operativa de la DINA, entidad que, en tales condiciones, sólo continuaba teniendo rivalidad con un enemigo de importancia menor: la Dirección de Inteligencia de la FACh, lo que, al menos en el futuro inmediato, no representó dificultades para el coronel Contreras.
A pesar de que, desde comienzos de 1975, con la anuencia de Pinochet, había quedado claramente establecido que la DINA sólo realizaría funciones de inteligencia política y, obviamente, las tareas de represión hoy ampliamente conocidas, y que las funciones referidas a la inteligencia militar serían tarea de los respectivos servicios institucionales, el coronel Contreras no perdió oportunidad para mostrar hasta donde podían llegar los brazos de la DINA.
En marzo de 1975, la capitán de Carabineros Ingrid Olderock, adscrita a la DINA, fue consultada por Contreras por la posibilidad de infiltrarse en instalaciones militares en territorio peruano.
La capitán -mujer extraña y muy decidida- tardó muy poco en aceptar la misión y en exponer a Contreras su H.F, historia ficticia.
Ingrid Olderock aprovecharía su verdadera condición de pastora luterana y su perfecto dominio del idioma alemán para ingresar a Perú encabezando una delegación pastoral que promovería la lectura de La Biblia.
Tal delegación estaría formada por seis mujeres jóvenes que en 1974 habían efectuado el primer curso de inteligencia en Rocas de Santo Domingo. Las muchachas debían saber tocar guitarra y cantar razonablemente bien.
Para cumplir su cometido, Ingrid requirió tan sólo una camioneta adecuada que tuviera patente de Alemania Federal y un stock apropiado de Biblias. El resto sería de su entera responsabilidad.
El coronel Contreras aceptó de inmediato. Una semana más tarde, la capitán Olderock recibió la camioneta y toda la documentación probatoria del origen alemán del vehículo. Frenéticamente, la capitán la cubrió de calcomanías con motivos religiosos y con lecturas tales como ‘‘Cristo Viene’’ y ‘‘La Biblia es fuente de salvación’’.
El paso siguiente fue instruir aceleradamente a sus agentes sobre la naturaleza de la misión a cumplir, para lo cual contó con la eficiente ayuda de
Irma Guareschi
, una de las asesoras predilectas de Ingrid Olderock.
La misión de infiltración fue cumplida con el más amplio de los éxitos, superando incluso las expectativas originales del general Contreras.
En poco más de un mes, la delegación pastoral recorrió todo el Perú, de sur a norte y de norte a sur, ingresando en todos los ámbitos militares que quiso.
Con el pretexto de ofrecer ejemplares de La Biblia al personal de oficiales, suboficiales y tropa, la delegación ingresaba a los recintos y dedicaba a los uniformados conciertos de cánticos. Además, Ingrid Olderock, experta teóloga luterana, supo manejar muy bien su fingido mal uso del español para arengar a sus auditores en cuanto a la necesidad de preparar las condiciones para la Segunda Venida de Cristo.
Fue así que se pudo comprobar que el Ejército peruano estaba empleando armamento soviético de última generación y que en los ejercicios de tiro de artillería se estaban empleando cartas topográficas editadas por el Instituto Geográfico Militar de Chile, en escala 1:25.000 y 1: 50.000, de las provincias chilenas de Arica, Iquique, Antofagasta y La Serena. También se pudo evaluar el nivel de preparación de las tripulaciones de los tanques soviéticos del Ejército del Perú, el que fue calificado de muy malo en el informe de Ingrid Olderock.
Quizás si el más espectacular -ya que no el más productivo- resultado de la infiltración en el Perú de la capitán Olderock y de su delegación pastoral fue el haber podido haber ingresado a la base aérea ‘‘La Joya’’ de la Fuerza Aérea Peruana y haber fotografiado las formaciones de caza-bombarderos Mirage, elemento de reserva estratégica en la esperada guerra en contra de Chile.
Igualmente se pudo contar con fotografías de oficiales cubanos, húngaros y soviéticos que se desempeñaban como instructores en las Fuerzas Armadas de Perú.
La pugna entre los medios de inteligencia de las Fuerzas Armadas y la DINA encuentra una pintoresca y elocuente expresión en una situación producida durante 1976 en la provincia de San Antonio.
Se tenía público conocimiento de que el ex presidente Eduardo Frei viajaba con relativa frecuencia al balneario de Santo Domingo, hospedándose en la mansión de un enigmático y acaudalado empresario de origen hebrero de apellido Klein, y haciéndose acompañar la mayor parte de las veces por su ex subsecretario del Interior, Raúl Troncoso, o por Rafael Moreno.
Era también de público conocimiento que Frei sostenía habitualmente reuniones con la ex diputada Juana Dipp y con el ahora también ex parlamentario Sergio Velasco, por entonces director del DUOC de San Antonio. Ambos eran activos dirigentes del entonces ilegal Partido Demócrata Cristiano.
El CIRE de San Antonio, sin la anuencia del gobernador de San Antonio y director de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes, coronel Julio Bravo Valdés, decidió seguir los pasos de Eduardo Frei.
Para tal efecto se optó por un seguimiento vehicular, el que no dio más resultados que confirmar las reuniones del ex gobernante con sus camaradas políticos.
El paso siguiente fue comisionar a un cabo adscrito al CIRE para que viera la posibilidad de infiltrar la residencia de Klein, cometido que dio buen resultado ya que el mayordomo de la casa resultó ser homosexual, por lo que accedió a que el cabo prestara servicios de jardinería.
Al correr de una semana, el cabo del CIRE de San Antonio se movía a sus anchas en la residencia, habiendo logrado la instalación de micrófonos inalámbricos y pudiendo conversar en varias oportunidades con el ex mandatario.
La primera detección de importancia que consiguió la infiltración fue comprobar la realización de una comida entre Frei y varios generales en retiro de Carabineros, en la que hubo ácidas referencias al gobierno de Pinochet.
Además, y gracias al sistema de micrófonos, se pudo establecer la totalidad de los nexos sociales y políticos del ex gobernante en el área comprendida entre Melipilla, Algarrobo y San Antonio.
Con tales logros, el teniente a cargo del CIRE se decidió a informar al coronel Bravo de la acción realizada. El coronel, saltándose los conductos normales y por una motivación de solidaridad entre compañeros de arma -ambos de ingeniería- informó del logro obtenido por su gente al director de la DINA, quien aprobó entusiastamente la infiltración y ofreció su colaboración para ampliarla.
Pero, paralelamente y por un móvil de astucia, Bravo informó lo mismo a su superior directo, el comandante de Institutos Militares, general Julio Canessa Robert.
Canessa, tras haber felicitado a Bravo por lo que estimó una proeza de inteligencia, ordenó tajantemente, luego de tres días, que se dejara sin efecto todo lo logrado. ¿Qué había ocurrido? Simplemente, que la Dirección de Inteligencia del Ejército, informada por Canessa, desaprobó absolutamente que un CIRE estuviera prestando servicios a la DINA; ello, a pesar de los obvios buenos antecedentes que se estaban obteniendo con la infiltración.
Otro aspecto, esta vez casi anecdótico, tuvo como escenario también la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes.
A comienzos de 1974, el sacerdote de nacionalidad estadounidense, Gerald Brown, integrante de la congregación de la Holy Cross, comenzó a servir el cargo de párroco de la iglesia de Rocas de Santo Domingo.
Desde el principio, el padre Brown hizo pública ostentación de su simpatía por la Junta Militar que había derrocado al presidente Allende, llegando a desempeñar la capellanía honoraria de la Escuela de Ingenieros de Tejas Verdes y oficiando una o dos veces al mes la eucaristía para el general Augusto Pinochet en el predio de Bucalemu cuando éste pasaba algunos fines de semana de descanso en tal lugar.
Además, durante 1974, el sacerdote realizó un par de giras por los Estados Unidos en las que dictó conferencias en favor de la legitimidad del golpe militar chileno.
En conversaciones privadas con un teniente de la Escuela de Ingenieros, el padre Brown reconoció haber sido uno de los propiciadores de la edición y venta en Chile del libro
Nadie se atreve a llamarlo conspiración
, texto escrito por católicos conservadores estadounidenses y que denuncia la existencia de la sinarquía, supuesta alianza de los potentados económicos de todas las nacionalidades para el dominio mundial.
El concepto de sinarquía (en griego, cogobierno o gobierno conjunto) es denominado por otros tratadistas ‘‘mundialismo’’, contexto en el que existía una confabulación judeo-masónica-marxista para uniformar la vida de los pueblos del mundo, arrasando para ello con cualquier vestigio de tradición o de cultura locales.
Se debe anotar que sólo una edición de
Nadie se atreve a llamarlo conspiración
, prologada por Gonzalo Ibáñez Santa María, circuló en Chile durante 1974. Consultado el padre Brown en torno a tal hecho, respondió en su mal español:
-Es la conspiración, es la conspiración...
No obstante, el sacerdote pudo obsequiar un ejemplar al general Augusto Pinochet, señalando después que éste se había sentido vivamente impresionado por el contenido de la obra.
El padre Brown -antes de caer en desgracia- llegó a tener una estrecha relación de amistad con Pinochet, departiendo con éste largas sobremesas en los almuerzos de Bucalemu.
Un primaveral domingo de noviembre de 1975, el ex presidente Eduardo Frei, acompañado por su ex subsecretario del Interior, Raúl Troncoso, asistió a la misa del mediodía en la parroquia de Rocas de Santo domingo.
Era usual que después de cada oficio dominical el padre Gerald Brown saliera a departir con sus feligreses en el atrio de entrada de la iglesia. En esa oportunidad, el ex gobernante tuvo la obvia idea de ir a presentar su saludo al sacerdote, el que dio a Frei un efusivo apretón de manos.
Tal gesto fue visto por todos los asistentes a la misa y reputado como un simple acto de cortesía. Pero Inés de Gálmez, cónyuge del entonces edil del balneario, Domingo Gálmez, no compartió la apreciación general y se apresuró a tomar inmediato contacto telefónico con Lucía Hiriart de Pinochet, su jefa en CEMA Chile, ante quien denunció la ‘‘irresponsabilidad de este cura de mierda’’.
Una semana después, el entonces director de la Escuela de Ingenieros, coronel Manuel de la Fuente, recibió un oficio proveniente del jefe de la Casa Militar de la Presidencia de la República, en el que se le indicaba que, ‘‘por haber incurrido en conductas públicas inconvenientes’’, el sacerdote Gerald Brown quedaba impedido de ingresar al cuartel de la Escuela de Ingenieros y al predio de Bucalemu.
El coronel de la Fuente -hombre poco dado a discutir- se apresuró a dar cumplimiento a la disposición, a pesar de ser católico observante y amigo del clérigo.
Un teniente de la Escuela de Ingenieros continuó invitando a su casa al sacerdote ya que éste prestaba asistencia sacramental a su anciano padre. El coronel se percató del hecho y llamó al oficial a su despacho.
-Oiga joven. ¿Usted no sabe que el padre Brown no puede ingresar al recinto de la Escuela?
-Mi coronel, mi casa, aunque sea fiscal, es mi casa y ahí mando yo. Además, el padre Gerald es mi amigo y le lleva la comunión a mi padre.
-De acuerdo. Entonces, la próxima vez que el padre Gerald venga a su casa, usted viene al día siguiente a firmarme su hoja de vida con un día de arresto,
-A su orden, mi coronel, pero yo me veré obligado a reclamar en su contra.
Afortunadamente para el teniente, el coronel de la Fuente, fuera de ser poco dado a discutir, sentía un horror enfermizo por la posibilidad de reclamos en contra. El padre Brown continuó visitando la casa del oficial.
En febrero de 1976, asumió la dirección de la Escuela de Ingenieros el coronel Julio Bravo, hombre dado a hacer prevalecer sus fueros y ferviente católico.
Una de sus primeras gestiones fue averiguar lo ocurrido con el sacerdote Gerald Brown, por estimar que el personal bajo su mando necesitaba de asistencia religiosa.
Enterado de toda la situación, Bravo se comunicó por el teléfono ministerial con su amigo personal, el entonces coronel Manuel Contreras, director de la DINA, y le pidió que apoyara la rehabilitación del sacerdote.
Contreras, que estaba perfectamente al tanto de la injusticia hecha al padre Brown, se apresuró a comisionar a dos oficiales de su dependencia para que visitaran al clérigo y emitieran un amplio informe precisando la realidad de lo ocurrido.
El 12 de abril de 1976, dos capitanes de la DINA se entrevistaron con el padre Gerald Brown en el cuartel de la Escuela de Ingenieros, asegurando posteriormente al coronel Bravo que el problema quedaría resuelto en breve plazo.
Sin embargo, luego de haber transcurrido un mes, nada indicaba que se hubiera rehabilitado desde la Casa Militar al párroco de Rocas de Santo Domingo,
A fines del mes de mayo de ese año, el coronel Bravo recibió aviso de que el general Pinochet pasaría dos días en el predio de Bucalemu.
-Esta es nuestra oportunidad. Le vamos a decir a mi general Pinochet que la DINA le dio el visto bueno al cura Brown-, comentó el oficial a su ayudante.
El coronel Julio Bravo y su ayudante se trasladaron a Bucalemu a esperar la llegada del general Pinochet, quien viajaba desde Santiago acompañado de su esposa. Era la tarde de un viernes.
Cuando Pinochet hubo llegado, todos los presentes se instalaron a tomar té en uno de los salones de la residencia de Bucalemu.
Se comenzó hablando de temas generales, por ejemplo, de cómo se estaba presentando la situación entre los portuarios de San Antonio, ámbito de tradición izquierdista. Al cabo de una hora de conversación, Pinochet impartió instrucciones sobre sus dos días de descanso.
-...y me gustaría, Bravo, que se hiciera misa este fin de semana; usted sabe que hay que estar bien con el caballero de arriba-, dijo al coronel.
Bravo dirigió una furtiva mirada a su ayudante.
-Mi general, yo pienso que sería la oportunidad de que el padre Gerald Brown volviera por estos lados. Usted sabe que la DINA elevó un informe que...
-¡Por ningún motivo, Augusto!, intervino furibunda doña Lucía.
-¡Yo no voy a permitir que ese cura bolsero, que venía puro a tomarte el whisky, y que se permitió darle la mano en público a ese canalla de Frei, vuelva a pisar esta casa!-, agregó.
El general Pinochet dirigió a Bravo una elocuente mirada.
-Mi amigo, en esta vida hay que saber perder-, comentaría más tarde el padre Brown a su amigo teniente.
El personal que llegó a trabajar en la DINA se estima en varios miles de personas. Su estructura interna varió constantemente según las necesidades operativas que cambiaron varias veces entre 1973 y 1977.
Poco antes de ser disuelta, en la DINA funcionaban agrupaciones, unidades, brigadas, departamentos y cuarteles, todos ellos con jerarquías y mandos muy claramente establecidos. A continuación, algunos aspectos de la estructura de la DINA:
DIRECCIÓN. - Durante toda su existencia la DINA tuvo en este cargo al coronel Manuel Contreras. Junto a él trabajaban personas de su absoluta confianza como Néliga Gutiérrez, su secretaria privada, y el oficial de Ejército Alejandro Burgos, oficial de enlace, asistente y coordinador del director. Más tarde fue reemplazado por Hugo Acevedo Godoy.
ESTADO MAYOR. - Son diversas las versiones acerca del número de integrantes que tenía. Se sabe que lo integraron Rolf Wenderoth, César Manríquez Bravo, Vianel Valdivieso, Raúl Eduardo Iturriaga Neumann, Hernán Brantes Martínez, Marcelo Moren Brito, Maximiliano Ferrer Lima, Víctor Hugo Barría Barría y Germán Barriga Muñoz, entre otros, todos oficiales de Ejército.
SUBDIRECCION.- Al principio fue el contralmirante Rolando García y le siguió el oficial de Ejército Gerónimo Pantoja, quien tuvo un papel más importante que su antecesor.
DIRECCIÓN DE OPERACIONES. - Este cargo fue creado cuando la DINA tuvo una estructura claramente definida y pareció necesario reemplazar el Estado Mayor. El jefe de esta instancia fue el teniente coronel Pedro Espinoza, conocido como ‘‘Don Rodrigo’’ y que antes de llegar al cargo se desempeñó como jefe del centro de detención y torturas de la Villa Grimaldi.
Bajo la Dirección de Operaciones estaban el Departamento Exterior y el Departamento de Inteligencia Interior del DEPARTAMENTO DE INTELIGENCIA INTERIOR dependían la Brigada de Inteligencia Metropolitana (BIM), la Brigada de Inteligencia Regional (BIR) y la Brigada de Inteligencia Ciudadana (BIC).
-La Brigada de Inteligencia Metropolitana (BIM) era la encargada de las operaciones de la DINA en la Región Metropolitana. Al ser creada fusionó bajo su mando a las brigadas Caupolicán, Purén y Lautaro, que fueron cambiando de mandos en la medida que variaron los objetivos.
En la brigada Purén, hasta 1975 dirigida por Raúl Iturriaga y a cargo del Partido Socialista, trabajaron muchos oficiales que efectuaron más tarde importantes misiones en el exterior.
La Brigada Caupolicán era la más temida. De ella dependían las agrupaciones Águila, Halcón I, Halcón II, Tucán y Vampiro, que ejercían las labores de represión directa.
Inicialmente, la BIM, cuyo primer jefe fue el oficial de Ejército Carlos López Tapia, tuvo su base en Rinconada de Maipú, en un fundo expropiado a la Universidad de Chile. Más tarde se trasladó a la Villa Grimaldi, donde operaba principalmente Caupolicán -a cargo del combate en contra del MIR- y Purén, encargada de otros partidos.
La Plana Mayor, encargada de labores generales de inteligencia, apoyaba al director de la BIM. También contaba con su propia sección de logística y administraba las cárceles más importantes de la DINA como Cuatro Álamos y Villa Grimaldi.
La Brigada de Inteligencia Regional (BIR) funcionaba en las capitales regionales y tenía a su cargo todas las operaciones en provincia.
La Brigada de Inteligencia Ciudadana (BIC) tenía como tarea recabar información de las reparticiones públicas, del registro de identificación, de hoteles, empresas diversas, hospitales y de clínicas privadas. Estaba integrada sólo por civiles y la encabezaba Carlos Labarca Metzger. También trabajaban en ella Guido Poli y Fernando Rojas Cruzat.
DEPARTAMENTO EXTERIOR:
surgió en abril de 1974 y ya en junio había desarrollado una gran capacidad extraterritorial con agentes operativos en varios países.
Sus misiones básicas eran neutralizar a las personas consideradas enemigas del régimen militar chileno, organizar los viajes de altos funcionarios de gobierno y ejercer control sobre la red oficial en el exterior, es decir los funcionarios asignados a las misiones diplomáticas.
Estaba dividida en Cóndor -una agrupación de los servicios de inteligencia del Cono Sur-, Inteligencia y Contrainteligencia.
Disponía de civiles de extrema derecha y personal de las tres ramas de las Fuerzas Armadas que ya tenían formación en el área de inteligencia. La mayoría pertenecían a la DINA. También contó con funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores y con empleados de empresas chilenas con oficinas en otros países.
El director de la DINA ejercía un estrecho y directo control del Departamento Económico y del de Contrainteligencia, donde funcionaba la unidad de Telecomunicaciones a cargo de Vianel Valdivieso, hombre de total confianza del coronel Contreras.
En la DINA fue muy importante el Departamento de Análisis, con labores de archivo y análisis exterior. Este departamento prestaba especial asistencia a los de Operaciones y Económico.
También existió la Brigada del Cuartel General que tenía principalmente funciones de custodia del recinto y que más de alguna vez también cumplió labores operativas. El responsable era el oficial de Ejército Juan Morales Salgado, que encabezaba la escolta del coronel Contreras.
Esta brigada dependía directamente de Reumen, una unidad de contrainteligencia que dirigía el que fue el último subsecretario general del gobierno militar, Jaime García Covarrubias.
También operaron otras brigadas como Fresia y Guacolda.
Del Departamento de Logística dependían todos los cuarteles, las clínicas, las adquisiciones y la inteligencia electrónica.
Cerca de éste se ubicaba el Departamento de Operaciones Sicológicas, que contaba con una unidad de propaganda y guerra sicológica, una de prensa y otra de relaciones públicas.
En Rocas de Santo Domingo, a cargo de Mario Jara, operó la Agrupación Bronce.
Papeles de la Dictadura: los 26 médicos y cinco enfermeros que sirvieron en las clínicas de la DINA
ciper.cl, 1 de Septiembre 2023
El 1 de junio de 2007, un carabinero en retiro y exagente de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), el organismo represivo de los primeros años de la dictadura, compareció ante un juez. Lo interrogaron por el asesinato del cabo
Manuel Leyton Robles
, ocurrido en 1977, a quien la DINA eliminó en la Clínica London. Leyton tenía en su poder un auto encargado por robo -había pertenecido a un detenido desaparecido- y por eso fue arrestado por Carabineros. En el cuartel policial explicó a qué se dedicaba y mencionó las detenciones ilegales que realizaban los agentes de la dictadura. Quedó libre. Pero, para la cúpula de la DINA, había hablado más de lo aconsejable. Lo condujeron a un chequeo médico en la Clínica London -uno de los tres recintos asistenciales creados por la DINA- donde, a pesar de su buena condición física, sufrió un paro cardiorrespiratorio fatal.
El interrogatorio al exagente, cuya identidad CIPER mantiene en reserva, derivó en una detallada descripción de las tres clínicas de la DINA: Santa Lucía, London y El Golf. A estas alturas, la justicia ha establecido que el organismo de seguridad reclutó a un grupo de médicos que ayudaron a la DINA con el control, reanimación y, en algunos casos, hasta homicidio de detenidos. El exagente declaró que cuando en un cuartel había un detenido que no podía proporcionar más información, los doctores cumplían un rol: “Se mandaba a llamar a un médico de la DINA, quien iba y atendía al detenido. No recuerdo quiénes eran, pero eran de la clínica (Santa Lucía). Estos médicos estaban para eso, era su función y para lo que fue creado dicho centro asistencial”, afirmó.
Los esfuerzos periodísticos por revelar el funcionamiento de lo que la prensa denominó “la brigada sanitaria” de la DINA, no han sido pocos. Lo hizo Chilevisión en 2014, cuando encaró a seis médicos que están en la nómina de los profesionales que prestaron estos servicios y reveló sus lugares de trabajo: entre ellos el oftalmólogo
Vittorio Orvieto Tiplitzky
, el otorrinolaringólogo
Eugenio Fantuzzi Alliende
y el fallecido
Manfred Jürgensen Caesar
.
Años antes, la periodista
Mónica González
, fundadora de CIPER, ya había publicado la existencia de estos centros asistenciales en reportajes que contenían una lista de doctores de la Clínica London. Y para su libro “El despertar de los Cuervos”, el periodista
Javier Rebolledo
accedió a las declaraciones hechas por el personal de salud de estas clínicas en la investigación del ministro
Alejandro Solís
, expediente que se encuentra archivado. CIPER pudo revisar esos y otros testimonios que dieron forma a este artículo y constató que al menos siete médicos continúan ejercicio en el sector privado. Para este reportaje se contactó a los siete, a objeto de incorporar sus versiones, pero solo una doctora accedió a que su testimonio fuera publicado.
DOCTORES INVESTIGADOS POR EL JUEZ SOLÍS
La nómina de 31 profesionales elaborada por CIPER solo incluye a aquellos que formaron parte de las clínicas que investigó el juez Alejandro Solís. De ellos, solo cinco han sido condenados en causas de derechos humanos. En ese listado se incluye al fallecido Manfred Jürgensen, hermano del exconvencional Harry Jürgensen (RN), que fue sentenciado a ocho años de presidio mayor como cómplice del homicidio calificado del profesor y militante del MIR, Federico Álvarez Santibáñez. Otros tres están a la espera del fallo de la Corte Suprema.
Las declaraciones a las que tuvo acceso CIPER, con acusaciones y relatos de torturas, fueron entregadas, en su mayoría, por extrabajadores de las clínicas. Algunos de esos archivos fueron integrados a “Papeles de la Dictadura”, una plataforma con más de 4 mil documentos en línea desarrollada por CIPER con la colaboración del CIP-UDP (
vea acá la plataforma “Papeles de la Dictadura”
). En esos registros, los datos sensibles de las víctimas y de los trabajadores de las clínicas que formularon las denuncias fueron tarjados.
De acuerdo a la investigación judicial, al menos 13 médicos habrían egresado de la Universidad de Chile. No es extraño. En esa época, el coronel de la FACH,
Dámaso González Espinosa,
quien lideró el área dental de la Clínica Santa Lucía, ejercía como profesor en esa universidad y se encargó de reclutar a una parte del personal. Así lo señalaron a CIPER algunos médicos contactados.
En las declaraciones se menciona a tres personas a cargo de estos establecimientos: el cardiólogo de la FACH,
Werner Zanghellini Martínez
, el pediatra
Hernán Horacio Taricco Lavín
y la enfermera
Eliana Carlota Bolumburú Toboada
. El pasado mes de marzo, la Corte Suprema condenó, por primera vez, a Werner Zanghellini a una pena de cárcel. Los otros dos están procesados y con una sentencia ratificada por la Corte de Apelaciones de Santiago en la investigación por el homicidio del cabo Leyton, causa que debe revisar la Corte Suprema.
Un sargento (r) de Carabineros testificó que fue en la Clínica Santa Lucía donde vio más agentes con prisioneros: “Efectivamente, vi llegar personas a ese recinto, las cuales al parecer habían sido recién detenidos por agentes, se les curaba, pero inmediatamente eran trasladados por los mismos agentes que los habían llevado”. Un enfermero que trabajó en el lugar declaró que “los médicos de la Clínica Santa Lucía frecuentemente eran solicitados en Villa Grimaldi para examinar a los detenidos, y siempre eran acompañados por un enfermero”. La villa era un cuartel secreto de la DINA donde se torturaba y asesinaba a detenidos. “En mi caso, recuerdo haber conversado con los detenidos que el médico examinaba, animándolos para que cooperaran en la información que se les solicitaba”, prosigue la misma declaración.
Los centros asistenciales fueron creados supuestamente para atender a los agentes civiles y sus familias, que no tenían cobertura en los hospitales de las Fuerzas Armadas. Efectivamente, en ellos también se dispensaba atención médica y dental. Una declaración del odontólogo
Pablo César Oyanguren Plaza
aseguró que en la Clínica London “incluso el presidente Pinochet se atendió en alguna oportunidad”. Otros relatos dicen que también lo hizo Manuel Contreras.
La declaración de un suboficial (r) del Ejército que fue enfermero en la Clínica Santa Lucía, es estremecedora: “Era sabido que en Villa Grimaldi se le pasaban autos por encima del cuerpo a los detenidos y que a veces se les pasaba la mano y llegaban moribundos a la (clínica) Santa Lucía. Cuando no había remedio se les tenía que dar muerte con pentotal. Desconozco qué pasaba con los detenidos a los que se les aplicaba pentotal, pero se comentaba que había otra brigada que se hacía cargo de ellos para lanzarlos al mar”.
“
Había una clave en la Clínica Santa Lucía, que era un aviso: viene paquete. Significaba que venía un detenido y uno entendía que no debía involucrarse. Lo ingresaban a una sala y luego le suministraban algo y después el paciente salía fallecido. Escuché por conversiones de estos médicos y la señorita Eliana, que suministraban ocho miligramos de pentotal, lo que ocasionaba una arritmia seguido de un paro cardiorrespiratorio, falleciendo en la clínica. Y como a la medianoche, lo sacaban ‘camuflado’, cubierto de una frazada”.
El párrafo anterior es parte de la declaración extrajudicial de un exempleado de la DINA, fechada el 29 de junio de 2005. Su testimonio es uno de los más detallados dentro de la investigación del ministro Solís. A quien denomina “señorita Eliana”, es la enfermera
Eliana Carlota Bolumburú Taboada
. En la Clínica Santa Lucía ejerció la jefatura de los enfermeros, incluso por sobre aquellos con rango militar. Al revisar las declaraciones del proceso judicial queda claro que jugó un rol fundamental en ese recinto, pese a que su nombre no resuene con el mismo impacto que el de otros profesionales que prestaron servicio a los aparatos represivos.
En 2015, Eliana Bolumburú fue condenada, en primera instancia, a tres años y un día, además de la inhabilitación de la profesión, como encubridora del homicidio del cabo Manuel Leyton. Pero el tribunal decidió otorgarle el beneficio de la libertad vigilada intensiva por el mismo periodo. Esa sentencia fue ratificada en 2020 por la Corte de Apelaciones de Santiago y actualmente está en espera del fallo de la Corte Suprema.
Las declaraciones de otros extrabajadores de las clínicas aseguran que Bolumburú estaba al tanto del trato que daba la DINA a los detenidos. Hay testimonios que la señalan como conocedora y cooperadora de los interrogatorios y del uso de pentotal, un anestésico conocido como “
el suero de la verdad”,
porque, suministrado en bajas dosis, provoca que los pacientes entren en un estado de somnolencia en que pueden seguir respondiendo preguntas. La aplicación de pentotal no ha sido probada por la justicia y la exenfermera se encuentra solo procesada en la investigación por el homicidio del cabo Leyton.
En una declaración policial de junio de 2005, un enfermero recordó el momento en que se encontró con Bolumburú cuando venía llegando en ambulancia de la Clínica London junto a un paciente en camilla. “Al que reconocí de inmediato, se trataba del cabo de Ejército Manuel Leyton Robles”, aseguró el enfermero. También agregó que, al volver a la clínica por la noche, se encontró con una señora a la entrada llorando: “Y le pregunté qué le sucedía, manifestando que había fallecido su esposo de un infarto, enterándome que se trataba del cabo Manuel Leyton”.
Más de un exfuncionario de la Clínica Santa Lucía apuntó a Bolumburú como una de las personas que controlaba el personal médico. En las declaraciones también se dice que hizo los mismo, por un corto periodo, en la London. “Debido a su cargo, estaba en conocimiento de todo lo que allí ocurría”, señaló un exenfermero del Ejército. Otro extrabajador contó que en una oportunidad acompañó a Bolumburú a Villa Grimaldi y que ella “se conectaba directamente y se conocía con los jefes. Pude apreciar las salas de interrogatorios a través de esta enfermera que tenía acceso directo a estas dependencias”.
En 2005 un suboficial (r) del Ejército declaró ante la PDI de Valdivia que hubo médicos de la Santa Lucía involucrados “secretamente en hechos de muerte de detenidos”. Entregó tres nombres: el doctor Werner Zanghellini, el anestesiólogo Osvaldo Leyton y la enfermera Bolumbrú Taboada.
Dos años más tarde el suboficial se encontró con Bolumburú en un careo. La enfermera fue tajante: “Yo estaba a cargo de comprar y suministrar los medicamentos que eran para el tratamiento del personal. Nunca supe del pentotal (…). Respecto a que había médicos involucrados en hechos de muerte en la clínica, es una calumnia, no sé qué pudo haberlo motivado a decir una mentira así”, enfatizó.
La primera vez que Eliana Bolumburú declaró, según los registros de este expediente, fue el 17 de junio de 2003, en la Oficina Central Nacional de la Interpol. Entonces sostenía que en las clínicas de la DINA no hubo situaciones irregulares. En 2005 declaró: “Nunca se atendieron personas detenidas. Además, debo asegurar que no conocí otros recintos de detención de la DINA”.
En 2006 su versión cambió. Esta vez confesó haber sabido de detenidos en la Clínica Santa Lucía. Según su nuevo relato, al recinto asistencial llegó una vez
Marcelo Moren
, exagente de la DINA que falleció en 2015 mientras cumplía una condena de más de 300 años. En esa oportunidad, contó Bolumburú, Moren apareció junto al agente
Osvaldo Pincetti
. Preguntaban por un detenido: “Yo sabía que había una persona que estaba en una cama del segundo piso, presumo que se trataba de un detenido político, pero de esta persona no supe su nombre, aunque vi que estaba con sus muñecas quemadas”, dijo la enfermera.
Eliana Bolumburú trabajó en la Clínica Santa Lucía y luego en la London. Se retiró a mediados de 1977, período en que se casó con el oficial y agente de la DINA,
Hugo “Cacho” Acevedo Godoy
, uno de los hombres más cercanos al jefe del organismo represivo,
Manuel Contreras
.
Eliana Bolumburú fue contactada por CIPER el pasado lunes 28 de agosto, pero no respondió a los mensajes. A través de su abogado, Hernán Aladín, señaló inicialmente que podría atender a nuestras consultas el jueves 31 de agosto. Pero ese mismo día su abogado explicó que, por razones de salud, no podría contestar nuestras preguntas hasta después del 20 de septiembre. CIPER ya había retrasado la publicación de este artículo ante la posibilidad de reunirse con ella, pero no se logró acordar una entrevista previa al cierre de este artículo.
Médico cirujano con especialidad en pediatría. Su residencia en Lo Barnechea, propiedad que según el Servicio de Impuestos Internos tiene un avalúo fiscal de más de $672 millones, figura a nombre de Inversiones Santo Domingo. Esa sociedad -constituida en 2013 e integrada por el médico y su familia- también es dueña del auto que estaba aparcado en su domicilio cuando CIPER intentó contactarlo, un Mercedes Benz de 2022.
En 2014 el programa de canal 13 “En su propia Trampa”, lo encaró por ofrecer en su consulta privada “Red Médica Tabancura” un falso tratamiento de láser que prometía curar trastornos psiquiátricos, además de adicciones como el tabaquismo y alcoholismo.
Al igual que Bolumburú, en 2015 Taricco Lavín fue condenado en primera instancia en el caso del cabo Leyton. El tribunal lo sentenció a tres años y un día como encubridor del homicidio, pero le otorgó la remisión condicional. En 2020, la Corte de Apelaciones redujo esa condena a 541 días, sin dictaminar la inhabilitación de la profesión. El médico interpuso un recurso de casación: alega que no participó en los hechos. Está a la espera del dictamen de la Suprema.
Taricco Lavín firmó el informe donde se aseguraba que la causa de muerte de Leyton habría sido por asfixia, debido a la aspiración de vómito, con un paro cardiorrespiratorio. Pero, en una declaración policial, el exagente de la DINA, Michael Townley, relató que recibió la orden “de proporcionar (gas)
sarín
para eliminar al cabo Leyton y que el autor material que aplicó el
sarín
fue un teniente del Ejército”.
En junio de 2003, Taricco negó su participación en el falso informe: “Nunca tuve el cargo de director de la Clínica London. Con respecto al informe que en estos momentos acabo de leer, el cual tiene mi firma, se trata de un informe técnico, que por una situación puntual y por ser un oficial de sanidad, se me pidió que pusiera el pie de firma como director, cargo que yo no tenía”.
Otro médico de la clínica,
Luis Hernán Santibáñez Santelices
, uno de los que examinó al suboficial del Ejército, declaró que vio a Taricco Lavín “confeccionando un Informe al Servicio Médico Legal, de un paciente que había fallecido, desconociendo más detalles, ya que no pregunté ni me comentaron que había sucedido con el paciente que había atendido anteriormente”.
Además, en el expediente judicial son varias las declaraciones que señalan a Taricco como uno de los jefes de la Clínica London. En 2003 la enfermera Bolumburú aseguró que “el doctor Taricco reemplazaba al doctor Zanghellini cuando éste se ausentaba en su puesto de director general”.
A través de su abogado,
Leonardo Battaglia
, el médico Hernán Taricco declinó responder las preguntas de CIPER.
El 27 de junio de 2003, Osvaldo Leyton declaró que fue debido a un ofrecimiento que llegó a la Clínica Santa Lucía en 1974. Mencionó que, llegando a la dirección que le habían señalado se enteró “que se trataba de un cuartel de la DINA y no de la Fuerza Aérea. En este lugar me preguntaron si estaba dispuesto a trabajar para ellos, lo que acepté por necesidades económicas”.
En julio de 2005, el anestesiólogo declaró en dependencias de la Interpol. Allí, aseguró que sí tuvo conocimiento que en ocasiones llegaban agentes de la DINA con detenidos: “Efectivamente, tuve que concurrir en varias oportunidades a los centros de detención como Villa Grimaldi y Cuatro Álamos”. Leyton, fue señalado en la declaración de un enfermero del Ejército como parte de los médicos involucrados en episodios que terminaron con la muerte de detenidos. No obstante, Leyton Bahamondes no registra condenas, aunque en 2007 fue procesado por la muerte del cabo Manuel Leyton.
Para esta investigación, el anestesiólogo fue contactado por CIPER en su consulta privada en Providencia, pero declinó responder.
Leyton Bahamondes también declaró ante la policía el 17 de noviembre de 2006. En esa ocasión lo interrogaron por la ficha clínica del cabo Leyton. Tenía su letra. “No tengo explicación del porqué aparece mi letra en la parte que se refiere a la atención brindada durante el día, elucubrando un poco, puede que si lo hice fue debido a una orden que necesariamente debió haber venido de la jefatura médica, que en ese período correspondía, aparentemente, al doctor Taricco o bien a una autoridad militar superior”.
Santiago Alfredo Matteo Galleguillos
Trabajó como enfermero del Ejército en la Clínica Santa Lucía y varios de quienes declararon lo recuerdan por un solo detalle: el detector de mentiras. El 10 de noviembre de 2005 un enfermero declaró: “Tanto Osvaldo Leyton como Zanghellini eran cardiólogos, y este último utilizaba un denominado PC1 o PC2, que era un detector de mentiras, que actuaba asesorado por el enfermero Santiago Matteo, que manejaba este equipo y que estaba guardado en una oficina chica de la London”.
Santiago Matteo Galleguillos
también fue procesado en la investigación por el asesinato del cabo Leyton por presuntamente encubrir el homicidio. Pero su participación no pudo ser probada y fue absuelto por la Corte de Apelaciones de Santiago en 2020.
En 2010, Matteo Galleguillos prestó declaración extrajudicial. En esa oportunidad, contó que había viajado a Miami junto al doctor Zanghellini en 1975 a un curso sobre el uso del detector de mentiras o polígrafo. Pero, agregó que nunca había usado esa máquina. Un enfermero del Ejército contó que en la misma clínica había un equipo que interrogaba detenidos con un detector de mentiras que era manejado -según relató- por los enfermeros más antiguos, Matteo Galleguillos y
Lorenzo Toro Olivares
.
Entre los médicos que han sido condenados por crímenes relacionados con la DINA está el exdirector de la Clínica Santa Lucía, el cardiólogo
Werner Zanghellini
, sentenciado a 10 años y un día en una investigación por el secuestro calificado de dos personas, en el marco de la Operación Colombo. También el oftalmólogo
Vittorio Orvieto
, sentenciado en varias causas relacionadas con el campamento de prisioneros Tejas Verdes. Lo mismo ocurrió con
Manfred Jürgensen,
que falleció luego de ser capturado en Argentina.
Jürgensen se encontraba prófugo de la justicia luego de ser condenado por la Corte Suprema, en enero de este año, a ocho años de presidio como cómplice del homicidio calificado del profesor y militante del MIR, Federico Álvarez Santibáñez. Junto a él, fue sentenciado el reumatólogo
Luis Alberto Losada
, en calidad de encubridor, a dos años de presidio, con el beneficio de la remisión condicional. Ambos asistieron a Álvarez Santibáñez en el Cuartel Borgoño, cerca de la Estación Mapocho.
El enfermero
Orlando Jesús Torrejón Gatica
se encuentra condenado en múltiples causas asociadas a víctimas de la Operación Colombo y en el proceso por el asesinato de la profesora Marta Ugarte Román.
Orlando Torrejón Gatica, aparece descrito en las declaraciones de otros extrabajadores de las clínicas de la DINA. Un enfermero declaró que “el término paquete se refiere a los detenidos que estaban muertos, por lo general se decía ‘salió paquete’ y los que constantemente hablaban con ese término eran Torrejón o Muñoz”. Un sargento (r) de Carabineros que trabajó como enfermero, señaló que “la atención a los detenidos las realizaba personal específico para ellos, por ejemplo, recuerdo a Orlando Torrejón”.
A esos nombres se suma, pero solo condenado en primera instancia como encubridor en el caso del cabo Leyton, el cirujano
Pedro Valdivia Soto
. Al igual que Bolumburú y Taricco, Valdivia se encuentra a la espera del fallo de la Corte Suprema.
En los expedientes, también hay declaraciones que acusan a otros médicos de haber acudido a centros de detención. En 2005, un ex trabajador de estas clínicas afirmó haber acompañado a los médicos
Sergio Virgilio Bocaz
,
Enrique Silva Peralta
,
Christian Emhart Araya
,
Eugenio Fantuzzi Alliende
y
Luis Cárcamo Díaz
. “Debo señalar que varios de estos eran médicos recién egresados”, aseguró.
De ese listado,
Luis Felipe Cárcamo Díaz
, otorrinolaringólogo, es el único que continúa en funciones: lo hace en su consulta privada en Temuco. A través de una persona que trabaja ahí, Cárcamo declinó responder consultas para este artículo.
Entre los doctores que continúan ejerciendo también se encuentra
Luis Santibáñez Santelices,
que actualmente atiende en Integramédica. Santibáñez declaró en el caso Leyton y aparte de detallar que atendió al fallecido suboficial, señaló: “Comencé a trabajar en el verano del año 1977, a pedido del doctor Werner Zanghellini, también médico de la Fuerza Aérea. El motivo fue que se pretendía implementar una Unidad de Cuidados Intensivos en ella, ya que se presumía algunos atentados contra la DINA y autoridades militares. Duré poco tiempo, casi a fines de marzo de ese mismo año presenté mi renuncia, no alcanzando a ejercer tres meses en la Clínica London. Recuerdo que el director en esa fecha era Horacio Taricco Lavín”.
Contactado por CIPER, Santibáñez rechazó atender consultas sobre su participación en la Clínica London.
Camilo Azar Saba
es uno de los doctores que revisó las lesiones del profesor y militante del MIR, Federico Álvarez Santibáñez. Así lo señaló ante la justicia: “Por orden del general Mena debía recertificar las lesiones que presentaban dos personas que habían sido detenidas por Carabineros y luego traspasadas a la CNI (…) Una de estas personas posteriormente falleció en la Posta Central, un profesor llamado Federico Álvarez Santibáñez”.
El doctor
Jorge Manlio Fantini Valenzuela
aparece en una declaración prestada por un exempleado civil de la DINA: “Era el que tenía que estar más atento cuando se hacían operativos y detenciones. Le gustaba estar vinculado”. En 1982 Fantini contrajo matrimonio con la enfermera
Isabel Margarita Jarpa Riveros
, quien prestó servicios en la Clínica London.
Una de las aristas que guio la investigación sobre las clínicas de la DINA, fue el presunto aborto a causa de las torturas que sufrió una detenida que había llegado a la Clínica Santa Lucía con ocho meses de embarazo. En un informe policial se consigna el testimonio de una prisionera que en 1975 fue detenida por la DINA. Según su relato, estuvo recluida en Colonia Dignidad y Villa Grimaldi. El informe sostiene que “fue en Villa Grimaldi donde pudo ver una detenida en malas condiciones físicas debido a las torturas recibidas, y que venía de una clínica ubicada cerca del cerro Santa Lucía, donde habían asesinado a su hijo de ocho meses, cuando se encontraba en su vientre”.
De acuerdo con las declaraciones revisadas por CIPER, en reiteradas ocasiones los médicos y enfermeros fueron interrogados sobre el paso de una mujer embarazada por la Clínica Santa Lucía. El Ministerio del Interior, querellante en la causa, solicitó al ministro Solís que oficiara a la Vicaría de la Solidaridad para que remitiera los antecedentes de tres mujeres que habrían dado a luz mientras se encontraban detenidas por la DINA. El 6 de julio de 2009, Solís dio lugar a la solicitud.
Por la Clínica Santa Lucía pasaron dos ginecólogos:
Juan Pablo Figueroa Yáñez
y
Eduardo Francisco Contreras Valcarce.
Fue el primero quien alguna vez declaró que recordaba una oportunidad en que le solicitaron atender a una detenida embarazada: “A esa petición me negué a efectuar la auscultación a la embarazada, y posteriormente me lo solicitaron como un favor personal, accediendo a examinarla, no encontrando problemas en su embarazo. Recuerdo que mientras realizaba dicho examen, se encontraba presente el señor Marcelo Moren Brito”. Figueroa dijo no recordar el nombre de esa mujer.
Eduardo Francisco Contreras Valcarce falleció en 2016. Según una declaración del médico Eugenio Fantuzzi Alliende, Contreras Valcarce llegó a la clínica como otros compañeros de su promoción, por ofrecimiento de Zanghellini. Su nombre suele confundirse con el de su hermano, Enrique Eduardo Contreras Valcarce, médico cirujano. Pero mientras el primero prestó servicios en clínicas de la DINA, el segundo sufrió la represión de la “Caravana de la Muerte” y, según la versión de sus familiares, incluso fue prisionero en un recinto del norte.
En la investigación se señala a una serie de médicos, dentistas y personal sanitario que formaron parte de la Clínica Santa Lucía. Según los archivos, fueron contratados a honorarios, en su mayoría recién egresados de la universidad. Los relatos de testigos coinciden en que en el primer piso se encontraba la clínica dental y que en el tercero se concentraba el cuerpo médico destinado a mantener con vida a detenidos que habían sido torturados.
Los dentistas del primer piso aseguran que nunca vieron a pacientes detenidos y que no supieron de abortos. El jefe de ese departamento era el dentista
Dámaso Luis Augusto González
, quien todavía atiende su consulta en Providencia. Según explicaron otros médicos de clínicas de la DINA, fue él quien reclutó a alumnos de la Universidad de Chile -donde hacía clases- para integrarse a la Clínica Santa Lucía. Y, según consta en el expediente, en ocasiones quedaba a cargo de la clínica.
CIPER se comunicó con la consulta del médico. Su secretaria señaló que estaba fuera de Santiago y que ella le daría nuestro mensaje. Al cierre de este reportaje, no había respuesta.
Sergio Muñoz Bonta
, también es señalado como un cirujano dentista que tenía jefatura en la Clínica London. Un enfermero declaró: “Al doctor Sergio Muñoz Bonta, que era un odontólogo que provenía de la Academia de Guerra, lo llevó el coronel (Manuel) Contreras para la Clínica London”. Muñoz Bonta falleció en 2005.
Los dentistas
Carlos Rodolfo Ullrich Dunner
y
Milena Cecilia Zulic Lolic
declararon en 2010 que trabajaron en la Clínica Santa Lucía. Ullrich lo hizo en el resto de las clínicas montadas por la DINA y hasta el retorno a la democracia en 1989. A solo cuadras de distancia, en Las Condes, ambos tienen en la actualidad sus consultas dentales y los dos negaron ante la justicia haber visto o atendido a pacientes torturados.
Zulic -quien estuvo casada con Ullrich- dijo a CIPER que tiene la conciencia tranquila: “Yo nunca tuve ni tengo nada que ocultar (…). Trabajé en la clínica. Estaba recién recibida y estaba buscando pega. Yo era súper buena alumna y no era de izquierda. Nunca he militado en un partido, pero me siento libre pensadora, pero no estaba para nada de acuerdo con lo que pasaba en ese minuto (la Unidad Popular). Pero, independiente de la cosa política, nunca se nos dijo que era para trabajar en la DINA ni que se iban a hacer detenidos y cosas, nada. Cuando me contactaron me dijeron que era para que atendiera a los hijos de funcionarios”. Cuenta que le pagaban bien, que estuvo ahí varios meses y que, cuando ya estaba trabajando en ese lugar, supo que estaba relacionado con la DINA.
Consultada por CIPER si se fue de ese trabajo por reparos éticos, tras enterarse de que la DINA estaba detrás de la clínica, respondió: “No, porque yo en ese tiempo era un pájaro (…). Ahí no sabía nada de lo que estaba pasando”.
Mario Augusto Hernández Cáceres
es otro médico mencionado en el expediente que niega haber participado en hechos vinculados a violaciones de derechos humanos. Prestó declaración extrajudicial en 2010. Ese mismo año, el odontólogo
Gonzalo Luarte Romo
señaló ante la justicia haber trabajado sólo para la Clínica London y que tampoco vio ni supo nada. Falleció el 10 de julio de este año.
En el equipo de dentistas, también figuraba
Pablo César Oyanguren Plaza,
quien fue profesor de la Universidad Mayor hasta 2019. En el proceso dijo que fue Dámaso González quien lo reclutó. También declaró que formó parte de la clínica de la CNI, que le dieron una cédula de identidad con el nombre de Cicerón Videla para votar en el Plebiscito de 1988 y una tarjeta que se usaba como “rompe filas”.
La lista de menciones también incluye a médicos de otras especialidades: al psiquiatra
Roberto Emilio Lailhacar Chávez
. Él declaró en 2010 que solo estuvo en Clínica El Golf, pero que prestaba servicios a la DINA desde antes: “Yo ingrese a la DINA como empleado civil (…). Probablemente durante el año 1973”. Además, explicó que trabajó con Lucía Hiriart cuando todavía Augusto Pinochet estaba en el poder. Aseguró que nunca atendió a personas heridas ni participó en interrogatorios. Consultado por CIPER, declinó referirse al detalle de lo que presenció e hizo en la clínica de la DINA.
El cardiólogo
Sergio Pliscoff Marovich
trabajó en las clínicas London y El Golf. Declaró en 2010 y señaló que nunca visitó a personas detenidas: “Carezco de todo tipo de información”, dijo. Falleció en 2016.
(*)
En este reportaje colaboraron Valentina Valenzuela y Soledad López Figueroa.
()
Los antecedentes expuestos en este artículo incluyen procesos judiciales en curso, por lo que las personas mencionadas no deben ser consideradas culpables hasta que la justicia dicte sentencia definitiva.
La Dictadura de Pinochet Desclasificada: confesiones de un sicario de la DINA
ciperchile.cl, 24 de Noviembre 2023
«
Si ha habido suficiente motivo para abrir este sobre acuso al Gobierno de Chile de mi muerte
«, escribió el agente de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) Michael Townley en marzo de 1978, mientras los agentes del FBI le perseguían por el asesinato de Orlando Letelier y Ronni Karpen Moffitt en Washington, D.C., en septiembre de 1976. Townley escribió que, si él era asesinado, se debía considerar a su superior y comandante de la DINA, Manuel Contreras, como el “
autor intelectual
” del delito. Townley también identificó a un equipo de asesinos de la DINA -sus propios colegas- como las personas que probablemente habrían cometido el hipotético crimen en contra suyo.
Titulado «
Confesión y acusación
«, el documento es uno de los varios informes detallados de Townley sobre los crímenes de la DINA que el
National Security Archive
publica como colección por primera vez, 45 años después de que fueran escritos. Townley redactó estas dramáticas confesiones como un esfuerzo calculado y desesperado para que sus superiores de la DINA no intentaran silenciarlo permanentemente en vez de entregarlo a las autoridades estadounidenses.
En otro documento, titulado «
Historia de actuación en DINA
«, Townley registró su carrera de cuatro años como asesino de la DINA originario de Estados Unidos. Allí cuenta que fue reclutado por altos oficiales de ese organismo en 1974, que le dieron una mansión en Lo Curro (Vitacura), que le ordenaron construir un laboratorio para fabricar armas químicas en su sótano y que le encargaron la dirección de la «
Agrupación Avispa
«, una unidad especial de la DINA bajo el mando de la Brigada Mulchén, “
formado para cumplir misiones secretos de eliminación
» de los opositores al régimen de Pinochet. En sus confesiones, Townley menciona los asesinatos de dos chilenos utilizando gas sarín que fabricó en su casa.
Como anexo a este documento, un tercer informe manuscrito, llamado «
Relato de sucesos en la muerte de Orlando Letelier el 21 de septiembre, 1976
«, detalla su misión encubierta para asesinar al exdiplomático chileno en Washington, D.C., como parte de la Operación Cóndor de los servicios de seguridad del Cono Sur.
«
Los órdenes explícitas
«, según Townley, «
eran: Ubicar la residencia y lugar de trabajo de Letelier y contacta con el grupo cubano para que lo eliminaron o en SARIN o por atropello a otro accidente o al final por cualquier método, pero que a Letelier el gobierno de Chile lo quería muerto
«.
LA HISTORIA DE LAS CONFESIONES
Ante la amenaza latente de ser asesinado por sus propios superiores, Townley entregó estos informes escritos a su esposa, Mariana Callejas, para que los guardara. Los documentos siguieron en su poder incluso después de que el régimen de Pinochet entregara a Townley al FBI el 8 de abril de 1978. Contreras lanzó entonces una campaña mediática para desacreditar a Townley, afirmando que era un agente de la CIA infiltrado en las filas de la DINA para avergonzar al régimen chileno, una tesis que Townley anticipó y negó explícitamente en sus confesiones privadas. Para asegurarse de que la autenticidad de sus revelaciones no fuera cuestionada, Townley estampó la huella de su pulgar en cada informe. Posteriormente, un laboratorio forense del FBI verificó sus huellas dactilares.
La última página del informe manuscrito de Townley sobre la «Historia de las actividades en la DINA» con su firma y huella digital (
Bajo custodia estadounidense, Townley confesó varias de las operaciones citadas en estos informes. Partes significativas de esta historia se hicieron públicas en el libro de 1980
Assassination on Embassy Row
, de John Dinges y Saul Landau, el primer relato exhaustivo sobre los asesinatos de Orlando Letelier y su colega Ronni Moffitt. El libro se basaba en diversas fuentes, incluidas entrevistas con agentes del FBI y el testimonio de Townley en el juicio de 1979 por el asesinato que materialmente ejecutó un grupo cubanos asociados a la DINA.
Doce años después de que su marido fuera puesto bajo custodia, Callejas proporcionó las confesiones de Townley a las autoridades estadounidenses, según una declaración jurada del Departamento de Justicia de ese país presentada en agosto de 1991, cuando solicitó la extradición de Manuel Contreras y su ayudante Pedro Espinosa por el asesinato de Letelier y Moffitt.
A comienzo de los noventa, las autoridades del Departamento de Justicia de Estados Unidos transcribieron los relatos manuscritos de Townley y presentaron copias mecanografiadas, así como los manuscritos originales, ante el gobierno de Patricio Alywin –sucesor de Pinochet—cuando quisieron extraditar a Contreras y Espinosa. La documentación de Townley se presentó finalmente como prueba en los procesos judiciales que ambos agentes de la DINA enfrentaron en Chile, y en 1993 fueron declarados culpables de conspirar para asesinar a Letelier y Moffitt.
A lo largo de los años, han aparecido referencias a las confesiones de Townley en libros y artículos periodísticos y de investigación. Partes de los documentos han sido citados anteriormente por reporteros como Ernesto Ekaizer de
El País
en su biografía del general Augusto Pinochet de 2003; John Dinges en
Los años del Cóndor
(2004); el chileno Javier Rebolledo en su libro
La danza de los cuervos
(2012); y la chilena Mónica González en su exhaustivo artículo de 2013 en
CIPER Chile
, «
Las armas químicas de Pinochet
»
Sin embargo, es la primera vez que las confesiones de Townley se reproducen íntegramente y se publican juntas. «Cincuenta años después de la creación de la DINA, los documentos de Townley constituyen un duro recordatorio de la oscura, siniestra y represiva historia del régimen de Pinochet», señala Peter Kornbluh, quien dirige el Proyecto de Documentación sobre Chile en el
National Security Archive
. La periodista chilena Pascale Bonnefoy localizó las transcripciones que hizo el gobierno estadounidense de los documentos de Townley en el archivo presidencial Patricio Aylwin, de la Universidad Alberto Hurtado de Santiago. Una copia parcial -le faltaba las dos primeras páginas- del informe original manuscrito de Townley, «Historia de actuación en DINA», fue obtenida por John Dinges como parte de su investigación sobre la Operación Cóndor.
Estos son algunos de los detalles más importantes que contienen las confesiones de Townley respecto de los crímenes de la DINA:
El agente revela una misión de la Operación Cóndor llevada a cabo en diciembre de 1976 en París para asesinar a dos altos cargos del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), un grupo de oposición de izquierda. La misión fracasó, escribió Townley, debido a una filtración de información por parte de agentes argentinos.
El gas sarín fabricado en el laboratorio de la casa de Townley -un proyecto cuyo nombre en clave era «ANDREA»- se utilizó para matar a un funcionario de la DINA que había sido detenido por el robo de un auto y que había revelado información secreta sobre este organismo a la policía chilena. Agentes pertenecientes a la Brigada Mulchén sustrajeron a este sujeto de la custodia policial, lo trasladaron a La Clínica Londres, un centro médico y de tortura controlado por la DINA, y lo envenenaron con gas sarín. Murió «casi instantáneamente», informó Townley.
El gas sarín de Townley también se utilizó para asesinar al Conservador de Bienes Raíces de Santiago, llamado René León Zenteno, en su casa de Avenida Holanda (Providencia), por negarse a traspasar ilegalmente títulos de propiedades a la DINA. Para probar que León Zenteno había sido envenenado, Townley sugirió en su confesión que se exhumara su cadáver y se le hicieran pruebas para detectar la presencia de colinestros, una propiedad del gas sarín.
Además de fabricar gas sarín en el laboratorio de la DINA, construido en el sótano de mansión en Lo Curro, Townley planeaba producir gases de guerra química aún más peligrosos, conocidos como «somán» y «tabún», utilizando agentes extremadamente tóxicos como Clostridium botulinum, saxitoxina y tetrodotoxina.
El funcionario español de la ONU, Carmelo Soria, fue asesinado a golpes por agentes de la Brigada Mulchén de la DINA en el jardín de la casa de Townley en Lo Curro. El caso se convirtió en una de las atrocidades contra los derechos humanos más infames del régimen de Pinochet.
A Townley se le asignaron US$30.000 para llevar a cabo misiones en México y Europa, que también utilizó para comprar en Miami múltiples armas, explosivos y dispositivos de control remoto para utilizarlos en atentados contra líderes del exilio reunidos en Ciudad de México, a los que se nombra en los documentos.
En Europa, Townley conoció a un dirigente sindical que se había infiltrado en los círculos del exilio chileno y que proporcionó información utilizada en un intento de asesinato en Roma. Townley reclutó a fascistas italianos, dirigidos por «Di Steffano» (Stefano delle Chiaie), que dispararon contra Bernardo Leighton y su esposa. Ambos sobrevivieron.
Además de las confesiones, el Archivo publica una carta que Townley escribió a quien identificó como «
Estimado Don Manuel
» (el exjefe de la DINA, Manuel Contreras). La esposa de Townley entregó esta misiva a las autoridades estadounidenses en 1982. Como un gesto de «diplomacia de desclasificación», en 2015 el gobierno de Barack Obama proporcionó la carta al gobierno chileno de Michelle Bachelet, junto con más de 200 documentos recientemente desclasificados relacionados con el asesinato de Letelier y Moffitt (entre ellos, la lista de apodos que Townley utilizó como agente de la DINA, también publicada hoy).
La carta no tiene fecha, pero parece haber sido escrita a principios de marzo de 1978, justo después de que Townley fuera identificado en la prensa estadounidense y chilena como el principal sospechoso del asesinato de Letelier y Moffitt.
Utilizando el alias de “J. Andrés Wilson”, Townley se quejó ante Contreras por los errores operativos en la misión de asesinato de Letelier que habían llevado a su identificación pública. Entre otros puntos, reclamó que Chile nunca debió haber confiado en otro país (Paraguay, miembro de la Operación Cóndor) para proporcionar documentos y pasaportes falsos para la misión: «
Una vez cancelado las visas por EEUU, la operación debería haber sido cancelada totalmente en el entendimiento que la CIA estaba en conocimiento de las personas que iban a operar
«. En un nuevo e intrigante detalle, Townley sugirió que “
el error más grande ha sido el de no informar a su Excelencia
(Pinochet)
la verdad del real alcance de este problema
”. En realidad, Townley ignoraba que, tal como lo reveló la CIA, el propio Pinochet había «ordenado personalmente a su jefe de inteligencia que llevara a cabo los asesinatos».
Finalmente, Townley también recomendó al régimen militar que emitiera un decreto de control de la prensa chilena para evitar nuevas revelaciones.
Townley se declaró culpable del asesinato de Orlando Letelier y Ronni Moffitt en 1978, luego de que fuera puesto bajo custodia estadounidense. A cambio de su cooperación y testimonio, el terrorista internacional más prolífico de la DINA fue condenado a diez años de prisión, pero quedó en libertad condicional tras cumplir la mitad. Desde entonces, Townley vive en algún lugar de Estados Unidos -con otro nombre- como parte del programa de protección de testigos.
«Esta colección de documentos hace una importante contribución al registro histórico», dice John Dinges, autor del libro
The Condor Years
(Los años del Cóndor), «porque está compuesta por registros de primera fuente de Michael Townley, quien confiesa los crímenes que cometió en nombre de la DINA, y porque proporciona los nombres de sus colaboradores.» Dinges añade que la colección «proporciona los únicos documentos que escribió Townley antes de que fuera puesto bajo custodia estadounidense».
El
National Security Archive
publica los documentos Townley para aportar más evidencia y transparencia acerca de la creación de la DINA, la represiva y siniestra policía secreta chilena, que nació hace 50 años. Próximamente, también liberará una selección de documentos desclasificados de la CIA, la Agencia de Inteligencia de Defensa y el FBI que registran la génesis, las operaciones y las atrocidades de la DINA desde la perspectiva estadounidense.
Dictan condena contra seis ex agentes DINA por secuestro calificado de mujer enlace del MIR en 1974
resumen.cl, 1 de Julio 2025
En el fallo (causa rol 3-2020), la ministra en visita condenó, en calidad de autores de los delitos a los ex jerarcas DINA y ex oficiales de Ejército Pedro Octavio Espinoza Bravo, Francisco Maximiliano Ferrer Lima, Miguel Krassnoff Martchenko, Fernando Eduardo Lauriani Maturana, al ex oficial de Carabineros Gerardo Ernesto Godoy García y a la ex agente Rosa Humilde Ramos Hernández, a la pena de 6 años de presidio efectivo, más las accesorias legales de inhabilitación absoluta perpetua para cargos y oficios públicos y derechos políticos y la inhabilitación absoluta para profesiones titulares mientras duren las condenas. Otros agentes implicados en estos hechos, fallecieron o fueron declarados dementes en el curso del proceso.
En la etapa de investigación de la causa y en la sentencia, la ministra Cifuentes Alarcón logró recopilar antecedentes suficientes para dar por establecido que el día 2 de octubre de 1974, en horas de la mañana, en el interior del Hospital Sótero del Río de la comuna de Puente Alto, la tecnóloga médica y militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Cecilia Orieta Jarpa Zúñiga, fue detenida por cuatro agentes DINA, entre ellos, Rosa Humilde Ramos Hernández.
En esa época, la DINA era encabezada por el entonces coronel de Ejército Juan Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda y contaba con una Brigada de Inteligencia Metropolitana (BIM), bajo el mando del teniente coronel de Ejército César Manríquez Bravo, quien cumplió dicha función hasta el 2 de diciembre de 1974, fecha en que asumió ese cargo el teniente coronel de Ejército Pedro Octavio Espinoza Bravo.
De la BIM dependían las brigadas operativas, entre ellas, la Brigada Caupolicán y los centros de detención clandestinos, entre ellos, el cuartel "Ollagüe", ubicado en calle José Domingo Cañas N° 1.367 de la comuna de 'uñoa y el centro clandestino "Cuatro Álamos", situado al interior del campo de prisioneros "Tres Álamos", en la comuna de San Miguel.
A su vez, la Brigada Caupolicán estaba a cargo del entonces mayor de Ejército Marcelo Luis Manuel Moren Brito y contaba con varias agrupaciones operativas, entre ellas, 'Halcón', bajo el mando del capitán de Ejército Miguel Krassnoff Martchenko y 'Águila', a cargo del teniente de Carabineros Ricardo Víctor Lawrence Mires, cuya principal función, en ese tiempo, era la desarticulación del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y la captura de su Secretario General, Miguel Enríquez Espinosa, por lo que se produjeron múltiples detenciones de militantes del MIR con el fin de obtener información acerca de su paradero.
En ese contexto, tras ser detenida en el Hospital Sótero del Río la militante mirista Cecilia Jarpa Zúñiga, quien operaba en clandestinidad como enlace de Miguel Enríquez, fue trasladada hasta el centro de detención clandestino de la DINA de calle José Domingo Cañas. En ese recinto, fue sometida a intensos interrogatorios y torturas por parte de los agentes Marcelo Moren Brito, Francisco Ferrer Lima, Miguel Krassnoff Martchenko, Fernando Lauriani Maturana, Gerardo Godoy García, Osvaldo Enrique Romo Mena y Basclay Humberto Zapata Reyes.
Los tratos crueles y degradantes, tales como, desnudamiento, aplicación de electricidad y golpes en distintas partes del cuerpo y amenazas de ser sometida a vejámenes sexuales, se intensificaron con el fin de obtener información acerca de sus actividades políticas y en particular del paradero del líder del MIR Miguel Enríquez, así como de otros militantes.
El día 4 de octubre de 1974, la detenida Cecilia Jarpa conduce a los agentes a un punto de encuentro que tendría con el buscado dirigente mirista en Avenida Grecia, en las proximidades de la piscina Mund. En pos de su captura, la DINA monta un operativo para cubrir el sector del eventual encuentro. En los hechos, la mujer prisionera se las ingenia para advertir a Miguel Enríquez que estaba detenida y del peligro que se cernía, lo que posibilita que -al menos ese día- el líder mirista lograra eludir su asesinato.
Tras el frustrado operativo, la detenida Cecilia Jarpa fue brutalmente golpeada por Marcelo Moren Brito y Miguel Krassnoff Martchenko, que no podían aceptar que la mujer les hubiera engañado y que el dirigente revolucionario se les haya escapado.
Por otras circunstancias propias del terror de la época, al día siguiente, 5 de octubre de 1974, el dirigente mirista fue localizado en la casa que habitaba en la comuna de San Miguel y resultó muerto durante el ataque que la DINA realizó sobre el inmueble.
Semanas después, a fines de octubre, Cecilia Jarpa fue trasladada al campo de prisioneros 'Cuatro Álamos', a cargo del oficial de Gendarmería Orlando José Manzo Durán. En este sitio estuvo secuestrada hasta diciembre del mismo año; en esa fecha fue sacada al 'Tres Álamos', lugar en que se le mantuvo encerrada hasta abril de 1975.
por: Darío Nuñez
Dictan nueva condena contra tres ex jerarcas de la DINA por crimen de joven en San Fernando en 1977
resumen.cl, 6 de Agosto 2025
En fallo unánime (causa rol 13.949-2024), la Segunda Sala del máximo tribunal -integrada por el ministro Leopoldo Llanos, las ministras María Teresa Letelier, María Cristina Gajardo y los abogados (i) Juan Carlos Ferrada y Eduardo Gandulfo- rechazó el recurso de casación en el fondo interpuesto en contra de la sentencia, dictada por la Corte de Apelaciones de San Miguel, que en lo penal condenó al recurrente Manuel Jorge Provis Carrasco a la pena de 10 años de presidio, en calidad de autor del delito.
En la causa, Pedro Octavio Espinoza Bravo y Raúl Eduardo Iturriaga Neumann, cuyas defensas no recurrieron, deberán cumplir 12 y 10 años de presidio, respectivamente, en calidad de autores del delito. Los implicados Manuel Contreras y Carlos López Tapia fallecieron en el curso del proceso judicial.
Detenido desaparecido
En la investigación judicial y fallo de primera instancia, dictado por la ministra en visita extraordinaria para causas por violaciones a los derechos humanos de la Corte de Apelaciones de San Miguel Marianela Cifuentes Alarcón, quedó establecido que el día 29 de abril de 1977, a las 09:40 horas, Vicente Israel García Ramírez, nombre político '"scar', militante del Partido Socialista, usando el nombre de un tercero -Jorge Luis Aldana Contreras-, contrajo matrimonio con Karin Olma Reimer Carrasco, tras lo cual compartió un almuerzo con familiares y amigos cercanos en el domicilio de su mujer, ubicado en calle Covadonga de la Villa Serrano, en la comuna de La Granja, para luego viajar con ella a la ciudad de San Fernando.
El día 30 de abril, en horas de la madrugada, ocho agentes de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), detuvieron a Viola Carrasco Rodríguez y a su hija Kathia Reimer Carrasco, en su domicilio, en calle Covadonga y, acto seguido, las trasladaron hasta el cuartel Borgoño, situado en calle Borgoño de la comuna de Santiago.
El mismo día 30 de abril, alrededor de las 08:30 horas, cuatro agentes de la misma organización represiva detuvieron a Vicente Israel García Ramírez y a su mujer Karin Olma Reimer Carrasco en un departamento de la población Rucahue, de la comuna de San Fernando y, luego, los trasladaron en un automóvil hasta el referido cuartel Borgoño.
El día antes mencionado, a eso de las 21:00 horas, agentes de la DINA, entre ellos el oficial Raúl Eduardo Iturriaga Neumann, concurrieron al domicilio de Vicente García Ramírez, ubicado en calle Santa Alicia de la comuna de Conchalí, oportunidad en que interrogaron a la familia de este y registraron el lugar.
El joven Vicente Israel García Ramírez, Viola Olma Carrasco Rodríguez, Kathia Milova Reimer Carrasco y Karin Olma Reimer Carrasco fueron encerrados en el cuartel Borgoño, sometidos a diversos interrogatorios y malos tratos físicos y psicológicos por parte de los agentes represores.
Tras la detención de Vicente García Ramírez, el día dos de mayo, fueron aprehendidos Jaime Francisco Troncoso Valdés -militante del Partido Socialista y jefe directo de la víctima- y Juan Carlos Villar Ehijo, quienes también fueron trasladados al cuartel Borgoño, lugar en que se les mantuvo prisioneros por unos días.
Las detenidas Kathia y Karin Reimer Carrasco, fueron liberadas el día 3 de mayo de 1977 y la madre de estas, Viola Carrasco Rodríguez, el día 6 del mismo mes. En tanto de Vicente Israel García Ramírez se perdió todo rastro hasta la fecha.
En la época de los hechos, el organismo represivo DINA estaba a cargo del entonces coronel de Ejército Juan Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda, que ejercía como director nacional; del coronel de Ejército Pedro Octavio Espinoza Bravo, como director de operaciones; del teniente coronel de Ejército Carlos José Leonardo López Tapia, comandante de la División de Inteligencia Metropolitana y del teniente coronel de Ejército Raúl Eduardo Iturriaga Neumann, subdirector de Inteligencia Económica; y el entonces mayor Manuel Jorge Provis Carrasco, que ejercía como jefe de la Brigada Caupolicán.
por Darío Núñez
Asesinos y torturadores: los diez agentes de la dictadura de Pinochet que cometieron crímenes sobrecogedores
ciper.cl, 9 de Septiembre 2025
Este jueves 11 de septiembre se cumplen 52 años del golpe de Estado que llevó al poder a la dictadura cívico-militar encabezada por el general Augusto Pinochet. Este nuevo aniversario sorprende a la opinión pública expuesta a una campaña, principalmente en redes sociales, en la que algunos sectores reivindican ese gobierno autoritario como un periodo social, político y económico positivo. Como un aporte a la memoria histórica y a la profundización de la democracia, CIPER publica las acciones de los diez agentes que, a nuestro juicio, cometieron los crímenes más terribles de la dictadura. Las nóminas de los agentes represivos y los antecedentes de sus delitos pueden ser revisados en la plataforma
Papeles de la Dictadura
, una iniciativa de CIPER y del CIP de la Universidad Diego Portales, en la que se han registrado más de 4 mil documentos originales relacionados con ese periodo.
Si bien los partidarios de ese régimen, que duró hasta marzo de 1990, suelen justificar que estas acciones se ejecutaron para enfrentar a grupos político-militares de ultraizquierda, lo cierto es que, como lo han demostrado las investigaciones judiciales citadas en este artículo, tanto la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), como su sucesora Central Nacional de Informaciones (CNI), rápidamente derivaron al secuestro, tortura y asesinato de todo tipo de opositores, incluyendo mujeres embarazadas y menores de edad. Violaciones con perros, electricidad en los genitales, golpes en las plantas de los pies y en los oídos, golpes de corriente en catres electrificados, simulacros de fusilamiento, inmersión en aguas sucias y quemaduras con ácido, son parte del arsenal ejecutado por los agentes de estos organismos. Y esta es la historia.
KRASSNOFF Y UNA EMBARAZADA QUEMADA CON ACEITE
Miguel Krassnoff Martchenko
, conocido como «El Ruso», nació el 15 de febrero de 1946 en Tirol, Austria. Hijo de Semión, un cosaco del Don, y Dhyna, una cosaca de Kubán, su familia emigró a Chile después de la Segunda Guerra Mundial.
Se unió al ejército en 1963 y participó en el asalto a la casa presidencial de Tomás Moro durante el golpe de Estado de 1973. En los primeros meses de 1974 fue enviado a la Escuela de las Américas en Panamá, donde se capacitó en contrainsurgencia urbana. A su regreso a Chile se integró a la Brigada Caupolicán de la DINA, dedicada a la ejecución, desaparición y tortura de civiles.
Participó en el enfrentamiento que culminó con el asesinato del líder del MIR, Miguel Enríquez. Fue protagonista de diversos crímenes. Uno de los más espeluznantes fue el flagelo y asesinato de Mónica Pacheco, una mujer embarazada de tres meses, quemada con agua y aceite hirviendo, como lo corroboró la justicia.
A pesar de su extenso historial de delitos, permaneció en el Ejército hasta 1998, cuando pasó a retiro. Hoy, está recluido en el penal de Punta Peuco, donde cumple más de mil años de cárcel por sus múltiples crímenes.
En estos años de reclusión, Krassnoff ha recibido dos homenajes públicos. El primero fue organizado, a fines de 2011, por el entonces alcalde de Providencia, Cristián Labbé (
vea sus declaraciones
). El último fue efectuado en 2018 en la Escuela Militar (
vea el video
).
En una entrevista con T13, el actual candidato presidencial José Antonio Kast dijo que se había encontrado con Krassnoff durante una visita suya a Punta Peuco. “Tuve la oportunidad de cruzarme con él. Me regaló su libro y plantea su versión de los hechos. Conozco a Miguel Krassnoff y, viéndolo, no creo todas las cosas que se dicen de él”, dijo.
El coronel
Marcelo Moren Brito
, conocido como «El Ronco» o «El Coronta», participó en operaciones claves de la dictadura desde el mismo 11 de septiembre de 1973, cuando comandó el asalto a la Universidad Técnica del Estado, hoy Universidad de Santiago (USACH). Dos semanas después, el entonces capitán se unió a la Caravana de la Muerte, una operación encabezada por el general Sergio Arellano Stark que asesinó a 93 prisioneros políticos, recluidos en penales distribuidos entre Puerto Montt y Pisagua.
Moren Brito continúo su carrera como comandante del inmueble de detenciones clandestinas Villa Grimaldi, un verdadero centro de exterminio en que la gran mayoría de los detenidos fueron asesinados tras extensas sesiones de tortura. Ubicado en la comuna de Peñalolén, en Santiago, en ese lugar Moren Brito interrogó personalmente a diversas personas sometidas a flagelos. En Villa Grimaldi una de las formas más habituales de las dolorosas vejaciones era la “parrilla”: los detenidos, hombres y mujeres, eran desnudados, acostados y amarrados a un catre de metal, para luego aplicarles golpes de electricidad.
Los procesos judiciales han acreditado que Moren Brito integró también la Brigada Caupolicán de la DINA, desde la cual se persiguió especialmente a miembros del Partido Socialista, el MIR y el MAPU. Como él mismo reconoció ante los tribunales, durante la dictadura fue enviado a misiones al extranjero, las que incluyeron, por ejemplo, enseñar nuevas formas de interrogatorio, mediante hipnosis, a miembros del ejército paraguayo, aunque en ese testimonio rehúye su responsabilidad y sostiene que la Villa Grimaldi pudo ser solo un paso de tránsito para detenidos (
vea la declaración de Moren Brito
).
Fue condenado a más de 300 años de presidio. Murió en el Hospital Militar en 2015, coincidentemente, un 11 de septiembre.
La oficial de Carabineros,
Ingrid Olderöck
, dejó un tenebroso recuerdo entre los hombres y mujeres que pasaron por el cuartel clandestino de detenciones “Venda Sexy”, debido a que entrenó un perro pastor alemán, al que llamaba Volodia, y que utilizaba para violar a personas recluidas en ese centro de torturas, ubicado en la casa de calle Irán 3.037, en Macul, Santiago.
Olderöck no sólo fue una agente de campo de la Brigada Purén de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), sino que llegó a ser directora de la Escuela Femenina de esa organización criminal, estructura que adiestró a cerca de 70 mujeres en prácticas de represión política.
En agosto de 1987, durante los últimos años de la dictadura, Olderöck concedió una entrevista a la televisión de la República Federal de Alemania, en la que admitió que en Chile se torturaba, incluyendo flagelos a niños para obtener confesiones de sus padres, según relató.
Falleció impune el 17 de marzo de 2001 a la edad de 57 años, producto de una hemorragia digestiva aguda. Jamás fue interrogada por la Justicia.
El oficial de Ejército,
Álvaro Corbalán Castilla
, conocido como «El Faraón» o «Don Juan», se desempeñó como agente de la Central Nacional de Informaciones (CNI) durante la dictadura. Durante su paso por esa organización, estuvo involucrado en múltiples casos de violaciones graves a los derechos humanos. De hecho, ha sido condenado en diversas instancias judiciales como autor o coautor del asesinato de más de 25 personas.
Lideró en 1987 la llamada «Operación Albania», también conocida como “Matanza de Corpus Christi”, acción en que agentes de la CNI ejecutaron a 12 miembros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) cuando estos ya estaban detenidos e indefensos. Corvalán también fue responsable en 1982 del asesinato del líder sindical Tucapel Jiménez, miembro del Partido Radical, quien recibió 5 balazos en el cráneo, además de ser degollado. Para ocultar este crimen, Corvalán y sus agentes simularon el suicidio del carpintero Juan Alegría Mundaca, cortándole las venas de ambos brazos, llegando hasta el hueso, lo que demostró que no era un suicidio. Juan Alegría era un obrero sin militancia política. Por estos crímenes Corbalán recibió cadena perpetua.
Además Corbalán participó en los asesinatos del periodista José Carrasco, del publicista Abraham Muskablit, del pintor Felipe Rivera y del arquitecto Gastón Vidaurrázaga, ocurridos en 1986.
A comienzos de la década de 1980 estuvo a cargo de la seguridad del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar y recibió de parte de la alcaldesa designada de aquella comuna, Eugenia Garrido, una Gaviota de Plata «por sus servicios prestados en defensa de la patria».
Antes de ser detenido y condenado, Corbalán fue miembro del partido político ultraderechista Avanzada Nacional, del que llegó a ser presidente entre agosto y noviembre de 1989.
Ostentando el grado de coronel de Ejército,
Manuel Contreras Sepúlveda
llegó a tener más poder que la gran mayoría de los generales de esa rama castrense que estaban en actividad tras el golpe de Estado. “El Mamo”, como le llamaron sus partidarios y detractores, impartió terror en los opositores a Pinochet -fuesen partidarios de tácticas subversivas o no- como jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), el órgano que nació junto con la dictadura y que fue responsable del secuestro, tortura y asesinato de cientos de personas.
Los hombres y mujeres bajo el mando de Contreras, un oficial formado por soldados estadounidenses bajo la Doctrina de la Seguridad Nacional en la Escuela de las Américas, de Panamá, utilizaban torturas como la aplicación de electricidad en diversas partes del cuerpo, golpes, fractura de brazos, asfixia y quemaduras por ácido y cigarrillos, además, de simulacros de fusilamiento.
“El Mamo”, quien falleció en 2015 luego de ser condenado a más de 500 años de prisión, encabezó también la creación del Plan Cóndor, una iniciativa conjunta de las policías secretas de las dictaduras coetáneas de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, que coordinó la captura y muerte de opositores en todo el subcontinente.
Con al menos 1.500 agentes bajo su mando directo y diversos centros de detención clandestina a su haber, desde la oficina de Contreras se planearon y ejecutaron atentados terroristas en Buenos Aires (contra el excomandante en jefe del Ejército, Carlos Prats, y su esposa, Sofía Cuthbert), en Roma (contra el líder DC Bernardo Leighton y su esposa, Ana Fresno) y en Washington (contra el excanciller Orlando Letelier y su secretaria, Ronni Moffitt). De hecho, el atentado terrorista con doble asesinato en la capital de Estados Unidos le significó la persecución de ese país y, a la postre, la disolución de la DINA en 1978 y la apertura del Caso Letelier en Chile, proceso que término llevándolo a la cárcel.
Sin embargo, el poder de Contreras no sólo era operativo. Documentación disponible en los Papeles de la Dictadura de CIPER muestra que la DINA era también la responsable de aprobar todas las contrataciones en el Estado, además de coordinar los planes de guerra interna de cada ministerio, por orden del propio Pinochet.
El estadounidense
Michael Townley Welch
fue un agente de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), que participó en diversos asesinatos dentro y fuera de Chile. Para evadir la cárcel se acogió al Programa Federal de Protección de Testigos de los Estados Unidos, debido a que aportó antecedentes a la justicia de ese país sobre su participación en el atentado terrorista explosivo perpetrado en Washington, en 1976, contra el excanciller chileno Orlando Letelier y su secretaria, Ronni Moffitt.
Hijo de un ejecutivo de la Ford Motor Company afincado en Chile desde 1957, Townley estudió en el Saint George’s College y vivió en los exclusivos barrios de Los Dominicos y Lo Curro. Ante los sistemas de justicia de Estados Unidos, Chile y Argentina, confesó por separado su participación en atentados terroristas ejecutados por orden de la dictadura en América y Europa (vea el reportaje: La confesión clave de Michael Townley). También reveló cómo el régimen cívico-militar utilizó armas químicas para asesinar a opositores.
Las declaraciones secretas de Townley al FBI fueron publicadas en 2023 por el National Security Archive, de Estados Unidos, incluida una carta escrita de su puño y letra en 1978: “Si ha habido suficiente motivo para abrir este sobre, acuso al Gobierno de Chile de mi muerte”, redactó en ese papel. Esos documentos desclasificados revelaron una frustrada operación de asesinato en París contra el dirigente socialista Carlos Altamirano y líderes del MIR, además de detalles de la fabricación de gas sarín en su casa de Lo Curro, donde vía con la escritora Mariana Callejas.
Esos documentos desclasificados también aportaron antecedentes de cómo el funcionario español de la ONU, Carmelo Soria, fue asesinado a golpes por agentes de la Brigada Mulchén de la DINA en el jardín de la casa de Townley, así como información sobre el papel de éste último en el reclutamiento de los fascistas italianos que dispararon en Roma contra Bernardo Leighton y su esposa (
vea el reportaje: La Dictadura de Pinochet Desclasificada: confesiones de un sicario de la DINA
).
Ema Ceballos Núñez
, conocida como «La Flaca Cecilia», fue una agente de la Armada que realizó labores en la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y luego en la Central Nacional de Informaciones (CNI). Fue reclutada por la oficial de Carabineros, Ingrid Olderöck, y se destacó por su participación operativa en varios crímenes. En 2017, a sus 70 años, se transformó en la primera mujer en Chile que entró a cumplir condena en prisión por una causa de violaciones a los derechos humanos. En esa ocasión, fue sentenciada a diez años y un día de presidio por el secuestro calificado de Julián Peña Maltés, ocurrido en 1987, un miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) que permanece desaparecido hasta hoy.
En 2024, fue condenada como coautora del homicidio de Juan José Boncompte Andreu, a quien los servicios de inteligencia le atribuían en esos años la calidad de jefe regional del MIR en Valdivia. Según el fallo de la Corte Suprema, Ema Ceballos le disparó en el cráneo a Boncompte durante una persecución, cuando éste ya estaba caído y herido a bala (
vea el fallo de la Suprema
).
“Cumplí órdenes”, dijo, por escrito, a
El Mercurio
en su único contacto con la prensa.
Bernardo Daza Navarro
fue un suboficial de la Armada de Chile y agente de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) durante la dictadura. Formó parte de la Brigada Lautaro, una unidad de la DINA que fue responsable de la detención, tortura y asesinato de numerosos dirigentes y militantes del Partido Comunista. Entre las víctimas más conocidas de esta brigada figura Víctor Díaz, secretario general del PC en la clandestinidad, quien fue arrestado en mayo de 1976 y asesinado meses después, cuando Daza lo asfixió con una bolsa plástica, según reconstruyó la justicia.
Daza Navarro también estuvo involucrado en el Caso Calle Conferencia, en que la DINA desmanteló la cúpula del PC. En esa operación, llevada a cabo en mayo de 1976, fueron detenidos y desaparecidos varios dirigentes comunistas, incluyendo a Jorge Muñoz, Mario Zamorano, Uldarico Donaire y Jaime Donato.
En 2007, el juez Víctor Montiglio procesó a Daza Navarro y a otros seis ex uniformados por su responsabilidad en el secuestro y homicidio de Víctor Díaz. Falleció en 2016, mientras cumplía condena en Punta Peuco. Debido a su muerte, fue sobreseído en las otras causas en que figuraba su nombre.
César Palma Ramírez
, conocido como «El Fifo», fue un empleado civil de la Fuerza Aérea de Chile (FACh) y un agente del Comando Conjunto durante la dictadura. Cometió sus primeros crímenes antes del golpe de Estado, como miembro del grupo terrorista de ultraderecha Patria y Libertad. En esa condición, participó en el asesinato del edecán del Presidente Salvador Allende, el capitán de navío, Arturo Araya, hecho ocurrido el 27 de julio de 1973.
Palma Ramírez luego se unió al Comando Conjunto, una unidad de inteligencia creada por la FACH, donde participó en numerosas violaciones a los derechos humanos. Entre estas figuran, el secuestro y desaparición del exregidor comunista Carlos Contreras Maluje y los homicidios de los también agentes del Comando Conjunto, Carol Flores y Guillermo Bratti.
Fue arrestado por la Brigada de Derechos Humanos de la Policía de Investigaciones en 2008, mientras se encontraba oculto en una casa rodante en la Región de La Araucanía. Falleció en 2016.
Roberto Fuentes Morrison
, conocido como «El Wally», fue un comandante de la Fuerza Aérea de Chile y agente del servicio de inteligencia de esa rama castrense (SIFA) durante la dictadura.
Desde mediados de 1974, actuó como uno de los principales torturadores en los subterráneos de la Academia de Guerra de la Fuerza Aérea de Chile (FACH), bajo las órdenes del coronel Edgard Cevallos Jones. Aquel era el lugar donde “se torturaba todo el día y toda la noche”, según declaró el exagente Andrés Valenzuela.
Como jefe de operaciones del Comando Conjunto, fue responsable de numerosas detenciones, secuestros, torturas, desapariciones y asesinatos. Sus víctimas fatales suman 39 personas, entre las que figuran Miguel Rodríguez Gallardo, Arsenio Leal Pereira, Gustavo Castro Hurtado, Alonso Gahona Chávez, Luis Moraga Cruz y Francisco Ortiz Valladares.
Los métodos de tortura empleados por el Comando Conjunto, donde Fuentes Morrison era uno de los jefes, incluyeron golpizas, colgamientos, aplicación de electricidad en genitales, desnudamientos y abusos sexuales.
El 9 de junio de 1989, ya en retiro, fue asesinado en un atentado del FPMR en las afueras de su domicilio en Ñuñoa, Santiago. Fue emboscado por dos sujetos que le dispararon 14 veces.
por Mauricio Weibel Barahona
Corte Suprema condena a militares (r) por aplicación de apremios ilegítimos en Tejas Verdes
pdju.cl, 19 de Noviembre 2025
La Corte Suprema rechazó los recursos de casación en el fondo interpuesto en contra de las sentencias que condenaron a Raúl Pablo Quintana Salazar, Ramón Luis Carriel Espinoza, Ricardo Fortunato Judas Tadeo Soto Jerez y Vittorio Orvieto Tiplitzky, por su responsabilidad en tres delitos consumados de apremios ilegítimos. Ilícitos cometidos entre septiembre 1973 y enero de 1974, en dependencias de la Escuela de Ingenieros Militares del Ejército de Tejas Verdes, comuna de San Antonio.
En fallos divididos (causas roles 51.761-2024, 5.963-2025 y 15.255-2025), la Segunda Sala del máximo tribunal –integrada por el ministro Manuel Antonio Valderrama, las ministras María Cristina Gajardo, Eliana Quezada, la abogada (i) Leonor Etcheberry y el abogado (i) Carlos Urquieta– confirmó las sentencias que condenaron a Quintana Salazar, Carriel Espinoza, Soto Jerez y Orvieto Tiplitzky a penas de 5 años y 4 años de libertad vigilada intensiva, en calidad de autores de los apremios ilegítimos aplicados a Mario López Cisternas y Gustavo del Carmen Flores Quinteros; y 4 años de presidio efectivo, por los apremios ilegítimos reiterados a Hernán Becerra Madrid.En el caso de Carriel Soto, la Sala Penal de concedió el cumplimiento de las penas bajo el régimen de reclusión domiciliaria total con control telemático (tobillera electrónica), debido a su edad avanzada y precaria salud.
En la arista civil, la Sala Penal mantuvo la sentencia que condenó al fisco al pago de una indemnización de $50.000.000 por concepto de daño moral a la víctima recurrente, Flores Quinteros.
“Que, a efectos de desestimar los arbitrios en análisis, cabe señalar que, se esgrime –en rigor– en un mismo capítulo y de manera conjunta las causales primera y séptima del artículo 546 del Código de Procedimiento Penal. Como se observa, la infracción del N°1 de la norma ya citada, supone necesariamente que los hechos fueron correctamente establecidos y que los mismos resultan constitutivos de delito, para sostener igualmente la causal prevista en el 546 N°7, esto es, haberse violado las leyes reguladoras de la prueba, desconociendo los hechos asentados por el juzgador, que –por el contrario– los acepta al esgrimir el primer motivo de invalidación”, plantean los fallos.
Las resoluciones agregan que: “Al respecto cabe señalar que la condición jurídica de este tipo de recursos no permite formalizarlos en causales incompatibles, puesto que fundados en aquellas, el tribunal de casación se hallaría en la imposibilidad de emitir un pronunciamiento sin que ello conlleve aceptar o rechazar al mismo tiempo los antecedentes contradictorios entre sí, ni podría aceptar una causal con preferencia a la otra, ya que para hacerlo, tendría que prescindir de la forma en la que el propio recurrente lo dedujo en su respectivo escrito, lo que viola la doctrina sustentada en las disposiciones que regulan el recurso de casación”.
“Por estas razones, los recursos interpuestos por las defensas de los acusados no prosperarán”, relevan.
Asimismo, los fallos consignan: “Que, por su parte, la defensa de Soto Jerez recurre de casación en el fondo, invocando únicamente la causal séptima del artículo 546 del Código de Procedimiento Penal, denunciando como vulnerados los artículos 456 bis, 459 y 457 del Código de Procedimiento Penal, controvirtiendo la participación penal que se tuvo por establecida. Indica que la sentencia dio por acreditado que su representado formaba parte del grupo de interrogadores, basándose para ello únicamente en una anotación de mérito en su hoja de vida, desestimando los antecedentes exculpantes que acreditan que el sentenciado no participó en los hechos, alterando las normas que regulan la prueba, realizando una verdadera imputación objetiva colectiva. Por todo ello, solicita se acoja el recurso, invalidando la sentencia recurrida, dictando en acto continuo y sin nueva vista, pero separadamente, una sentencia de reemplazo por la que se absuelva a su representado”.
Para la Sala Penal: “(…) para desestimar el arbitrio en estudio, basta señalar que, al solicitar la absolución del condenado, el escrito de formalización del recurso adolece de defectos fundamentales que imponen su rechazo. En efecto, tal como se ha manifestado, únicamente se invoca, la causal del numeral séptimo del artículo 546 del Código de Procedimiento Penal, la que se refiere nada más que a la infracción de las leyes reguladoras de la prueba, la que por sí sola no basta para resolver, en la sentencia de reemplazo que procedería dictar, en caso de acogerse el recurso, la absolución del condenado, siendo necesario para ello vincular dicha causal con otra de las que establece el indicado precepto, por cuanto la sola mutación de los hechos no permite que este tribunal de casación pueda hacer uso de sus facultades invalidatorias determinando, de oficio, cual de aquellas otras causales –taxativamente señaladas en el estatuto procesal del ramo– que denoten una errada aplicación de la ley corresponde hacer concurrente, lo que resulta suficiente para desestimar los recursos”.
“Con todo, cabe señalar que la recurrente cuestiona la valoración ejecutada por los jurisdicentes, señalando que ella vulnera las leyes reguladoras de la prueba y no permitiría alcanzar a la conclusión condenatoria arribada. Sin embargo, más allá de esta afirmación, no denuncia como vulnerada ninguna norma relativa a la valoración de prueba, es más, el articulista tan solo asevera la existencia de una infracción, construyendo el reclamo en afirmaciones tan generales como las que observa en el fallo y que, en realidad, buscan que esta Corte efectúe un ejercicio vedado para esta sede, cual es una nueva valoración de los medios probatorios que, por lo demás, fueron debidamente justipreciados por los sentenciadores de instancia”, concluyen los fallos.
Decisión que otorgó el cumplimiento de las condenas a Carriel Espinoza bajo la modalidad del arresto domiciliario, acordada con los votos en contra de los abogados integrantes.
En las sentencias de primer grado, la ministra en visita extraordinaria para causas por violaciones a los derechos humanos de la Corte de Apelaciones de San Miguel Marianela Cifuentes Alarcón estableció que las víctimas, tras ser detenidas fueron derivadas a la Escuela de Ingenieros Militares del Ejército, ubicada en el sector de Tejas Verdes, comuna de San Antonio. Una vez en dicha unidad militar, fueron sometidas a interrogatorios bajo torturas en el subterráneo del casino de oficiales.
A la época de los hechos, septiembre de 1973 y febrero de 1974, la Escuela de Ingenieros Militares de Tejas Verdes se encontraba bajo el mando del teniente coronel de Ejército Juan Manuel Guillermo Contreras Sepúlveda, secundado por los mayores David Adolfo Miranda Monardes, Jorge Rosendo Núñez Magallanes y Mario Alejandro Jara Seguel (todos fallecidos).
En tanto, a cargo de los interrogatorios estaban los mayores Jorge Núñez Magallanes y Mario Jara Seguel, apoyados por el capitán Klaudio Erich Kosiel Hornig, el teniente Ricardo Fortunato Judas Tadeo Soto Jerez, el sargento segundo Ramón Acuña Acuña y el médico Vittorio Orvieto Tiplitzky, entre otros.
Referencias
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